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Mar

2018

Mujeres migrantes 5: Melissa Chan de Costa Rica

Sus pasarelas son las calles, las ferias libres, las filas en Extranjería. Buscamos cinco mujeres migrantes para que ilustraran con su belleza las páginas de moda de la revista Paula. Cuatro de ellas encarnan dos fenómenos globales: la migración por razones económicas y la feminización de la pobreza, mientras la quinta trabaja en el Servicio Jesuita al Migrante. En el Mes de la Mujer, con ayuda de Paula, las convertimos en modelos y una de ellas, Jocelene, se “robó” la portada de la revista.

Por Ximena Torres Cautivo.

Es psicóloga y actriz. A los 28 años, cuando terminó sus estudios en la Universidad de Costa Rica, en San Juan, su ciudad natal, postuló como voluntaria a América Solidaria. Por su área de interés -la educación- y su formación, fue elegida para trabajar un año en Chile. Pudo elegir entre Santiago o Iquique, para participar de programas de integración de migrantes en escuelas. Escogió Santiago.

Trabajó desde marzo del 2017 en el Colegio Confederación Suiza, que tiene alumnos venezolanos, colombianos, peruanos, y en el San Alberto, donde hay “un gran número de alumnos haitianos”, empapándose del boom de migrantes que experimenta Chile. Compartió una casa en la comuna de Independencia con 19 voluntarios de distintos países de América y Europa, y consolidó sus ideas respecto de la migración y el ser humano. “Mi bisabuelo chino llegó a Costa Rica como ayudante de curandero. Se radicó en el norte, en Nicoya. Yo soy una mezcla que algunos llaman ‘exótica’ por mis ancestros chinos y mi piel oscura. Acá, en Chile, la mayoría piensa que soy venezolana, porque los chilenos tienen la tendencia a clasificarte y no les gusta no identificar de dónde eres. Yo asocio la xenofobia y la discriminación con mitos defensivos que fomentan el prejuicio. En mi país pasa con los nicaragüenses lo que está sucediendo acá con los haitianos. Hay ‘ticos’ que acusan a los ‘nicas’ de ir a quitarles los empleos, cuando se trata de trabajos básicos que ellos no harían”.

Aunque en marzo de 2018 Melissa debía volver, su competencia y capacidad, le valieron ser contratada por el Servicio Jesuita a Migrantes y hoy trabaja allí como sicóloga.  Su caso no corresponde a migración económica, pero su apertura de mente y conocimiento del tema son un aporte.

Fuente: Revista Paula.