Ha sido un año convulsionado. Gritos de justicia, equidad y reconocimiento han surgido con fuerza durante el 2011. ¿Hemos sido capaces de detenernos y escuchar el sentido de este clamor?
Para los cristianos es el eco de la voz de Jesús de Nazaret que nació en un pesebre a la intemperie y murió en la cruz. El hijo de Dios que lleva a su plenitud la historia humana nos enseña que el camino hacia el progreso que no deshumaniza es el de los aprendizajes de Belén. Como nos recordaba el Padre Hurtado: “El gesto de Cristo es gesto de respeto, de comprensión, de compenetración afectiva con la multitud doliente, de sentirse uno de ellos y de cargarse con todo su ser del lado de los que sufren, y de poner toda su palabra, su poder y su influencia del lado de ellos”.
La Navidad se desvirtuó hace tiempo. Perdió su carga profética, convirtiéndose en una fiesta funcional para mover el comercio y, en la mejor de sus versiones, en un momento para reunir a la familia. Pero la Navidad es mucho más que eso: puede transformar a la familia.
La Navidad de Jesús no se deja domesticar. Dios nos rescata de “sepultarnos en nuestro ombligo”, ampliándonos el horizonte. Dios nos salva invitándonos a viajar y a aprender el amor, la esperanza y la fe en el encuentro verdadero con esos para los que “no había lugar”. El Belén de hoy es el de los adultos mayores que apenas sobreviven con 78 mil pesos al mes, las personas en situación de calle que parecen invisibles, las personas con discapacidad mental que esconden misteriosos talentos.
Nacimos para un viaje. Hagamos uno que ensanche nuestra vida. Viajemos a “Belén”.
Pablo Walker Cruchaga
Capellán Hogar de Cristo
Publicado por La Tercera el 23 de diciembre de 2011
http://www.latercera.com/noticia/opinion/correos-de-los-lectores/2011/12/896-415188-9-sentido-de-la-navidad.shtml