Oportunidades

Si bien asistimos a un gran avance en cuanto al desarrollo económico y material de nuestra región, aún existen grupos de personas que no tienen la posibilidad de desarrollar sus capacidades naturales con libertad.

Aún cuando el desarrollo económico es vital, no dice relación necesariamente, con el desarrollo humano, puesto que éste implica muchas más dimensiones que la generación de empleo o el éxito del país en los mercados internacionales, éste involucra una serie de otros aspectos como la consolidación de la vida en comunidad, la política habitacional, educacional y la incorporación de los grupos más vulnerables en cada uno de estos avances.

La pobreza además de sus manifestaciones más crudas y evidentes, como el frío, el hambre y la precariedad, priva silenciosamente de libertad a las personas, usurpándoles su dignidad y negándole el ejercicio de sus derechos. Ya en 1945, San Alberto Hurtado señalaba que “una de las primeras cualidades que hay que devolver a nuestros indigentes es la conciencia de su valer de personas, de su dignidad de ciudadanos, mas aún, de hijos de Dios”. La gran mayoría de quienes hoy viven en condiciones de pobreza sienten que no pueden controlar su destino; asimismo, se ven percibidos por los demás como “flojos, sucios, drogadictos y delincuentes”. Esto nos muestra que el camino de superación de la pobreza incluye también, la búsqueda de una dimensión cualitativa de mayor profundidad, que tiene que ver con la percepción y la conducta de aquellos que si hemos tenido oportunidades y que somos responsables de aportar a una sociedad más equitativa. La integración, una mirada comprensiva y no estigmatizadora de “los otros” es uno de los avances que tenemos que ser capaces de alcanzar como sociedad, en tanto los prejuicios, discriminaciones y desvalorizaciones, abundan en nuestra cultura, lo que queda plenamente demostrado en las encuestas y sondeos de opinión pública.

Es así que la convivencia social y requiere un desarrollo de la ética social superior al observado hoy en nuestro país.

La expresión más drástica de esta separación es la que podemos observar en las personas que se encuentran viviendo en la calle, no sólo por la falta de techo donde resguardarse, sino por la escasa o nula relación que ellos tienen con su familia y el resto de la sociedad.

En Iquique existen alrededor de 500 personas en situación de calle, de ellas un gran número son personas que no han tenido capacidad de controlar su futuro, ni de desarrollar sus capacidades, las causas subyacentes a esta problemática son muchas, familias desestructuradas, problemas de salud mental, baja escolaridad, consumo problemático de alcohol y otras drogas. Esta multi dimensionalidad hace indispensable que tengamos una mirada integral y profunda del problema.

Hoy el Hogar de Cristo gracias al aporte del Estado, socios y voluntarios, trabaja día a día entregándoles oportunidades a estos hombres y mujeres, facilita su acceso a las redes asistenciales de salud, al registro civil, a capacitación laboral, etc. Al mismo tiempo promueve una cultura solidaria, para intervenir en la mirada que la comunidad, especialmente los niños y jóvenes tienen acerca de la pobreza.

Por otra parte, dada la emergencia de invierno, en conjunto con el SERPLAC, se ha dado inicio a un nuevo albergue de emergencia, donde podrán ofrecer un espacio digno a 80 personas sin hogar. Sin embargo estos esfuerzos, tendrá su real efecto, en el mediano y largo plazo, en la medida que todos, como parte de la sociedad, asumamos de manera co-responsable la superación de esta realidad, removiendo prejuicios y realizando acciones reivindicativas y solidarias.

Así mismo es necesaria la implementación de políticas públicas, que apoyen a este grupo con programas especializados que aborden todas las variables involucradas.

El desafío es grande, discernir nuestra propia responsabilidad y actuar en consecuencia Chile, su pueblo, se lo merece.

Leandro Cortés

Director Ejecutivo Hogar de Cristo Sede Arica-Tarapacá

 

 

Compartir