
Chile es uno de los países con mayor avance en la reducción de la pobreza, sin embargo, es al mismo tiempo uno de los países con mayor inequidad en la distribución de recursos entre los más y menos favorecidos de nuestra sociedad. La superación de la pobreza es una meta consensual en nuestro país que ha sido y debe seguir siendo una prioridad en las políticas públicas. No obstante, debe ser también una responsabilidad asumida por cada uno de los ciudadanos. Sabemos que la pobreza, así como otras formas de marginación, subsiste entre otras razones, debido a un conjunto de percepciones, actitudes y conductas que limitan las oportunidades de progreso de muchos chilenos. En el actual estado de desarrollo de nuestro país no bastará con buenas políticas públicas, si ellas no se acompañan de gestos y actitudes solidarias de todos.
Un reciente estudio de MIDE UC junto al Hogar de Cristo arroja interesantes luces acerca del tema de la pobreza y sus relaciones con la solidaridad. En el estudio se observó que la mayoría de los encuestados, de todos los grupos sociales, percibe que la pobreza sigue siendo un tema central en nuestra sociedad, aunque lamentablemente menos de un cuarto de las personas siente responsabilidad por la mala calidad de vida de los pobres. Al mismo tiempo, se constata un cierto optimismo futuro: la mayoría opina que el desarrollo del país conducirá a superar la pobreza.
Frente a este escenario, donde se combina alta preocupación, baja responsabilidad personal y optimismo futuro, le preguntamos a los encuestados por qué los pobres no logran salir de la pobreza. Las respuestas mayoritariamente aluden a causas estructurales, ligadas a las oportunidades que brinda nuestra sociedad: bajos salarios, mala educación o discriminación social. Sin embargo, un porcentaje importante, en torno al 50%, estima que causas “internas” como el abuso del alcohol y las drogas, junto a la falta de esfuerzo o la flojera son las causas de la pobreza. Es decir, coexiste una alta adhesión a causas externas e internas. Ponemos el acento en las causas atribuidas a la pobreza, puesto que este estudio revela que ello se asocia estrechamente con la responsabilidad que las personas sienten frente al tema de la pobreza: quienes creen que la pobreza se debe a causas como el alcoholismo o la falta de esfuerzo sienten baja responsabilidad ante la pobreza, mientras que quienes atribuyen a la pobreza a causas externas (como los bajos salarios y mala educación) se sienten más inclinados a sentirse responsables.
Esto nos revela la importancia de los aspectos psicosociales en este ámbito: las creencias fatalistas acerca de las motivaciones y habilidades de los pobres, se asocian a un círculo vicioso donde las personas no se perciben responsables de la suerte de los pobres, lo que a su vez limita la solidaridad social. En contraste, el reconocimiento de los pobres como personas que no han tenido las mismas oportunidades motiva la responsabilidad ante ellos y favorece la solidaridad.
Jorge Manzi, Director MIDE UC, Pontificia Universidad Católica de Chile.