El Milagro Vivo de San Alberto

moreiraHace 65 años, un joven Alberto Hurtado, vivió una experiencia de encuentro que resultaría transformadora. En la calle es interceptado por un hombre descalzo, con su ropa humedecida por la garuga nocturna, afiebrado, hambriento y sin un lugar para dormir. Este hombre se presenta al sacerdote como el rostro vivo de Cristo. Fue un encuentro fortuito y místico, que quedó grabado a fuego en la mente y en el corazón de Hurtado. Días después, al compartir su experiencia con un grupo de mujeres a quienes guía en sus ejercicios espirituales, les dijo: “Cristo deambula en nuestra ciudad, ¿no podríamos nosotros brindarle un lugar?” La respuesta no tardó y sorprendió al padre por su generosidad: este grupo de mujeres donó los recursos para iniciar “un Hogar para Cristo”, que sería fundado en octubre de 1944.Desde su creación el Hogar de Cristo, ha concentrado su acción en el servicio a las personas más pobres entre los pobres de nuestra sociedad, acogiéndolos con dignidad y dándoles apoyo para que puedan acceder a una vida mejor. También ha contribuido a crear conciencia social, respecto de la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos en la superación de la pobreza de nuestro país.

A lo largo de los años, la Fundación se ha diversificado y expandido con sus programas sociales desde Arica a Punta Arenas. Son millones quienes han sido beneficiados con su ayuda. En la actualidad, alrededor de 60 mil personas mensuales -un Estadio Nacional lleno-, acceden a sus servicios.

Sólo Dios sabe cuántos han descubierto su dignidad personal gracias a una acogida respetuosa y cálida recibida en alguna de las hospederías del Hogar de Cristo; cuántas mujeres emprendedoras han logrado superar la pobreza, mediante el acceso a crédito y capacitación; cuántos niños romperán definitivamente el círculo vicioso de la pobreza tras haber participado activamente en alguno de nuestros jardines infantiles; cuántas personas discapacitadas experimentan que la vida comienza a sonreír al ver que pueden trabajar, vivir en comunidad e incluso acceder al matrimonio; cuántos jóvenes se han liberado del infierno y la esclavitud de la droga; cuántos adultos mayores se sienten queridos y acompañados en el otoño de sus vidas; cuántos enfermos incurables que han padecido una vida de miseria, han sido atendidos “como ricos” y pudieron morir en paz. Éste es el milagro vivo de San Alberto Hurtado, un Hogar de Cristo que día a día construye solidaridad y lucha por la justicia social.

Agradecemos a tantas personas de corazón generoso que hacen posible esta gran obra que es patrimonio y motivo de orgullo de todos los chilenos.

Todavía existen millones de compatriotas que viven en la exclusión social. Es responsabilidad de todos entregarles las oportunidades que les pertenecen para salir adelante y debemos trabajar en conjunto para lograr este gran desafío. ¡La pobreza se puede superar!

P. Agustín Moreira s.j., Capellán General Hogar De Cristo.

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