Benito Baranda, director social del Hogar de Cristo.
Son millones las historias que hay detrás del terremoto que nuestro país sufrió con fuerza el pasado 27 de febrero en el centro y sur del país. Millones de rostros agobiados, sufrientes y preocupados por la situación particular de sus familiares y seres más cercanos.
Personalmente viví esta catástrofe a kilómetros de distancia de nuestro país, trabajando por Haití. Desde allá viví la desesperación y el terror de los primeros minutos y el agobio de no saber nada de mi familia, mis hijos y mi mujer. A la distancia pude empatizar rápidamente con los miles de chilenos que al igual que yo pedían a gritos que sus seres cercanos se encontraran bien y que no hubiera pérdidas humanas que lamentar. Rápidamente pensé en las más de 60 mil personas que atiende diariamente el Hogar de Cristo a través de diferentes programas sociales en el país, y en la situación que estaría viviendo cada uno de ellos de manera particular.
En momentos de angustia extrema como éstos, es la fe y la espiritualidad a nuestro señor Jesucristo y al padre Hurtado la única fuente que puede devolver la tranquilidad a nuestros corazones.
Es esta misma fe la que hoy alienta y anima a miles de chilenos para ayudar como nunca antes lo habían hecho a los damnificados de este gran terremoto que remeció con fuerza el alma nacional. Es esta fe la que hoy permite levantar pilar tras pilar y alentar donde no queda aire a quienes piden desesperadamente ayuda. Es esta misma fe la que hoy nos permite decir con fuerza que “Chile se la Puede!”.
Vemos como nuestro país ha podido lo imposible en estos pocos días. Hemos logrado convocar toneladas de donaciones en especies que poco a poco han comenzado a llegar a cada rincón de las localidades más afectadas llenando de esperanza a quienes lo han perdido todo. Hemos llegado a más de 20 mil familias con cajas de mercadería; levantamos 19 comedores solidarios en las localidades más afectadas, que han acogido y dan alimento a cerca de 3 mil damnificados. Hemos logrado conmover a un mundo entero y recibir donaciones que hoy nos devuelven un poco la esperanza perdida. Hemos visto a miles de jóvenes de todos los sectores juntando alimentos, levantando viviendas y sacudiendo escombros. Sólo como Hogar de Cristo logramos convocar a más de siete mil voluntarios a nivel nacional y eso nos enorgullece y nos impulsa a seguir creyendo que la solidaridad es la esencia para levantarnos y volver a construir. Hemos sido testigos de cómo tanto empresas como particulares se han sumado a todas las iniciativas que han surgido para ir en ayuda de nuestro país. Hemos logrado darle luz y esperanza a un Chile en penumbras, aislado y desesperanzado. Así es Chile y así somos los chilenos!
Durante estas semanas he recorrido las localidades más afectadas de las regiones VII y VIII y he podido ver con orgullo cómo nuestro país comienza a levantarse, cómo se organizan y cómo van recuperando la esperanza. Sin embargo, necesitamos del apoyo de todos y cada uno de ustedes para continuar activamente la labor que hoy nos convoca.
Tenemos que reconstruir 15 obras que quedaron inutilizables y reparar otras 60 sedes que resultaron dañadas. Por eso los invito a sumarse a la campaña “Chile se la puede!” del Hogar de Cristo. La tarea de reconstruir nuestro país es tarea de todos.