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C. Vöhringer: “No existe nada para mujeres adolescentes con consumo problemático”

Tres expertos del Hogar de Cristo participan en mesas de las 16 definidas en el programa Compromiso País, que busca combatir la pobreza de los grupos más vulnerables. ¿Cómo ha avanzado ese publicitado plan que vincula al Estado, la sociedad civil y al empresariado? Partimos averiguando en qué va el trabajo en materia de consumo problemático de drogas y alcohol.

Por Ximena Torres Cautivo

“Aún no entramos en la ‘solucionática’; la problemática la conocemos bien”, dice de entrada el psicólogo y director técnico nacional de Apoyo Terapéutico del Hogar de Cristo, Carlos Vöhringer, cuando le preguntamos cómo ha sido el trabajo de la mesa que trabaja el tema consumo problemático de drogas y alcohol en el flamante programa Compromiso País, que lanzó el gobierno hace unas semanas.

La mesa está integrada por el ministro del Interior Andrés Chadwick, el empresario Ignacio Cueto, Ana Luisa Jouanne de la Corporación La Esperanza, Eduardo Valenzuela, decano de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica y el aludido Carlos Vöhringer, que trabajó durante 13 años en Fundación Paréntesis, de la cual fue director ejecutivo durante los últimos dos y ahora tiene bajo su responsabilidad las líneas de apoyo terapéutico y protección integral de los acogidos en el Hogar de Cristo.

En Chile, existen casi 700 mil personas con consumo problemático de alcohol y/o drogas. Ese gran conjunto humano integra uno de los 16 grupos identificados por el Ministerio de Desarrollo Social como los más vulnerables y, a diferencia de lo que pasa en la mayoría de ellos, acá la vulnerabilidad es más transversal en términos socioeconómicos. Explica Carlos: “Hemos tenido un par de sesiones, la mesa está recién partiendo, por eso digo que aún no hemos entrado en la ‘solucionática’. Tenemos hasta enero próximo para presentar una propuesta concreta con una mirada de corto y largo plazo. El consumo problemático de drogas y/o alcohol que presentan 692 mil personas en Chile, de acuerdo a la más reciente encuesta de SENDA, incluye todo tipo de personas. En la oferta pública faltan programas específicos para grupos vulnerables muy concretos. Por ejemplo: espacios residenciales para mujeres adolescentes con consumo, mujeres en situación de pobreza con historias de abandono, violencia y abuso, donde eventualmente puedan acceder a tratamiento con sus hijos más pequeños”.

Hogar de Cristo tiene una residencia para este grupo específico; debe ser una de las pocas que funciona en el país y tiene resultados alentadores. Se trata del Programa Mapumalén, un programa residencial ubicado en la comuna de Independencia, para mujeres adolescentes de alta vulnerabilidad, con un cupo máximo de 17 personas, que llegan derivadas de los servicios de salud. “Debería haber al menos un dispositivo de este tipo por región, pero la carencia es total frente a una necesidad evidente”.

-En ese sentido, ¿cuáles son tus expectativas sobre tu mesa y, en general, sobre el proyecto Compromiso País?

-Es muy importante que SENDA (el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol) salga fortalecido y empoderado para abordar los desafíos que tenemos como país en esta materia. El consumo problemático es fundamentalmente un tema de salud, no solo de seguridad pública. Sin duda, debemos modificar con urgencia la Ley 20.000, de Drogas. En esta Ley no está penalizado el consumo individual, pero se requieren cambios para diferenciar el consumo personal del microtráfico, haciendo referencia a cantidades límite por tipo de sustancia. En la práctica lo que sigue sucediendo es que el juez discrimina si es para consumo personal o microtráfico, de acuerdo a sus propios criterios y prejuicios y, por lo tanto, se termina criminalizando a las personas más pobres y excluidas por su apariencia o por el lugar donde viven. Esta grave vulneración a los derechos de las personas ya lleva muchos años y no vemos una real voluntad de cambiar la Ley.

-¿Qué debería pasar en materia de prevención?

-Mucho. Hoy se imprimen libros y material de muy buena calidad, que siguen envueltos en sus plásticos en los colegios, liceos, reparticiones públicas. No tienen ningún impacto; están ahí amontonados. Eso no es trabajo preventivo. Prevención, contrariamente a lo que se ha postulado siempre no es ni una charla ni ‘una lucha contra las drogas’, sino conseguir entre todos un cambio cultural que deje menos espacio al consumo de alcohol y otras drogas como una solución a los problemas. Para generar una cultura preventiva se requiere de tiempo, acompañamiento y formación a los docentes y apoderados; además le debe hacer sentido al joven o adolescente, sino todo es tiempo perdido.

Ese trabajo el Hogar de Cristo lo hace a través de su Área de Asesorías y Servicios Clínicos, que realiza programas educativos en colegios con el objetivo de que los jóvenes aprendan a gestionar el riesgo del consumo de sustancias. Un reciente reportaje de Mega sobre el uso de benzodiacepinas en escolares, mostró como opera este real trabajo preventivo en una comunidad escolar.

En paralelo, el Hogar de Cristo, aborda el consumo problemático a partir de los modelos de Psicoterapia de Reducción de Daños, desarrollado, entre otros, por el doctor en psicología Andrew Tatarsky, quien, a comienzos de los 2000 en Estados Unidos, la implementó como una alternativa de salud pública a los modelos que criminalizan el consumo, descalifican moralmente a quienes consumen y consideran que el uso de drogas es una enfermedad. Ese es el modelo que utiliza en sus programas el Hogar de Cristo, los que están orientados a los más vulnerables de la sociedad.

Con apenas dos sesiones de su mesa, Carlos Vöhringer se declara “esperanzado” con el Compromiso País. Veremos con regularidad en estas páginas cómo evoluciona ese sentimiento.