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Dejaron la calle y buscan nuevas oportunidades en la vida

Siete hombres que llegaron a tocar fondo en sus historias de vida cumplieron sus procesos terapéuticos gracias al apoyo de Fundación Paréntesis del Hogar de Cristo. 

 

Antonio Miranda tiene 37 años, y es uno de los siete usuarios del Programa Terapéutico Ambulatorio para Personas en Situación de Calle de Valparaíso que culminaron sus respectivos tratamientos de recuperación del consumo problemático de alcohol y otras drogas.

El objetivo del programa -que este año cumple 10 años de funcionamiento- es brindar apoyo para mejorar la calidad de vida de las personas adictas que estén en situación de calle, ayudándolos a modificar su patrón de consumo, mejorando su salud física y mental, fortaleciendo la integración socio ocupacional y sus redes sociales y de contacto.

Y fue tras la ceremonia de egreso del programa que conocimos a Antonio, quien con valentía quiso compartir su historia de vida.

“Toqué fondo”

Antonio relata que vivió gran parte de su vida en Santiago, junto a su familia. Recuerda que hace aproximadamente 20 años comenzó su problemática con el consumo y adicción a las drogas.

Su familia intentó apoyarlo y ayudarlo. Incluso lo internaron en una clínica de rehabilitación. Pero Antonio tocó fondo, y decidió alejarse de sus seres queridos porque consideraba que estaban sufriendo por su causa.

“Yo decidí abandonar mi hogar por el sufrimiento que le estaba causando a mi familia. Y me fui a Copiapó porque pensé que podía trabajar allá. Pero no poh… no se me dio fácil. Porque en mí caso tenía problemas por el exceso y el consumo de distintas drogas cambiaba mi carácter y personalidad”, reconoce.

Y agrega: “Viví en la calle y toqué fondo. Me di cuenta que no podía estar solo, porque no podía trabajar y no podía lograr la estabilidad que anhelaba. Un día desperté hospitalizado producto del consumo excesivo de las drogas. Así que pedí ayuda. Era eso, o me moría, o me mataban”.

Nueva etapa

“Llegué a Valparaíso en febrero de 2016 y desde ahí que comencé el proceso que me llevó hasta la Fundación Paréntesis, desde marzo de 2016 hasta diciembre del 2017, más o menos. Y de ahí me derivaron a un centro de tratamiento residencial en Viña del Mar. La idea era hacer un tratamiento complementario (residencial y ambulatorio), porque igual el ambulatorio es complicado”, detalla Miranda.

Hoy Antonio está contento y se siente feliz. Dice que ama la región de Valparaíso. Tiene ganas de trabajar, ahorrar lucas para postular a un subsidio y vivir en la ciudad Puerto.

Su madre, Gladys Ibarra, quien siempre ha estado a su lado confía en su hijo. Está segura de que tendrá éxito en esta nueva etapa que comienza. Pero a la vez, aprovecha de enviar un mensaje a toda la sociedad, a que dejen de lado los prejuicios y le brinden una oportunidad a las personas que -al igual que Antonio- tienen la fuerza y perseverancia para querer recuperar sus vidas, porque el tema de la droga es transversal y nos puede afectar a todos y todas.

“Hay que escuchar a la gente antes de emitir juicios. Ellos son personas que pueden surgir y que quieren salir adelante, pero necesitan que les brinden esa oportunidad”, concluye.

Reinserción social

Carlos Vöhringer, director ejecutivo de Fundación Paréntesis Hogar de Cristo, se mostró contento con el logro de los siete usuarios que egresan del Programa Calle Valparaíso.

“El proceso que ellos hacen es distinto para cada persona. Hay personas que se pueden llegar a demorar hasta un año o un año y medio, así como también hay gente que lo hace mucho más rápido. Todo depende de la historia de las personas y de cuántas veces han hecho tratamiento antes, entre otros factores. Pero lo fundamental acá es el apoyo que reciben, y la capacidad que ellos tienen de conectarse con sus sentidos y ser conscientes de que pueden hacer algo distinto en sus vidas”.

Vöhringer explica que otro de los objetivos del Programa Terapéutico Ambulatorio para Personas en Situación de Calle de Valparaíso es la reinserción social.

“La conexión con las redes de trabajo, redes de estudio, redes de vivienda, es fundamental. El tema drogas es un elemento dentro de sus vidas, y no nos podemos olvidar nunca de eso. Finalmente acá hablamos de personas que muchas veces han sido vulneradas en derechos básicos, y que requieren justamente que se les garanticen ciertos derechos a los cuales no han podido acceder en sus historias de vida”.

Recaídas

Y ¿qué pasa si recaen? Según el director de la Fundación Paréntesis, las recaídas son parte de un proceso de cambio.

“Las personas pueden incidir en algún consumo, y eso lo trabajamos de distintas maneras, pero lo fundamental es el objetivo que se ha fijado desde un comienzo. De hecho, hay personas que en un programa calle como éste, no buscan necesariamente dejar para siempre el alcohol, sino que necesitan moderar su consumo a uno de menor riesgo y menor daño. Entonces dependiendo de sus objetivos es como los acompañamos”.

Estigma social

Ahora estos siete hombres deberán poner a prueba el esfuerzo y la perseverancia que pusieron para cumplir con sus tratamientos, y buscar nuevas oportunidades en la sociedad. Pero ¿qué pasa si la sociedad les cierra las puertas?

Carlos Vöhringer opina que parte del problema los trasciende a ellos, y es la mirada que se tiene de las personas que han tenido alguna dificultad con sustancias.

“Eso se llama estigma social. Y es el pensar que son personas mentirosas, que tienen fallas morales, que una vez adicto es siempre adicto, y que son sujetos de desconfianza. Eso no ayuda para nada a que las personas se puedan reinsertar, al contrario, nosotros somos testigos de que cuando las personas tienen oportunidades pueden movilizar las fortalezas que tienen”.

Y concluye: “Acá hay un llamado a las personas a que cambiemos el switch. Pero para eso los invitamos a mirar a las personas que están en calle para saber sus nombres y por qué están ahí. Cuando atravesamos ese umbral pasan cosas que nos transforman, y para eso la sociedad debe cambiar su mirada”.

 

 

Fuente: La Estrella de Valparaíso (Nicole Valverde)