Luis Seguel, jefe de call center del Hogar de Cristo

“La ley de inclusión no es la panacea; es sólo un primer paso”.    

En el mes en que la nueva Ley de Inclusión Laboral comenzó a operar, conversamos con el jefe del call center del Hogar de Cristo, para quien su ceguera no ha sido un impedimento para trabajar y progresar. Para él, la discapacidad es una cuestión de actitud, aunque no siempre lo vio así.

 

Por María Luisa Galán

A veces es ingrato hablar de dinero o solicitar aportes monetarios. Bien lo saben los ejecutivos del call center del Hogar de Cristo, quienes cumplen un rol fundamental para los programas sociales que la fundación del Padre Hurtado tiene desde Arica a Punta Arenas. Ellos son quienes tienen contacto directo con los donantes, los que llaman a los aportantes históricos, los que buscan a nuevas personas que quieran ser parte de esta misión. Esto no es fácil. Pero Luis Seguel, jefe del call center, conoce de sacar adelante tareas complejas.

A los 27 años se le empezó a agudizar una retinitis pigmentosa, de la que a los 22 se había operado en Cuba, sin experimentar mejoría. “Fue como si se fuera apagando la ampolleta”, dice. Y agrega: “Hasta los 36 años veía mal, me fui adaptando, buscando ayudas posibles, y  escondiéndolo, porque cuando entré a trabajar, pensé que podía ser un cacho. No era como ahora en que la discapacidad está aceptada dentro de las organizaciones”.

Hoy el tema de discapacidad y trabajo ha avanzado. Desde abril comenzó a implementarse la ley que garantiza y promueve la inclusión laboral de personas en situación de discapacidad tanto en el ámbito público como privado. El 16,7% de la población chilena, mayor de dos años, se encuentra en situación de discapacidad, lo que permite dimensionar el valor de la flamante norma legal.

                     

Con 47 años, Luis Seguel trabaja en el Hogar de Cristo desde junio de 2012. Es ingeniero comercial de la Universidad Católica de Valparaíso, tiene cuatro hijos, dos de su matrimonio anterior y dos de su actual señora, a quienes considera propios. No tiene visión, pero su puesto de trabajo está completamente acondicionado. Cuenta con un computador que le habla todos los mensajes, le lee los archivos y un celular que hace lo mismo.

Luis, reconoce que le dio vergüenza comenzar a usar bastón cuando su problema a la visión se agudizó. Prefería aguantarse los malos ratos y lo insultos cuando no esquivaba a alguien. Pero desde hace más de una década, el bastón es parte de su vida. “De pasar vergüenza, pasé a sentirme orgulloso. Es sólo actitud. Es sentirse empoderado de lo que eres capaz”. Para Luis moverse por Santiago u otros lados nunca ha sido un problema. Anda en micro, metro, taxi o Uber. “Siempre hay alguien que te puede ayudar”, dice.

-¿Chile es un país solidario?

-Sabes que no tanto, pero depende de cómo lo plantees. La gente con discapacidad se auto discrimina. Cuando a uno le dicen: ‘¿te llevo, te ayudo?’, hay que decir por supuesto, pero hay algunos que se enojan. Hay que aprender a recibir ayuda, porque generalmente la gente discapacitada no le gusta recibir ayuda. Una vez una señora me quiso ayudar a cruzar la calle, pero en un sentido que no quería ir. Al final le dije: ‘ya vamos’. Ella se sintió tan feliz y yo después me di vuelta y me fui para otro lado. Y hay que aprovechar la discapacidad a tu favor, nunca he hecho fila en ninguna parte. O sea, no es aprovecharse, es mi derecho.

-¿Qué opinas de la nueva ley?

-La nueva ley está enfocada a personas que hoy tienen muy reducido su ámbito profesional y laboral, en el sentido que es para trabajos de bajo nivel. Porque la multa llega con suerte a 500 mil pesos mensuales por cada trabajador. De todos modos, encuentro muy buena la ley porque es el primer paso para el tema, porque con esto a mí me da  seguridad. Porque antes decía, si me echan qué hago porque con la plata que saco por la pensión de invalidez, que si bien es buena, no me alcanzaría para pagar pensión alimenticia. Pero hoy, para el día de mañana, me permite buscar una pega que, aunque sea de bajo nivel, por lo menos me salvo. Me da para moverme, comer y la seguridad de un piso. Antiguamente esa seguridad no la tenía.

Reflexiona y ahonda en el tema. “Pero para mí es sólo el primer paso, no es la panacea, no es que hayamos tenido una victoria como discapacitados. Este es un primer paso, sí es importante, pero se tienen que dar los aspectos de desarrollo y oportunidades dentro de la empresa. ¿Cómo lo promueves? Lo contratas en aseo, ¿cómo lo promueves a supervisor? ¿Cómo trabajas para eso o para que el día de mañana sea jefatura? Esa parte falta. Hay discapacidades que no permiten progresar, que te mantienen para no ser una carga, pero hay otras capacidades que sí requieren y pueden desarrollarse”, dice Luis.

                     

Él ha tenido una carrera excepcional. Antes de ser jefe del Call Center del Hogar de Cristo, trabajó  en el extinto Banco Concepción. Fue emprendedor, desarrolló plataformas y se instaló con una panadería y bazar en Franklin. Pero fracasó. “Pastelero a tus pasteles. Soy ingeniero, soy innovador”. Se endeudó y terminó vendiendo lo que le había quedado en el Persa. “Lo tomo como experiencia porque fue súper enriquecedor. Si eres trabajador, tienes una visión clara y necesidad, puedes salir adelante con todo, contra toda adversidad. Vendí toallas, máquinas. No recuperé mucho, pero sobreviví”. Hoy, a la cabeza del call center del Hogar de Cristo que cuenta con 58 ejecutivos, se prepara para una nueva campaña de socios. Al respecto, dice: “Nosotros estamos en campaña todo el año. Esa es nuestra premisa básica. Este es un período de mayor exposición y, por consiguiente, al socio que nos acerquemos va a tener una mayor sensibilidad con las temáticas en las que está inserto el Hogar de Cristo.

-El call center es un medio de comunicación muy potente para el Hogar de Cristo…

-Es súper fuerte. Nosotros hablamos con cerca de 70 mil personas mensuales. Con ellos nos comunicamos y transmitimos, ponemos la marca, y eso es poderoso.

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