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“¿Por qué los profesores queremos tener niños fotos en la sala?”

Paula Johnson, profesora de Escuela Álvaro Lavín de Maipú, nominada al Global Teacher Prize Chile.

31 julio, 2018

Paula Johnson, docente en la escuela de reingreso Álvaro Lavín de Maipú, sabe lo que es lidiar con alumnos difíciles, pero cree que con empatía y comprensión, se les puede ayudar y lograr que superen la compleja situación de vulnerabilidad que enfrentan. Crítica, afirma que en otros lados, se recurre al neurólogo y a empastillarlos, para tenerlos adormilados, sin que aprendan nada. Es una orgullosa profesora Súmate.

Por Mauricio Bascuñán A.

 

“Creo que me nominaron por la cercanía que tengo con profesores y estudiantes. Mi primera misión aquí es reparar el daño y luego generar el aprendizaje. Trato de reencantar a los chicos y que después aprendan. Soy estricta pero cercana. Nuestros alumnos se mueven en una línea muy delgada entre las normas y el amor. Si uno se pasa de esta frontera, siento que no funciona. O te manipulan o no te hacen caso. Por ejemplo, gritar no sirve en clase, porque ellos viven en base a esto. La mayoría de nuestros alumnos vienen muy dañados y creen muy poco en sí mismos”, declara, contundente, porque el ambiente donde se desempeña es así: “heavy”, como dirían sus alumnos.

Paula Johnson (34), nominada al Global Teacher Prize Chile por fundación Súmate del Hogar de Cristo, trabaja en escuelas de reingreso o segunda oportunidad, donde los profesores deben saber lidiar con el daño que acarrean niños y jóvenes de alta vulnerabilidad que han abandonado el rígido y poco comprensivo sistema escolar y han vuelto a estudiar. Ya eso habla de una poderosa vocación para aspirar al llamado “Nobel de la pedagogía”. Dice Paula: “Hace 3 años recibí un curso con jóvenes de 18 años que estaban haciendo tercero y cuarto básico. Nos pusimos como meta que egresaran, ya que todos los profesores trabajamos en la misma dinámica. Tiempo después aplicamos las pruebas estandarizadas del Ministerio de Educación, como si fuéramos cualquier escuela y, luego de un trabajo intensivo, subieron las notas del Since en más de 20 puntos. Luego de esto, se reencantaron, pudieron decir que sí pueden”.

La gran mayoría de esa generación logró salir de octavo y luego de cuarto medio. Los objetivos educativos los ven lejos, pero finalmente creen. Lo principal es que se sientan queridos porque son todos distintos, afirma la joven pedgoga. “Una de las claves para mantenerlos motivados es hacer ejercicios diferenciados, ya que todos son diversos y cuando fracasan lo sienten”, afirma.

¿Cuándo haces ejercicios diferenciados no piensas que estás trabajando por el triple, el cuádruple?

-Sí, y me canso. Pero lo que logramos son premios incalculables. Es harto trabajo. Incluso mis hijos quedan desplazados. Pero si yo hiciera una guía de ejercicios para todos, la mayoría va a sentirse fracasado. Una vez me tocó una pelea dentro de la clase. En ese caso, muere la clase, hay que reparar lo que se quebró y debemos darnos tiempo para conversar y después seguir con el aprendizaje.

¿Cuándo llegaste al Colegio Álvaro Lavín de Maipú?

-Fue hace 4 años. Uno de mis hijos se accidentó, tuve que retirarme del colegio donde trabajaba para cuidarlo. Y luego, cuando empecé a buscar, llegué al Álvaro Lavín. Una amiga me contó las características del colegio y como siempre había trabajado en establecimientos dos por uno con estudiantes que están excluidos del sistema, me motivé. Sin embargo, nunca trabajé en uno de reinserción educativa como los de Fundación Súmate. Además, la cercanía de mi casa con el colegio fue fundamental, porque en lo familiar debía abocarme a la recuperación de mi hijo.

-¿Qué clases haces?

Soy unidocente, imparto: matemáticas, ciencias, lenguaje, historia y habilidades para la vida. Estoy en quinto y sexto, con estudiantes de 12 a 18 años. Tengo problemáticas bien diversas, desde “tía, me tiró una goma” hasta estudiantes que llegan con consumo problemático de drogas.

-¿Cómo resuelves esto último?

-En Súmate nos capacitan ante de impartir clases, y el apoyo de los colegas es vital. No juzgarlos me ha dado buenos resultados. Cuando ellos ya están bien, nos acercamos, y les decimos que en el colegio no se debe consumir. Nuestros problemas más habituales son el consumo y el robo. Por ejemplo, jamás podría darles una tarea para la casa porque sé que nadie los ayudará y no la harán. Si nadie está con ellos, suelen pensar “entonces lo dejo”, y esa no es la idea. Trato de hacer las cosas de tal manera que el peso lo lleve el colegio y la clase, y no sus cercanos.

-¿El consumo y el robo van de la mano?

-En algunos casos, sí. Este año estaba en clases y me enteré que un joven llegó con un arma. ¿Qué hice? Revisé las mochilas y me dijeron lo que tenían un rato antes de descubrirlo. Me acerqué y apoyé al chico, para que sintiera que estaba con él, pero que eso no se debe hacer. Luego del incidente hablamos de nuevo con apoyo de la asistente social y del psicólogo del colegio. Si él hizo algo, es porque existe una causa, algo pasa. Nadie quiere andar armado. Días después me dijo que afuera del colegio le querían pegar y que no quería faltar. Uno va entendiendo la forma de actuar de ellos, lo que no significa que esté de acuerdo.

-¿Existe indiferencia del sistema, del Estado respecto a estos colegios de reinserción?

-Sí, y me molesta. Lo que tenemos como sistema educativo a nivel nacional es un fracaso. Mis alumnos no nacieron así, están pagando las consecuencias. A veces no les queda otra. A muchos, para vivir en el techo en que están, no les queda otra que irse por otro camino. Si los niños y jóvenes repiten, se portan mal o tienen consumo es porque no hubo una red familiar y, para más remate, el colegio los expulsa. ¿Qué les queda a esas personas? ¿Seguir delinquiendo? Creo que hay que cambiar la visión. Muchos profesores piden que los más revoltosos vayan al neurólogo y lleguen empastillados. ¿Por qué queremos tener niños-foto en la sala? Si el niño está así, paralizado, mirando al cielo, nada garantiza que esté aprendiendo. Soy una profesora que les marca la cancha. Ellos saben que se toca el timbre, deben estar en la sala, pero también saben que si tienen alguna dificultad, la profe estricta va a estar a su lado, conteniéndolos, apoyándonos, enténdiendolos. Todos  los profesores Súmate somos así, tenemos un sello único.

 

 

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