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Isabel Portales Cea:

Mano de monja sin ser monja

Esta micro empresaria, que forma parte del Programa de Apoyo Domiciliario para el Adulto Mayor de Puerto Varas, aumenta su pensión básica solidaria a punta de sopaipillas, papas rellenas, calzones rotos, chapaleles. Creaciones dulces y saladas que le encargan conocidos negocios de la ciudad. ¿Qué necesita para que alguien haga Match Solidario con ella? Aunque se niega a pedir nada, finalmente, entre confidencias más saladas que dulces, cuenta qué le haría imperiosa falta.

Por Ximena Torres Cautivo

6 Febrero 2024 a las 16:29

Quién sueña con deliciosas humitas caseras o papas rellenas o empanadas, debería probar la mano de esta esforzada y experimentada micro empresaria que vende sus manjares en conocidos negocios de Puerto Varas. Isabel Portales Cea (81) le hace a lo salado y a lo dulce con el mismo notable resultado. Sus calzones rotos, sopaipillas y kuchenes son de antología y si se los compras directamente cuestan al menos la mitad de lo que cobran por ellos los comerciantes que le hacen encargos a Isabel.  

–¿No sientes que te están haciendo chupe, como se dice por acá? –le preguntamos, aludiendo a que ellos ganan el doble o más de lo que le pagan.  

–No, para nada. Yo sé hacer mis cálculos y cobrando lo que me parece justo también hago mi ganancia. 

Isabel no especula con sus productos. Tiene un exacerbado sentido de la responsabilidad. Sabe lo que valen las cosas y no busca hacerse rica con todo lo “rico” (bien valga la redundancia) que sabe preparar y no deja de producir pese a sus 81 años. Trabajólica de toda la vida, quizás en ello radica su vitalidad y empuje, pese a los durísimos golpes que le ha dado la vida. 

Isabel Portales participa del Programa de Atención Domiciliaria para Adultos Mayores de Puerto Varas. Tiene 81 años y no para de trabajar.

Isabel nació en Osorno; ya casada, vivió en Puerto Montt, donde colaboró en la Hospedería de la ciudad como voluntaria en la cocina, su ambiente natural. Tuvo dos hijos –una mujer y un hombre– y se separó. Se vino a Santiago. Para sacar adelante a su familia, trabajó cuidando a una niña con discapacidad mental durante dos décadas. Y fue incluso vendedora de vino puerta a puerta. Así recuerda esos tiempos: “Mucha gente lo hacía para generar ingresos, los furgones salían desde Ricardo Cumming, allá en Santiago”. 

Cuando su marido murió, volvió al sur, a Puerto Varas. 

Ahí se vinculó al Programa de Atención Domiciliaria para el Adulto Mayor (PADAM), donde es una destacada participante. Querida y admirada por su capacidad de trabajo y su resiliencia. 

MUCHAS CRUCES PARA 82 AÑOS

Esa resiliencia se pone a prueba a diario para asumir las dificultades propias del consumo problemático de alcohol de su hijo, el que se desmadró cuando su propio hijo –el nieto de Isabel– murió asesinado con apenas 19 años. 

Isabel Portales Cea vive con ese hijo quebrado en todos los sentidos desde hace años y ha intentado decenas de estrategias posibles para ayudarlo: reuniones de Alcohólicos Anónimos, talleres en distintas iglesias, remedios diversos, pero nada ha dado resultado. 

En esta casa rodeada de flores se reúnen adultos mayores del Programa de Atención Domicialiaria para este grupo etario en Puerto Varas.

Recuerda, con ayuda de la trabajadora social Roxana Barrientos, que es la jefa de los PADAM de Puerto Montt y de Puerto Varas, y de Carolina Aguilera, monitora del programa que trabaja en la bella ciudad junto al lago Llanquihue, a una monja italiana que dirigía una verdadera cruzada contra el alcoholismo. “Sor Ana Pía entregaba esas pastillas que inhiben el consumo, pero con efectos colaterales muy desagradables. Yo le puse a mi hijo una pastilla en la comida una vez. Después me arrepentí al ver cómo se puso”. 

Hoy toma medidas de resguardo, como cerrar su dormitorio con llave para evitar robos. Dice que él tiene días buenos. Que cuando está sobrio colabora con la compra de leña, que es el combustible que sirve de calefacción y para cocinar. Que a veces conversan, se ríen y lo pasan bien. 

Pero a Isabel le cuesta pasarlo bien después del femicidio del que fue víctima su nieta, Carolina Cabezas Bustamante en 2022. Esa muerte fue un golpe directo al corazón. 

–Antes tenía muchos sueños; ahora no. Con el asesinato de mi nieta, prometí que iba a ser mejor persona. Una persona buena. 

Isabel es extremadamente autoexigente. 

Los que la conocen no dudan de su bondad. Y admiran su capacidad de trabajo, su vitalidad y su modestia. Cuando Carolina le propuso que fuera parte de Match Solidario, pidiendo algunos implementos que le facilitarían el trabajo culinario, se negó. Hubo que insistirle mucho para que reconociera algunas necesidades puntuales. 

Finalmente, acepta y asegura que sería feliz teniendo una batidora de pedestal, ya que la que tiene es manual y pesa y ella se cansa al sostenerla. Es una ayuda importante para ella y para quienes disfrutan de sus pie de limón, sus galletas y todas sus maravillas. 

Apoyarla con esa batidora y otros implementos, sería un regalo para ella y para el que se conmovió con su historia y quiere ser solidario. 

 

 

 

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