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Gladys Figueroa y Carlos Handler: Cincuenta años de amor

La pareja vive a pasos de la Compañía de Consumidores de Gas y del Hogar de Cristo. En una acogedora casa criaron a sus dos hijas, fueron testigos de la transformación del barrio y recuerdan perfectamente a Alberto Hurtado. “Era un cura hiperkinético muy preocupado de los niños”.

Por Jacqueline Otey A.

Gladys Figueroa (80) y Carlos Handler (85) cumplirán en julio 50 años de matrimonio. Ella fue maestra normalista y él, mueblista. Desde que se casaron han vivido en una acogedora propiedad ubicada a pasos de la Compañía de Consumidores de Gas. Ahí criaron a sus dos hijas y aseguran que no desean, por ningún motivo, cambiarse a otro barrio.

La pareja vive a pasos de este antiguo edificio, lugar que Gladys conoce muy bien, ya que vivió con sus padres en una vivienda ubicada dentro de la empresa cuando los empleados vivían allí. “Éramos como una familia, todos nos conocíamos. Adentro incluso había piscina, cancha de tenis y una pulpería donde comprábamos con fichas y cuyo edificio todavía está en calle Antofagasta, casi al llegar al puente. Contábamos con servicio médico, asistentes sociales y un centro de madres donde enseñaban a bordar y cocinar”, recuerda.

Fue en las dependencias de esta empresa donde, precisamente, ella conoció a su marido, quien con frecuencia visitaba a un amigo de esa comunidad. “Yo estaba separado y un ex compañero de colegio me invitó a celebrar mi santo a su casa y ahí llegó Gladys. Desde ese momento estamos juntos”, nos confidencia Carlos.

El vecino de Estación Central es hijo de madre húngara y padre austriaco, quienes se enamoraron en Chile luego de emigrar de sus países a principios del siglo pasado. “Mi madre cuando llegó al país vendía castañas cocidas en la Plaza de Armas y trabajaba como niñera y mi padre era carpintero. Ambos se conocieron en un restaurante que frecuentaban, pero no hablaban muy bien el idioma del otro y cuando crecí, yo les traducía”, comenta con una sonrisa.

Gladys cuenta que su padre compró el terreno donde construyó la casa donde actualmente viven hace más de 60 años y recalca que en esa época esta zona quedaba muy lejos de Santiago, y estaba rodeada de fundos y chacras. “Él adquirió este terreno, edificó y después que falleció y nosotros nos casamos, llegamos a vivir acá para acompañar a mi madre. Aquí criamos a nuestra familia”.

La casa de la pareja destaca por sus detalles y un estilo tradicional.

A Carlos le apasiona elaborar piezas en madera en el taller de su casa.

 

Tardes de película

Hace casi 10 años, la pareja dirige el Club del Adulto Mayor Población Gasco. Gladys comenta que la sede funciona en la calle Alberto Spikin donde en el pasado el padre Alberto Hurtado hacía el Mes de María. “Yo tenía siete u ocho años y el padre después de la misa nos invitaba a ver una película infantil. Traía un proyector, que era una máquina muy grande, pesada y hacía las sesiones de cine. Y, cuando me iba a confesar al santuario también veía al padre corriendo con su sotana y los niños atrás pidiéndole una medallita. Era un cura hiperkinético y muy preocupado de los niños”, recuerda.

Las actividades del club han beneficiado a muchos adultos mayores que no tienen familia o a los que no visitan con frecuencia. “La gente está muy sola. Aquí viven personas a las que sus hijos no visitan o se han convertido en cuidadores de nietos. De hecho, nosotros a veces llevamos en auto a vecinos al hospital porque no tienen quien los acompañe. Al Club asisten cerca de 20 personas y el objetivo es que salgan de sus casas, que no estén todo el día viendo televisión. Aquí el principal problema es la soledad, la falta de apoyo e incluso el abuso de los familiares”, advierte.

Carlos menciona que gracias al Club han obtenido ayuda de la Municipalidad de Estación Central para los socios y ganado varios proyectos para habilitar el centro donde se reúnen, conseguir en comodato una plaza o realizar actividades de esparcimiento. “En la sede tenemos calefacción, loza y manteles. Una persona hace clases de yoga y realizamos celebraciones de fechas especiales. Además hacemos tres o cuatro paseos al año y para eso realizamos onces o jugamos a Lotería y de esa manera juntamos dinero”.

Gladys y su marido aseguran que siempre les ha gustado apoyar a la comunidad y, por eso, ella reitera que no se quieren ir de acá. “Nuestro objetivo es ayudar a la comunidad a tener una vejez más digna”.

 

 

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