El Mostrador TV: director social del Hogar de Cristo dice que Chile necesita “una ley de salud mental decente”

Pablo Egnau dijo que la campaña que por estos días desplega Rostros Nuevos persigue conseguir financiamiento y generar "un cambio cultural".

La necesidad de generar un cambio cultural para terminar con los prejuicios que existen frente a las personas con discapacidad mental, es el objetivo de una campaña que lleva adelante el Hogar de Cristo y cuyos detalles entregó el director social de la institución, Pablo Egneau, en un nuevo capítulo del programa Vida Pública, que conduce Max Raide de El Mostrador.

El objetivo de la cruzada no es sólo reunir recursos para paliar el déficit de financiamiento que afecta a la Fundación Rostros Nuevos del Hogar de Cristo, y que atiende a 1.400 personas al año, sino que también busca “hablar del tema, ponerlo en la agenda, hablar de las políticas públicas pero por sobre todo generar un cambio cultural”.

“El llamado que estamos haciendo es que la diferencia entre nosotros no es la discapacidad, son los prejuicios. No es que haya gente buena que no tiene prejuicios y gente mala que sí los tiene. Todos somos prejuiciosos, y el objetivo es ayudarnos a pensar y tomar conciencia de nuestros prejuicios (…), si soy alguien que puedo dar un trabajo no discriminar a priori, porque esa es una forma de exclusión social y eso es lo que más nos afecta", sostuvo Egenau.

Se trata, dijo, de un problema estructural que ha llevado a que se tomen medidas como por ejemplo la modificación a la ley de inclusión laboral, que en parte viene a enmendar el hecho “inaceptable” de que nuestra propia legislación vulnere convenciones internacionales de Derechos Humanos, al permitir contratar a personas discapacitadas con remuneraciones por debajo del sueldo mínimo.

foto noticia Paulo egenau

Para Egneau, lo que hace falta es contar con “una ley de salud mental decente, que integre todos los artículos, leyes y principios, que están esparcidos, disgregados que no estamos mirando desde un punto de vista coherente. Que además nuestra legislación se modernice y fijemos estándares éticos mínimos del trato igualitario respecto de las personas”.

Sobre este punto precisó que se debe corregir “todo lo que tiene que ver con la interdicción. La interdicción es una medida antigua, arcaica, impositiva, paternalista y autoritaria, que limita fuertemente la capacidad autónoma de las personas. Inmediatamente se presume que tú eres incapaz. Y por lo tanto tienes que tener un tutor, alguien que tutele y administre con buenas intenciones tu vida, quitándote toda posibilidad de tomar decisiones en aquellos ámbitos en los cuales estás capacitado para tomar decisiones”.

En ese sentido precisó que “no queremos hogares, no queremos más residencias protegidas, lo que queremos es que haya recursos para implementar metodologías que permitan que yo con mi discapacidad permanezca en mi entorno, siga en mi casa, pueda vivir con mi familia, pueda compartir el espacio público y que no necesariamente me deteriore hasta que llegue a un punto en el cual necesariamente me va a tener que tomar una institución especializada y llevarme a un hogar donde hay profesionales que me atiendan”.

“Queremos evitar el deterioro, queremos intervenir tempranamente y para eso hay que reconocer que hay 220 mil personas con discapacidad psíquica e intelectual. 94 mil de ellos viven bajo la línea de la pobreza, ya sea socioeconómica o multidimensional, y alrededor de 24 mil tienen ambas formas de pobreza. Eso es gravísimo y en este país no estamos mirando esos temas, como no miramos los temas educacionales respecto de los jóvenes excluidos”.

Y sobre este último punto, el director social del Hogar de Cristo no dudó en tildar al sistema educacional como intolerante, a propósito de conceptos como el de la “deserción escolar”, que a su entender se trata de la “exclusión” de la que son objeto los niños y jóvenes de sectores vulnerables.

“Nosotros en el Hogar der Cristo y en nuestra Fundación Súmate, que es la que se dedica a los temas de pobreza y educación decimos que nuestro sistema educacional es intolerante (…) ya que no tiene las herramientas, los conocimientos, los especialistas para, en primer lugar, entender que hay determinados grupos de jóvenes que producto de su historia, de pobreza, de exclusión social, de victimización, abuso, maltrato, carencias en etapas tremendamente frágiles de la vida, en el desarrollo propiamente infantil y juvenil, desarrollan ciertas conductas que son adaptativas a su entorno y que son desadaptativas en el entorno escolar, que exige buena conducta, predictibilidad, decencia, etc. Y estos niños han nacido, han crecido y se han desarrollado en contextos de violencia donde esas conductas son adaptativas y funcionales (…) Y nuestros colegios han sido incapaces de entender que esas conductas tienen una explicación”.

Y enfatizó: “lo peor que le puede pasar a un niño es que sea expulsado del sistema escolar producto de esas conductas y por favor no sigamos hablando de desertores escolares, es una vergüenza. Ser desertor es tomar una decisión voluntaria, autónoma, consciente, pensando en el propio beneficio y placer de abandonar una causa; estos son niños excluidos del sistema escolar”.

Fuente: EL MOSTRADOR Ver Video.       

Líneas de Acción

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