Durante 2026, nueve empresas e instituciones participaron en el Programa de Mentorías de Fundación Súmate. Es un voluntariado corporativo que acerca a estudiantes de sus tres escuelas de reingreso al mercado laboral formal. PGIC, una de las empresas que se sumó este año, realizó dos ciclos y proyecta una nueva versión para 2027.
Por Valentina Díaz Zapata
Conocer una empresa por dentro, entender un contrato de trabajo, enfrentar por primera vez una entrevista laboral, son experiencias que pueden cambiar la forma en que un joven mira su futuro. Ese es el propósito del Programa de Mentorías de Súmate: generar un vínculo entre estudiantes y colaboradores de distintas empresas, para que adquieran conocimientos y desarrollen competencias que faciliten su futura inserción laboral.

El programa complementa la formación en oficios de gastronomía, banquetería y estética que imparte Súmate en sus tres establecimientos: el Colegio Padre Álvaro Lavín de Maipú, el Colegio Betania de La Granja y el Colegio Padre Hurtado de Renca.
DE LA SALA A LA EMPRESA
Cada mentor forma una dupla con un estudiante. Antes del primer encuentro, los voluntarios reciben una capacitación sobre los conceptos y herramientas básicas de la mentoría.

En su formato completo, el programa contempla tres sesiones presenciales de cuatro horas, realizadas en el plazo de un mes. La primera, de conexión, ocurre en la escuela: mentores y estudiantes se conocen, recorren el colegio y comparten sus expectativas. La segunda, de exploración, se realiza en la empresa. Allí los jóvenes conocen sus instalaciones y aprenden sobre tipos de contrato, cartas de presentación y liquidaciones de sueldo. La tercera, de despegue, se enfoca en el currículum, los consejos para entrevistas laborales y una simulación de entrevista.
Cada empresa compromete la participación de al menos diez mentores y designa a un coordinador como contraparte. Además, costea el traslado de estudiantes y educadores, junto con los almuerzos de las sesiones que se realizan en sus dependencias.
Este año participaron Arcos Dorados, GTD, INACAP, Parque del Recuerdo, San Camilo, Omnicom Media y el propio Hogar de Cristo, que dieron continuidad a su compromiso con el programa. A ellas se sumaron por primera vez ISAVIAS y PGIC.

Cada una de estas alianzas abre una puerta distinta. Desde conocer diversos rubros, espacios de trabajo y trayectorias profesionales hasta la experiencia completa de conocer cómo funciona una empresa amplía el horizonte de lo posible para estos jóvenes que luchan por un mejor futuro.
PGIC: UNA ALIANZA QUE DUPLICÓ SU IMPACTO
PGIC es una empresa chilena con más de 35 años de trayectoria en soluciones para la gestión de fluidos, equipos de bombeo y servicios de ingeniería. En su primer año en el programa, convocó a 24 colaboradores para los dos ciclos de mentorías, con estudiantes del Colegio Padre Hurtado de Renca.
Antes de comenzar, los mentores participaron en una jornada de sensibilización sobre la realidad de la exclusión educativa. Luego visitaron la escuela, recorrieron los talleres de gastronomía y estética y conocieron a los estudiantes. En las sesiones siguientes, los jóvenes visitaron las instalaciones de PGIC y trabajaron en búsqueda de empleo, currículum y preparación de entrevistas.
Geraldine Yáñez, estudiante del Colegio Padre Hurtado, se sumó desde la segunda sesión. “La verdad, yo no sabía de qué se trataba. No tenía muchas expectativas, ni pensaba que iba a aprender cosas nuevas. Pero ahora me empezó a gustar lo laboral, la idea de trabajar. Antes no quería seguir estudiando, y ahora lo estoy considerando”, destacó.
Su mentor, Emilio Sanfurgo, describió la experiencia como muy enriquecedora. Tanto, que la compartió con su familia. “La experiencia de vida de los chiquillos, esa resiliencia que tienen para salir adelante, es admirable. Y en parte se parece mucho a la vida de uno: no crean que porque uno está un poco más arriba no pasó por lo mismo”, afirmó.

Paola Contreras, también estudiante del Colegio Padre Hurtado, llegó nerviosa a la primera sesión. “Después la comunicación con mi mentor se dio muy bien. Al salir del colegio quiero estudiar mecánica, así que siento que saber qué es un contrato y conocer cómo es una entrevista real me va a ayudar mucho”, explica.
Para Axel Arancibia, su mentor, lo más valioso es que Paola pudo enfrentarse a situaciones que vivirá en el ámbito laboral. “Los conceptos que revisamos aclaran muchas dudas que, para un estudiante, no son obvias. Poder conectar con ellos es muy valioso”, señaló.
EL VALOR DE LOS VÍNCULOS
La buena recepción llevó a PGIC a repetir el programa durante el segundo semestre, con un nuevo ciclo que finalizó el 28 de agosto. Carla Herrera, jefa de Asuntos Corporativos de la empresa, explica que varios mentores comenzaron a preguntar por una nueva versión y que hubo muchos inscritos.
“Buscamos contribuir a la comunidad a través de nuestros trabajadores. Ellos se llevan el aprendizaje de dar de manera muy genuina. Y también el de recibir mucho a cambio, porque los chicos son muy cariñosos”, sostuvo Carla.
La empresa ya mira hacia adelante. “Ahora vamos a evaluar los resultados y queremos proyectarnos hacia una actividad quizás más grande el próximo año. Vamos a seguir, porque superamos las expectativas”, adelantó.
Para Fundación Súmate, cada alianza con el mundo empresarial es una oportunidad concreta para sus estudiantes. El compromiso de los mentores va más allá de compartir conocimientos: abre oportunidades y acompaña a jóvenes que construyen sus proyectos de vida.
Con más de 30 años de experiencia en reingreso educativo, Súmate cree en el poder de esos vínculos. Una conversación con un mentor, una visita a una empresa o una entrevista simulada pueden ser el primer paso para que un estudiante se imagine en un trabajo, en una carrera técnica o en un futuro que antes no veía posible.



