Antonella: De vivir bajo un puente a las aulas de Súmate

Publicado el 21/04/2026

Tras cinco años sumergida en las adicciones y el abandono, esta joven de 19 años regresó a las aulas de Fundación Súmate. En un emotivo encuentro con la ministra de Educación, la estudiante detalló su «giro radical» y la lucha por recuperar su vida lejos de las drogas en un colegio 2×1. Esta es su historia de superación y amor propio.

Por María Luisa Galán

En el desayuno privado de la ministra de educación, María Paz Arzola, en el colegio Padre Álvaro Lavín en Maipú, a propósito del inicio del año escolar, Antonella Pizarro fue una de las últimas estudiantes en contarle su historia.

Una que no dejó indiferente a nadie. No porque los testimonios de los otros jóvenes fuera menos crudos, sino por la fortaleza y la madurez de su relato. Contó que había estado en residencias del Sename – hoy servicio de atención especializada- y que hacía años había ingresado al colegio Betania, también de Súmate, en La Granja.

Pero se farreó la oportunidad. Las malas juntas, los malos amigos, la indujeron al camino de las drogas y la calle. Apenas tenía 13 años en ese entonces y dejó de estudiar. Hoy, cansada de esa vida y luego de suplicarle una nueva oportunidad a su mamá, relató a todos los presentes que estaba recomenzando.

-Estar acá es un giro radical y me admiro del amor propio que me tengo. Me siento limpia, alguien. Miro hoy y digo en qué momento, si yo estaba debajo del puente. No me tenían fe, pero les he demostrado que sí puedo. Me siento orgullosa de mí misma

Entre sollozos, terminó de hablar. La ministra se levantó y la abrazó. Y  jóvenes, de otros colegios de Súmate, también la alentaron para seguir en este camino.

Al finalizar el desayuno y la posterior ceremonia, hablamos con ella.

Antonella: testimonio de un colegio 2x1

Antonella junto a la ministra de educación, María Paz Arzola, tras el desayuno con más estudiantes de Fundación Súmate.

LAS MALAS JUNTAS

Su historia es la de una infancia trunca. Debido a graves vulneraciones de derechos liderados por su padre, fue ingresada al sistema de protección estatal a los siete años. Fue internada en el Centro de Reparación Especializada de Administración Directa (CREAD) Galvarino, administrado por el entonces Sename.

Ahí conoció a Lissette Villa, la famosa Lissette Villa, quien murió producto de malos tratos de funcionarios del lugar. Recuerda perfectamente ese día, así como la violencia que ahí sufría. Tras el cierre del CREAD Galvarino, fue trasladada a otro, donde reconoce que tuvo un mejor pasar.

A diferencia del otro, en este nuevo, ubicado en calle Santa Rosa, le daban la oportunidad de salir y conocer otros niños. Fue ahí cuando ingresó por primera vez al colegio Betania, de Fundación Súmate.

-Me salí después del Betania por malas juntas que me llevaron a probar el vicio y me gustó. Y dije, ¿para qué vengo al colegio? A puro lesear no más. Terminé en la calle, fumando hasta pasta base. Es un mundo oscuro. Estuve seis meses intentando salir.

Vivió bajos los puentes del sector de La Legua. Ahí se juntaba con hombres mayores, que le daban drogas a cambio de otros favores. Nada le daba miedo, mientras pudiera obtener su vicio.

OTRA OPORTUNIDAD EN UN COLEGIO 2X1

-Hasta que llegó un punto en que ya me sentía muy sucia, muy sucia y dije: si yo no salgo de aquí, nadie me va a sacar. Y estuve 5 años. Yo salí a la calle como a los 13 o 14 años y estuve 5 en la calle.

-¿Hay niños en la calle?

-Sí, conocí niñas de 12, 11 años, niñas embarazadas. Yo les preguntaba ¿por qué te embarazaste? Lo hice por droga, me decían. Me daba pena y recapacitaba y decía: ¿quiero esto para mí? ¿De verdad, merezco o pertenezco a este mundo?  Yo tenía todo. Tenía mi familia, tenía estudio, tenía todo. Lo que un niño a su edad quiere. Y a mí me habían servido todo en bandeja de oro. Y yo preferí hacerme la ciega y mirar lo malo.

El año pasado, a sus 19, decidió “chantarse”. Le rogó a su mamá para que la aceptara de vuelta. El acuerdo fue que ella tenía que volver a estudiar, no escaparse de la casa y dejar las drogas. Cuenta que la encerraba en su pieza.

-Pero es que era lo mejor y yo se la agradezco, de verdad. Esas dos semanas que estuve con abstinencia me daba quetiapina para poder dormirme. Me las habían recetado antes. Y yo le decía que no, que me quería ir. Pero ella insistió, me decía que estaba todavía con abstinencia y eso se iba a demorar mínimo dos meses. Y ella hablaba con la psicóloga del Betania, que me ha ayudado siempre y nunca perdió la fe en mí, nunca.

Precisamente, pidió al colegio regresar. Y ahí está desde este año cursando primero y segundo medio. Con mucho esfuerzo porque estudia y trabaja. Sueña con entrar a la universidad y estudiar gastronomía. Le gusta la cocina nacional e internacional, por influencia de su mamá y de un pololo boliviano que tuvo.

-Tengo una relación madre e hija, muy uña y mugre. Recuperé todo el pasado. Me perdonó. Me tiene fe. Tiene la esperanza de que yo voy a ser una mujer grande, que voy a lograr todos mis sueños.

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