Las tres escuelas de reingreso de Fundación Súmate del Hogar de Cristo en la Región Metropolitana aún tienen vacantes disponibles para jóvenes que abandonaron el sistema escolar. En paralelo, la campaña “Mochila de Sueños” busca financiar los útiles que les permitirán sostener su año académico con dignidad y tranquilidad.
Por Ximena Torres Cautivo
“Voy a ser la primera universitaria de mi familia”. Cuando Javiera Torres (21) dice esa frase, resume años de rezago escolar, esfuerzo y superación. Hoy está matriculada en Pedagogía en Educación Física, con gratuidad, pero no siempre fue así. Su trayectoria estuvo marcada por repitencias, dificultades económicas, familiares, sociales y momentos en que el sistema educativo parecía no tener espacio para ella.
Fue en la Escuela de Reingreso Betania, de Fundación Súmate del Hogar de Cristo, en la comuna de La Granja, donde logró completar tercero y cuarto medio en modalidad dos por uno. Allí retomó una trayectoria que parecía interrumpida de forma definitiva.

Javiera Torres, egresada de enseñanza media del colegio Betania, será la primera profesional en su familia.
Historias como la suya son las que este 2026 buscan multiplicarse.
En marzo, 1.142 estudiantes podrían volver a clases en las tres Escuelas de Reingreso Súmate de la Región Metropolitana —Padre Álvaro Lavín (Maipú), Padre Alberto Hurtado (Renca) y Betania (La Granja)—. Son 265 cupos más que el año pasado, gracias a la ampliación a doble jornada.
Pero aún quedan vacantes disponibles.
UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD REAL
Las escuelas de reingreso están dirigidas a jóvenes que han interrumpido su trayectoria educativa por múltiples factores: pobreza, exclusión, dificultades familiares, experiencias escolares traumáticas o necesidad de trabajar o de cuidar a otros.
“Son espacios que acogen y comprenden”, explica Carola Gana, directora ejecutiva de Fundación Súmate. “Nuestra modalidad es flexible. Si un estudiante falta, el foco no está en sancionarlo, sino en entender por qué no vino, qué le pasó”.
La inasistencia activa alertas y genera acompañamiento. Se realizan visitas domiciliarias y el trabajo no recae solo en docentes, sino en equipos interdisciplinarios que incluyen profesionales psicosociales. El objetivo es que cada estudiante complete sus 12 años de escolaridad obligatoria y proyecte un futuro posible.

Además, los establecimientos ofrecen formación en oficios, fortaleciendo herramientas concretas para la inserción laboral.
Todo el proceso es gratuito. Y ahora mismo hay matrícula en las tres.
La escuela en todos los contextos, pero mucho más en los de alta vulnerabilidad, son un factor protector. Un joven que patea piedras en la esquina, que no tiene contención ni referentes ni vislumbra un futuro y no estudia, puede ser presa fácil de las cada vez más presentes bandas delictuales, que saben cómo aprovecharse de la desesperanza ajena.
LOS ÚTILES: LA OTRA BARRERA
Retomar los estudios no solo implica matrícula. Si para cualquier familia de clase media afrontar la cada vez más larga lista de útiles escolares a comienzos de año, imagínense lo que es para un joven sin recursos y escaso o ningún apoyo familiar. Para estudiantes en contextos de alta vulnerabilidad, el costo de los útiles escolares puede transformarse en una carga adicional.
Javiera recuerda que nunca recibió mesada. Siempre trabajó para costear sus necesidades, incluidos cuadernos, lápices y demás materiales. Hoy, incluso con gratuidad universitaria, enfrentará gastos asociados a movilización y textos.
En contextos de pobreza, contar con útiles propios: reduce la estigmatización; fortalece la autoestima; permite concentrarse en aprender; favorece la permanencia en el sistema educativo.
Por eso, Fundación Súmate del Hogar de Cristo en estos días impulsa la campaña Mochila de Sueños 2026. Con ella se busca financiar útiles escolares para sus estudiantes durante todo el año.
No se trata solo de entregar materiales el primer día de clases, sino de asegurar condiciones mínimas de igualdad para sostener el proceso educativo.
MATRICULAR Y ACOMPAÑAR
En Chile se estima que cerca de 124 mil niños, niñas y jóvenes están fuera del sistema escolar. Llegar a ellos requiere información, redes y compromiso comunitario.
Si vives en Renca, La Granja, Maipú o comunas cercanas y conoces a un joven que dejó el colegio, puedes orientarlo hacia las Escuelas Súmate. Un sobrino, el hijo de una vecina, alguien del barrio que aún no encuentra un espacio donde retomar su educación.

Graduación de 4tos medios en Colegio Betania de Súmate.
El problema es que no resulta fácil seducir al que ha sido excluido del sistema por su pobreza, no sólo económica, sino cultural, social, de afectos, redes y guía. Llegar a esa población que hoy como dijimos se estima cercana a los 124 mil niños, niñas y jóvenes requiere del boca a boca.
De vocear el caso concreto y tangible de jóvenes como Javiera Torres que estuvieron largamente desescolarizados, que repitieron cursos, que se frustraron y sintieron incomprendidos hasta que alguien -en este caso la directora del Colegio Betania, Paulina Vivanco, y su equipo- creyeron en ellos.
Si quieres apoyar, puedes hacerlo a través de la campaña Mochila de Sueños, ayudando a que más estudiantes comiencen el año con dignidad y tranquilidad.
Porque volver a clases, cuando el sistema ya te había dejado fuera, requiere más que voluntad. Requiere acompañamiento.



