Colegio Padre Álvaro Lavín: La escuela que rescata, acompaña y transforma

Publicado el 30/03/2026

Con un modelo centrado en el vínculo, el reconocimiento y el trabajo en red, la Fundación Súmate del Hogar de Cristo impulsa trayectorias educativas que parecían perdidas. Historias como las de Franco, Martín y Bastián muestran que volver a estudiar sí es posible. El jefe de formación del colegio Padre Álvaro Lavín en Maipú, Eduardo Sánchez, da las claves del trabajo.

Por María Teresa Villafrade Foncea

En medio de múltiples historias de abandono escolar, el Colegio Padre Álvaro Lavín, de la Fundación Súmate del Hogar de Cristo en Maipú, está demostrando que la educación puede ser una segunda oportunidad real. Así lo cuenta su director Jorge Ibarra, quien este martes 31 inaugurará el año escolar con la presencia nada menos que de la nueva Ministra de Educación, María Paz Arzola.

“Tenemos en la actualidad una lista de espera de 40 estudiantes desde que ampliamos nuestra matrícula a 338 alumnos”, asegura.

Para profundizar en las razones de este notable éxito, conversamos con Eduardo Sánchez, jefe de formación del establecimiento, quien lidera un equipo interdisciplinario dedicado a acompañar a estudiantes en situación de alta vulnerabilidad.

El jefe de formación del Colegio Padre Álvaro Lavín, Eduardo Sánchez, cree firmemente en el poder transformador del cariño y la comprensión que se les entrega a los estudiantes.

“Nos vinculamos con los estudiantes desde el amor, el cariño y la comprensión. Entendemos sus historias y desde ahí construimos”, explica Sánchez, profesor de educación física y futuro psicólogo, quien llegó al colegio en 2025.

El equipo que encabeza está compuesto por psicólogos, trabajadoras sociales, psicopedagoga y terapeuta ocupacional. Juntos despliegan un trabajo integral que va mucho más allá de la sala de clases. Hacen visitas domiciliarias, llamados de seguimiento; dan apoyo emocional y se conectan con redes territoriales como parte del trabajo diario.

ADIÓS AL INSPECTOR

Aquí no hay inspectores. Esa figura tradicional fue reemplazada por un enfoque formativo basado en el vínculo. “El rol mutó hacia una relación más humana, donde lo importante es acompañar y no vigilar”, explica Sánchez.

Pero el apoyo no solo se enfoca en quienes están en mayor riesgo. También se reconoce a quienes logran avances. “Celebramos la asistencia, el compromiso, los logros. Hacemos desayunos, actividades deportivas, salidas pedagógicas. Es clave que los chicos se sientan valorados”, agrega.

Las salidas pedagógicas son muy valoradas por los estudiantes.

El colegio tendrá este 2026 por primera vez a 338 estudiantes —muchos provenientes de Maipú, pero también de comunas cercanas como Pudahuel, Cerrillos y Estación Central— y cuenta con lista de espera. Amplió su cobertura con doble jornada y aun así hay cuarenta potenciales estudiantes en espera, lo que refleja la alta demanda por este tipo de proyectos educativos.

PREPARACIÓN PARA LA VIDA

Uno de los pilares del modelo es el trabajo en red. A través de mesas territoriales mensuales, el colegio se relaciona con centros de salud, Carabineros, juntas de vecinos y otras escuelas, permitiendo responder de manera rápida y efectiva a las necesidades de cada estudiante y su familia.

“Nos vinculamos y trabajamos territorialmente porque a veces un estudiante requiere atención de salud y así, podemos ayudarle llamando por teléfono y poniéndolo en contacto con el Cesfam. O un estudiante tiene un hermano que requiere matrícula para una escuela de lenguaje y los vinculamos y ayudamos a la familia en esa situación. Hay todo un abanico de apoyo que se brinda al alumno para que pueda continuar con su educación”, agrega.

A esto se suman alianzas con instituciones como el Comité Olímpico de Chile, empresas como Arcos Dorados (McDonald’s), GTD y JP Morgan, además de centros de educación superior como AIEP, INACAP y DUOC UC. “El objetivo es que los estudiantes se vinculen con el mundo y se preparen para la vida”, señala Sánchez.

INTEGRACIÓN EN ESPACIOS SEGUROS

Las historias de éxito dan cuenta del impacto. Franco, por ejemplo, llegó tras sufrir bullying y abandonar el sistema escolar. Hoy estudia Psicología en la universidad. Martín, en tanto, logró terminar octavo básico pese a un contexto familiar complejo, gracias al acompañamiento constante del equipo. Y Bastián, egresado de una escuela especial, hoy trabaja y continúa sus estudios con apoyo del proyecto de integración.

“En la escuela ellos logran encontrar un entorno de cuidado que los contiene y apoya. Eso demuestra que se puede. Que cuando hay un espacio seguro, las trayectorias cambian”, afirma Sánchez.

El colegio también ha mejorado significativamente su infraestructura gracias al apoyo del Hogar de Cristo: renovación de salas, nuevo mobiliario, mejoras en climatización y materiales disponibles para docentes y estudiantes. Todo pensado para ofrecer un entorno digno y acogedor.

“Este es un espacio limpio, cuidado, con áreas verdes, donde todos —desde los profesores hasta el personal de aseo— están comprometidos con la educación. Eso se siente”, concluye.

La escuela ofrece capacitación en distintos oficios como banquetería.

Además de no conformarse con que el alumno se matricule sino que asista regularmente a la escuela, el colegio Padre Álvaro Lavín promueve la integración.

“Tenemos también proyecto de integración. No todas las escuelas 2×1 de educación de adulto lo tienen. Nosotros SÍ. Prestamos un servicio adicional a los estudiantes para que puedan nivelar sus estudios”.

En un país donde miles de jóvenes quedan fuera del sistema escolar, iniciativas como esta no solo reinsertan: reconstruyen proyectos de vida.

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