Ignacio Briones: “Voy a ser un catete”

Publicado el 26/01/2023

Ese es el propósito de uno de los 23 integrantes del Consejo para la Reactivación Educativa convocado por el gobierno, que sesionó por primera vez el jueves 26 de enero. Dispuesto a dejar la camiseta por reparar las graves brechas en el aprendizaje, consecuencia del pertinaz cierre de las escuelas durante la pandemia, está consciente de que es una tarea que parte tarde y sin recursos.

Por Ximena Torres Cautivo

Llega a la cita en su motoneta naranja, vehículo tan emblemático de su incursión en la elección presidencial 2021 como la retroexcavadora de su campaña para las primarias en que fue derrotado por Sebastián Sichel. Ese video de índole funeraria política que tantos memes y burlas le valió.

Por eso mismo, el ingeniero comercial, economista y académico, militante de Evópoli, Ignacio Briones (50) prefiere no fotografiarse en su vehículo vintage, en el que se moviliza desde hace una década.

Afortunadamente, dice, sus hijos –Elisa, Aurelia y Vicente, de 14, 11 y 6 años– no ven televisión. “La menor lee diarios en papel”, comenta. Asegura que no supieron de memes irónicos ni de nada.  “Cuando fui derrotado en las primarias, ellos me estaban acompañando en la oficina y saltaron de alegría con el resultado”.

Educados en la Alianza Francesa, tal como lo fue su padre, son privilegiados frente a lo que él llama “el terremoto educativo”, que dejó la extensa suspensión de clases presenciales durante la pandemia en Chile. Ya lo eran desde antes, como alumnos de la enseñanza privada en un colegio de élite, pero la brecha y el rezago en los aprendizajes que generó el cierre de las escuelas es lo que hoy angustia y moviliza al economista.

77 semanas de cierre

Afirma que las políticas públicas y en particular la educación desde siempre han estado en el top de sus preocupaciones. Por eso, cuando en una entrevista al presidente Boric en Canal 13 se aludió a una columna suya en La Tercera sobre “el terremoto educativo”, el mandatario dijo que le pediría al ministro Marco Antonio Ávila que lo contactara.

Briones le mandó además a Boric un mensaje a través de las redes sociales y el viernes 2 de diciembre, entró sigilosamente a La Moneda. “A conversar con el mandatario, sin asesores presentes, sobre educación”.

–¿Cómo estuvo la conversación?

–Me sentí esperanzado. Le llevé el estudio que hicimos en Horizontal, donde queda claro por qué hablamos de “terremoto educativo” y le hice ver que no se está haciendo nada, nada, para superar sus efectos. Él fue súper directo, muy autocrítico. Reconoció que siendo oposición no le habían dado la importancia que merecía el tema del cierre prolongado de las escuelas. Que no habían sopesado el daño que se produciría. Lo vi genuinamente comprometido y le insistí en que abordar el problema no podía ser un saludo a la bandera. Que era necesario invertir muchos recursos y tener un plan sólido, serio, de largo plazo, con sentido país.

Y, hace una semana, Briones apareció sentado en primera fila entre los 23 expertos convocados por el presidente para integrar el Consejo de Reactivación Educativa. Recién el jueves 26 de enero, se reunieron para empezar a acometer la titánica tarea, que es ad honorem.

Sabe que no será fácil, partiendo por la inexistencia de financiamiento específico para el exigente trabajo. Dice: “El presupuesto de Educación 2023 entró tal como salió del Congreso. No contiene ninguna línea o glosa potente que apunte a este fin. Si creemos que ésta es una prioridad país, eso no se ha reflejado en materia de recursos”.

Como ex ministro de Hacienda sabe, sin embargo, que existen las reasignaciones presupuestarias y, para él, nada amerita más esa flexibilidad que esta causa.

Frente a esta inquietud de Briones, nos acordamos de Gabriela Mistral, la educadora más notable que ha tenido Chile, la premio Nobel a la que proponen como sustituta del general Baquedano en la Plaza del mismo nombre. Ella decía: “El futuro de los niños es ahora; mañana será tarde”, y eso que no supo del brutal desacierto cometido en Chile durante la pandemia al mantener tanto tiempo cerradas las escuelas. Boric, tan dado a declamar poesía, debería hacer suya esa frase, porque para recuperar las brechas de aprendizaje perdidas, se requiere actuar en consecuencia. O sea, con la máxima premura.

Para dar cuenta de la urgencia del tema, Briones se remite al estudio hecho por Horizontal, donde se detalla el daño provocado.

Leemos: “A nivel nacional, se estima que, en promedio, entre octubre del 2020 y octubre del 2021 la pérdida de aprendizajes fue del 50,9%, con enormes disparidades entre niveles socioeconómicos y tipos de establecimiento”. Y él sostiene: “Por eso, mientras los niños, niñas y adolescentes de los menores quintiles de ingreso, que asistían a colegios municipales, perdieron el 68,4% de los aprendizajes esperados, los pertenecientes al grupo socioeconómico alto que van a colegios particulares pagados, perdieron sólo un 12,4%. Esta desigualdad también es evidente si se compara a los estudiantes de establecimientos rurales con los urbanos”.

Destaca además que Chile tiene hoy un año de aprendizaje perdido, lo que implica que esa generación de estudiantes rezagados tendrán “un ocho por ciento menos de ingresos permanentes durante su vida laboral. Esto golpea a la economía: mis cálculos son entre 0,2 y 0,3 puntos de menor crecimiento para siempre”. Y nuevamente menciona el desigual efecto del terremoto educacional: “Los niños y niñas de colegios particulares perdieron sólo 4 meses de aprendizaje frente al año y cuatro meses de los de estrato socioeconómico más bajo”.

En el informe de Horizontal, los datos demoledores abundan: “El tiempo promedio de cierre de escuelas en Chile fue de 77 semanas, situándonos en el lugar 13 del mundo de los países que mantuvieron más tiempo cerradas sus escuelas y el primero entre los países OCDE. Mientras los establecimientos públicos cerraron un 72% del año escolar, los colegios particulares subvencionados y de administración delegada se mantuvieron cerrados un 60% del año escolar y los particulares pagados, solo un 48% del año escolar”.

–¿Cuál es la solución para un problema tan grave?

–Hay que generar ya, de manera urgente, instrumentos de medición para evaluar las brechas, se requiere saber en qué punto exacto están los niños, niñas y jóvenes, y dónde queremos que estén. Debemos trabajar para que ninguno se quede atrás. Esto implica marcación uno a uno, cara a cara, y eso requiere recursos, humanos y financieros. Eso para empezar.

Cuando el presidente presentó a los 23 expertos, anunció tres medidas inmediatas. Una de ellas es un equipo de mil 200 monitores que saldrán a buscar casa por casa a los estudiantes que han abandonado el sistema. Ese es el mismo trabajo que viene haciendo Fundación Súmate desde hace años. Por eso su directora, Liliana Cortés, planteó: “Y cuando esos niños logren volver a la escuela, ¿a qué escuela volverán? ¿A la misma que los expulsó, que no los retuvo, que fue indiferente a sus problemas sociales, económicos, familiares, de aprendizaje? ¿Con qué dispositivos de reingreso cuenta el gobierno para recibirlos en la eventualidad de que regresen?”.

Fábrica de overoles blancos

Briones comparte que esas inquietudes aún no tienen respuestas y que recién hoy parte el trabajo del Consejo para la Reactivación Educativa. “Son temas que se cruzan: a la brecha en los aprendizajes, se suman el tema de la deserción escolar y el creciente ausentismo. Es un hoyo que se incrementa y que genera daños sociales a futuro gigantescos. Al impacto económico ya comentado, se agrega una razón ética que justifica actuar ya y con todo: “¿Con qué derecho se deja a una generación frustrada? Un generación que vio que le cerraron los colegios y luego la abandonaron”, dice, con tono apremiante.

–A lo económico y a lo ético, agrego lo práctico: los niños y jóvenes que viven en los territorios más vulnerables y que no ven en la educación una herramienta de promoción social hoy son caldo de cultivo para convertirse en soldados del narco.

–Por supuesto, ahí tenemos una fábrica de overoles blancos.

Leí en una entrevista reciente que, invitado a calificar su gestión, el ministro de Educación Marco Antonio Ávila, se puso sobre un 6. ¿Qué nota le pones tú?

–No sé, no tengo opinión –responde primero, diplomático, pero luego agrega: –Yo creo que durante su primer año de gestión el ministro no puso el foco en lo que debió ser su prioridad. Más que hablar de la condonación del CAE, debió abordar la crisis en los aprendizajes generada por la pandemia. Es muy propio de los seres humanos tender a autoevaluarnos benévolamente. Claramente esta no fue prioridad, se desperdició tiempo, no hay plan, no hay recursos. Ya es tarde y, por eso, el Consejo está muy desafiado. De lo que se trata es de trabajar como enanos, porque lo mucho que hay que hacer es lento y muy difícil, tanto en materia de penseque como de implementación.

Llama la atención que el presidente del Colegio de Profesores, cabeza del gremio que avivó la cueca de cerrar las escuelas, integre el Consejo. Briones ha dicho que el Colegio debería hacer un mea culpa, como hizo el presidente cuando presentó a los expertos. Ahora dice: “En estos grupos nunca están todos los que deberían estar. A mí me faltan más representantes de los padres”, y considera que es crucial una campaña de concientización a nivel país que releve el rol de la escuela, su valor protector.

–Da la impresión que se ha instalado socialmente una suerte de poca fe en el valor promocional de la educación. ¿Lo ves así?

–Sí, por eso creo que es crucial que los padres sean parte de esta reactivación educativa. Sin ellos, nada de lo que hagamos será exitoso. Son los padres los que inciden con más fuerza si queremos reivindicar el rol de la educación, porque la escuela es mucho más que aprendizaje académico, es formación afectiva, social. Es integración a la comunidad. Una condición necesaria para lograr lo que nos proponemos es hacer carne el derecho social a la educación. Por eso no se entiende que en 2022 haya habido colegios en paro, con clases suspendidas, como si no hubiéramos perdido un año de aprendizaje.

¿Cómo te explicas ese contrasentido?

–Como un error tremendo. Las autoridades deben entender que las suspensiones de clases atentan contra un derecho social clave, el de la educación. Ahí la disyuntiva es: ¿Creemos en ese derecho o privilegiamos las tomas? Las clases perdidas en el sistema público por no poner el derecho superior a la educación por encima de otras consideraciones, están minándolo. Y frente a eso no se puede actuar con pasividad.

–Dada la urgencia que planteas, ¿cuándo deberíamos esperar avances concretos de este Consejo?

–Todavía es temprano. Pero lo que tengo claro es que voy a ser un catete, porque creo de verdad que este es uno de los temas más importantes para el futuro de Chile. Si veo que nuestro rol termina siendo de segundo plano o para la foto, lo voy a manifestar. Esto ni puede ser un volador de luces. Si se hace, debe ser con tutti, sino para qué.

 

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