De los 9 a los 14: una ventana se abre (o se cierra)

Publicado el 16/11/2021

Por Liliana Cortés, directora de Fundación Súmate

No es trivial que el paso de octavo básico a primero medio sea donde apreciamos la mayor tasa de abandono escolar. En los hogares de mayores ingresos que un adolescente pase de enseñanza básica a la media es parte de la vida, un tránsito natural, pero en los sectores socioeconómicamente más vulnerables, resulta un logro titánico. En muchos casos, suele ser el inicio de una precaria y prematura vida laboral, de la castración del aprendizaje, de la asunción de tareas de cuidado o maternidad o paternidad precoces. En suma; un condena a la pobreza.

La Alianza para la Erradicación de la Pobreza Infantil, de la que somos parte como Hogar de Cristo y Fundación Súmate, acaba de presentar el estudio “Nacer y Crecer en Pobreza y Vulnerabilidad”.  El estudio demuestra con evidencia nacional e internacional las nocivas consecuencias que tiene para la infancia desarrollarse en esa condición. Incluye además testimonios y reflexiones de jóvenes que crecieron así, y hace una propuesta concreta de un Piso de Protección Social para la Niñez.

En el texto se describen con claridad dos importantes “ventanas de oportunidades” que tienen los niños y adolescentes para superar esa cadena de carencias que les impiden un desarrollo pleno. La primera ventana son los primeros mil días de vida, incluyendo la etapa embrionaria. No existe momento de la existencia humana en que el sistema cognitivo sea más receptivo al aprendizaje; de ahí la importancia de la educación inicial.

La otra ventana de oportunidad está entre los 9 y los 14 años, cuando los niños y las niñas requieren imperiosamente desafíos de aprendizajes, experimentar la convivencia con otros, la participación y la práctica de actividades culturales y deportivas. La neurociencia confirma que la adolescencia es una etapa crucial para el desarrollo de las funciones cerebrales. ¿Cuál es el espacio para que esas funciones bien estimuladas florezcan? El educativo; es en las escuelas donde la interacción permite que esa posibilidad de desarrollo se exprese. Por eso si un niño o niña es excluido del sistema educativo, no sólo se vulnera su derecho a la educación, se le cortan las alas, la posibilidad de desplegar todo su talento.

La implementación de medidas de política pública orientadas al bienestar de los adolescentes es altamente rentable en cuanto a la mejora de los niveles de bienestar de la próxima generación. Y, humanamente hablando, no podemos aceptar que sólo por el lugar y la condición en que se nace y se crece, haya adolescentes a los que esa ventana se les cierre en la cara. Eso es inaceptable.

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