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“Las Condenadas”: el negocio de evitar delitos

Este empeñoso empresario inició una fábrica de galletas para reinsertar a mujeres que estuvieron privadas de libertad. En esta conversación cuenta por qué decidió contratarlas, cómo enfrenta los prejuicios y qué ha aprendido de historias marcadas por la pobreza y el abandono. “No es lo mismo estar privado de libertad que estar privado de dignidad”, afirma.
Por Ximena Torres Cautivo
Julio 11, 2026

-Yo no soy para nada feminista. Creo que hombres y mujeres somos de la misma especie -seres humanos-, pero no somos iguales. Ninguno es mejor que el otro, pero somos muy distintos. Una prueba de esas diferencias es que cuando una mujer está privada de libertad, pierde todos sus lazos. Lo más probable es que su hombre la visite tres o cuatro veces y después no vuelva más. Que sus hijos queden en custodia de un pariente o del Estado. A los hombres, en cambio, los va a ver medio mundo: la mamá, la esposa, los hijos. Las mujeres no los abandonan; ellas se quedan solas.

Paolo Garbarini (53), agrónomo y empresario de la zona de Colchagua, es ronco, robusto, intenso y divertido. Ciertamente, no tiene nada de feminista. A veces mal portado, como cuando en 2000 se le pasaron las piscolas y terminó preso en el recinto carcelario de Santa Cruz, Colchagua.

-Fueron dos noches preso, pero resultaron suficientes para darme cuenta de que había que hacer algo. La gente que trabaja conmigo me dice: “Oiga, usted no cuente que estuvo privado de libertad, porque usted no ha estado privado de libertad. Apenas fueron dos noches en capacha y, conociéndolo, seguro que lo pasó el descueve”. Efectivamente, fue corto, pero me di cuenta de que la gente que comete un delito, que se equivoca y paga y es condenado por lo que ha hecho, merece una oportunidad. No puede pagar de por vida.

Cuenta que, siendo viticultor, le tocó una vendimia en el Valle de Apalta, donde necesitó urgentemente mano de obra. “Es ese valle no servían recoger la uva con máquinas, así es que me acordé de mis amigos de la cárcel. Hicimos una vendimia espectacular con puros internos. Con ladrones, traficantes y uno que otro asesino. Era 25 hombres. Fue la vendimia más linda que me ha tocado vivir.

Paolo Garbarini tiene una responsabilidad social con las mujeres que salen de las cárceles y a las que nadie les da trabajo. De eso se trata la empresa Las Condenadas,

-¿Por qué tanto así?

-Porque entendí que la gente que cometió un delito y pagó por lo que hizo no puede seguir castigado de por vida. Y que si uno puede darles la oportunidad de salir adelante, eso es muy valioso. Esos 25 hombres trabajaron a trato. Fue muy productivo, muy eficiente, con mucho compromiso. Entonces les dije: “Cabros, yo algún día voy a hacer algo grande por ustedes”.

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En 2014, lo hizo, pero no con cabros, sino con cabras. Así lo explica:

-Ese año me robaron mi camioneta frente a mi casa. Pensé: “Yo no quiero que nadie me vuelva a robar”. Y como no soy de la idea de que el Estado debe ser chico y no hay que andar afirmándose en él, pensé que debía trabajar en ese tema: en el control de los robos, dando oportunidades de trabajo para que la gente no robe.

Afirma que siempre ha sido bueno para el diente, para comer bueno y rico. “Es cosa de verme”, comenta, risueño. Así decidió que, a través de la gastronomía, podía contribuir a solucionar un problema social: “la reinserción de la gente que queda con los papeles manchados, pese a haber cumplido su condena y pagado su deuda con la sociedad. De ahí surgen Las Condenadas”.

-¿Por qué Las Condenadas y no Los Condenados? ¿Por qué con mujeres si tu experiencia anterior fue con hombres?

Paolo Garbarini dice que no es feminista, que es un gordo chacotero, pero en este punto se pone serio, súper ingeniero, mega ingeniero, defensor de su marca y esgrime cifras para responder la pregunta.

-No pienso cambiarle el nombre a la empresa, ni siquiera ahora que se han sumado tres hombres a la planta de 8 trabajadores que tiene Las Condenadas. Eso, porque a las mujeres les cuesta todavía más la reinserción familiar, social y laboral. Porque son más castigadas desde el prejuicio y el estigma. En estos 8 años que tenemos de trabajo hemos evitado 51 mil delitos. ¿Sabías que las mujeres que egresan de la cárcel tienen un 47% de reincidencia en el primer año en libertad frente al 3% de las que trabajan en Las Condenadas? ¿Que cada persona encarcelada le cuesta al Estado un millón 300 mil pesos mensuales? Por esa vía le hemos ahorrado al Fisco 3.500 millones de pesos.

Comenta que hoy Chile tiene los niveles de mujeres privadas de libertad más altos de Latinoamérica. “La mayoría por microtráfico. O sea, son el eslabón más débil del mercado de la droga. Es muy raro encontrar a una mujer a cargo de una banda de narcotraficantes. Y ahora se busca aumentar las penas por microtráfico”.

Gran conversador, gran comedor, Paolo Garbarini usó la receta familiar de pan de Pascua para iniciar una fábrica que diera trabajo a mujeres que cumplieron penas en la cárcel.

PYME LÍDER DE WALMART

Paolo Garbarini revive así el origen de “Las Condenadas”, que fundó en sociedad con su amigo, también de ascendencia italiana, Rodrigo Agliati, en 2018. Paolo y Rodrigo habían colaborado en la reconstrucción de casas después del terremoto del 2010 en Boyeruca; asistieron a familias para el incendio de Valparaíso el 2014; colaboraron con la reconstrucción de un pueblo llamado Papalillo, muy cerca de Santa Olga, lugares devastados por el gran incendio del verano del 2017, logrando poner en pie 25 casas del Desafío Levantemos Chile.

Sin embargo, algo faltaba. Terminados los desastres naturales, terremotos y tsunamis volvían a lo mismo. Hasta que un día en un asado, le contaron a un amigo la inquietud de hacer algo relacionado con personas privadas de libertad.

-¿Y por qué no lo han hecho?- preguntó su amigo.

-De huevones nomás-, respondieron.

Al día siguiente se pusieron a trabajar. Era mediados del año 2018.

Paolo, quien insiste en su afición a la comida, cuenta que de ahí nace Las Condenadas. Sagradamente, cada fin de año, preparaba la receta de pan de Navidad de su bisabuela, su abuela y su madre, para entregarles un regalo a sus amigos y a las personas que lo habían ayudado durante el año. Esa fue la base para armar un negocio de panes de pascua y galletas en las que pudieran dar una oportunidad de empleo a las mujeres que cumplían su condena y a quienes les costaba encontrar una oportunidad de trabajo una vez que estaban en libertad.

-Pasaron las cosas más raras, como alguna gente que pensaba que si los panes eran rectangulares podrían servir para meter celulares y armas a la cárcel. O que quizás las cocineras podrían poner veneno en la masa para vengarse de la sociedad por haber estado presas. ¡Un nivel de ocurrencias paranoides! Aprendí el nivel de prejuicios que existe. Que para muchos no es tan fácil meterse un alimento a la boca hecho por una ex delincuente.

Pese a todo, la primera Navidad vendieron mil panes de Pascua en tres días. “Estábamos felices y yo les dije a las cabras nos vemos en octubre. Después pensé: Y qué harán ellas entre enero y octubre. Ahí ellas mismas inventaron las galletas para poder trabajar todo el año. Y esas galletas llegaron a las manos de Walmart. Hoy día somos pyme líder estratégica de Walmart.

FE EN LA VÍRGEN DE LOS MALOS

Emociona escuchar a Paolo Garbarini. Tiene pasión y convicción.

-Hoy contamos con tres líneas de productos: una de aperitivos, otra de panes pita para hummus y la de cositas dulces con la que partimos. Estamos en todos los Líder y en las panaderías grandes. Muchas empresas nos compran nuestros regalos corporativos. Vendemos además a través de nuestra página web lascondenadas.cl.

Con una fe enorme en la colaboración humana, el agrónomo con buen apetito vive buscando alianzas con gente que crea en su ideal, el que está expresado así en su página: “Soñamos con construir un mundo mejor, un mundo de oportunidades que contribuyan a bajar los índices de delincuencia. Vivir atemorizados, enrejados o incluso armados se va haciendo más común de lo que todos quisiéramos. Pero las acciones no son sólo enfrentar la delincuencia, subir las rejas, aumentar penas o construir más cárceles”.

De lo que se trata es de dar oportunidades a quienes ya cumplieron su pena.

De la línea de productos salados para cóctel, son estas galletas. Las encuentras en lascondenadas.cl

El EBIDTA o beneficio operativo puro de esta empresa son las 38 mujeres que han obtenido trabajo formal y un ingreso estable en los años que lleva operando Las Condenadas. “Somos una empresa rara. Creemos más en la colaboración que en la transacción. Entendemos las necesidades de nuestras trabajadoras y no les descontamos las horas que les toma terminar de limpiar sus papeles, porque así son los procesos judiciales: largos y burocráticos. En nuestra fábrica hay lugar para sus niños, cuando no tienen dónde dejarlos.

Se entusiasma contando sobre cuando el papa Francisco visitó la Cárcel de Mujeres. Y dijo que nadie que no haya pasado por ella sabe lo que es la cárcel. Menciona a la fantástica hermana Nelly León, la capellana de las mujeres, que le dijo al papa que en Chile se encarcela la pobreza. Y al ex preso y pato malo, Khristian Briones, quien hoy es destacado empresario y dueño de Aguas Dimas y sólo trabaja con personas que estuvieron presas. “Nosotros sólo usamos su agua para nuestras recetas”, dice, solidario. Y agrega:

-En nuestra fábrica tenemos cuatro pilares constitucionales. Son las cuatro R. Fomentamos la Risa, el Respeto, la Responsabilidad y la Reinserción de quienes has estado privados de libertad. Nuestras galletas llevan el sello de la 4 R.

La novelista mexicana, famosa sobre todo por su libro Como agua para chocolate, Laura Esquivel, visitó su fábrica, desayunó con las y los condenados y les contó que, a través de la literatura, había trabajado con miembros de la Mara Salvatrucha, una de las pandillas y organizaciones criminales transnacionales más temidas de América. “Imagínate lo alucinante que fue para nosotros su visita y la esperanza que da que, con oportunidades, las personas se salvan, se integran y logran la reinserción”.

-El papa Francisco dijo en su visita a la Cárcel de Mujeres de Santiago no puede ser lo mismo estar privado de libertad que estar privado de dignidad. Entonces eso, nosotros somos muy conscientes de lo que hacemos.

-Te noto re católico. ¿Lo eres?

-Soy muy cliente de la Virgen, soy muy católico. Pero soy pecador. También el Papa Francisco nos invitaba a reconocernos pecadores. Nosotros altarcitos en cada bodega donde tenemos vírgenes tejidas a crochet por mujeres de la cárcel. Cuando mi hijo dio la PAES (Prueba de Admisión a la Educación Superior), le prendí una velita a la Virgen de Montserrat, que es la llamada la Virgen de los Malos o la Patrona de los Delincuentes, sin mucha convicción. ¡Mi hijo sacó puntaje nacional!

Antes de terminar la conversación que tuvimos en el programa Ojos que Sí Ven, Paolo hace una precisión:

-Lo que hay detrás de Las Condenadas va más allá de ser católico o religioso, tiene que ver con hacerse cargo de que uno es parte de una sociedad y que no se le puede pedir al Estado que nos solucione todos los problemas. La convivencia se soluciona conviviendo. Conociendo al otro, integrándolo, incluyéndolo. Eso es lo que nosotros tratamos de hacer con Las Condenadas.