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A los 84, Marta todavía tiene flores que cuidar

En su casa de Bulnes, las salvias moradas y las calas hablan de una mujer que ha sabido hacer florecer la vida incluso en medio de las dificultades. Marta Palma fue madre, crió a un niño adoptivo al que llama su ángel y lo cuidó hasta el final a él y a su hermano menor. Hoy, con el apoyo del Hogar de Cristo, transita una nueva etapa: después de cuidar tanto a otros, empieza a tener tiempo para ella.
Por Ximena Torres Cautivo Fotografías: Mauricio Hofmann
Octubre 23, 2026

En el jardín de Marta Palma (84) las aromáticas salvias de flores moradas se entremezclan con las calas y las bicicletas usadas, que vende su marido. La casa es pequeña, ampliada a puro ñeque, soplada de limpia, brillante y embaldosada.

La visitamos como una de las participantes activas y destacadas del servicio de apoyo domiciliario a las personas mayores que el Hogar de Cristo tiene en Bulnes, comuna ubicada 25 kilómetros al sur de Chillán, región de Ñuble. Bulnes es apacible, de calles rectas, arboladas. Hay un par de molinos en las afueras y camelias crecidas en torno a la plaza, que justifican que sea conocida como “la ciudad de las camelias”.

Marta Palma, adulta mayor destacada en la comuna de Bulnes nos recibe en su casa de la Población Villa Larque.

Marta nació, creció y ha vivido toda su vida adulta acá. Sin mucho tiempo para cultivar camelias. Tuvo tres hijas como madre soltera y un día, en una ramada dieciochera, la sacó a bailar quien hoy es su marido y padre de sus tres hijos varones, además de haber criado a sus niñas como propias.

-Lo vi al medio de otros dos jóvenes, sus hermanos. Y de inmediato me gustó. Yo estaba parada con los brazos cruzados sobre el pecho, sin bailar. Él se acercó y me llevó a la pista de baile. Bailamos un vals. Él dice que antes les había comentado a los que andaban con él: “Esa morenita de pelo largo va a bailar conmigo y se convertirá en mi mujer”.

-Fue amor a primera vista por ambas partes, entonces.

-Parece, porque pololeamos 6 meses y nos casamos. A él no le importó que yo fuera mamá soltera y tuviera tres niñas. Yo se lo conté de un comienzo, porque para mí no era para nada algo para avergonzarse y si él no lo entendía así, no valía la pena. Pero él quiso a mis niñas de un principio y las crio como suyas.

Él es diez años menor que yo -dice en tono bajo, como haciéndonos una confidencia. Luego suelta una risa y dice que nunca ha sido una dificultad esa diferencia de edad, aunque “él es como un niño. Ahí tiene sus bicicletas y estas armas que tiene aquí colgadas de adorno. Esos son sus juguetes”.

“Los juguetes de mi marido”. Así llama Marta Palma a estas armas que su esposo tiene colgadas como decoración en el living de la casa. “No vayan a creer que soy terrorista”, dice ella, muerta de la risa.

Es notable la simpatía, inteligencia, vitalidad de Marta.

Con Marta Stuardo, su hija menor, que es dirigenta de una Junta de Vecinos de la comuna de Bulnes.

SUS DOS MUERTOS MÁS QUERIDOS

Hasta hace unos dos años cuidaba dedicada y amorosamente a dos familiares cercanos y queridos. Cristián Palma Palma, su sobrino, aunque es más certero llamarlo su hijo adoptivo, murió a los 45 años en 2024.

-Lo recibimos con diez días de vida y me encargué de él hasta su muerte. El niño tragó líquido al nacer y quedó con una discapacidad severa. Sólo se arrastraba. Gateaba. No hablaba, pero era un ángel. Nuestro ángel. Después acogimos a mi hermano menor. Era asmático, igual que yo. Y tenía diabetes. Se fue sin una patita, porque a causa de la diabetes se la tuvieron que cortar. Yo los cuidaba a ambos 24/7. No paraba.

Marta podría ser la niña símbolo de las cuidadoras adultas mayores en Chile. Y de alguna manera y a nivel local, lo es. La casa, que ya dijimos está primorosamente decorada, es un muestrario de galvanos y diplomas que dan prueba de su entrega. Premios en el Día de la Madre, como Cuidadora Destacada, como Adulta Mayor Admirable.

Muchas personas mayores a cargo de familiares no valentes sufren del síndrome del cuidador, se desgastan física y psicológicamente, pero esta mujer menuda y bajita parece tener una fuerza sobrehumana. Y parece estar superando bien el duelo de sus muertos tan queridos. Tuvo ayuda, eso sí, dice. De su propia familia. Y del Hogar de Cristo.

Aficionada a hablar en diminutivos, celebra la existencia de “don Juanito” -se refiere a Juan Nova, quien es el jefe del servicio de apoyo domiciliario para personas mayores en Bulnes-, quien la admira y la promueve. Y la visita regularmente trayendo ayuda. El servicio recibe apoyo de la DIDECO municipal, el que destinan a comprar cajas de mercadería. Logran entregar tres en el año a cada una de las 30 personas mayores a las que apoyan. Parece poco, pero los beneficiarios lo agradecen y celebran.

MIS FALTAS DE ORTOGRAFÍA

-El Hogar de Cristo me ha ayudado con pañales, con las cajas familiares, pero sobre todo con compañía y actividades. Me ayudaban cuando Cristiancito y mi hermanito estaban con nosotros y también ahora que se han ido -dice, emocionada.

Hoy Marta está sin el peso del cuidado. Más atenta a sus propios achaques, que son pocos. “Soy asmática y tengo artrosis, pero todavía puedo hacer mis cosas sola, sin ayuda”. Muestra sus manos, tersas pese a haber trabajado duramente toda la vida.

Sus manos no muestran todo lo que las ha usado en su vida. “No parecen artrósicas, ¿cierto, nos pregunta Marta Palma.

-Yo trabajé como empleada doméstica durante muchos años. Mi mamá me cuidaba a las niñas. Fui nana donde la familia Gamonal de acá de Bulnes.  También trabajé un tiempo en Viña del Mar.

 

Marta ya no carga con las duras tareas de cuidado que afrontó toda la vida.

Marta fue a la escuela sólo hasta tercero básico. Le gusta leer, pero no sabe escribir. “Cometo puras faltas de ortografía”. Su marido es maestro. “Hace de todo bien; no es un chasquilla”, precisa. Cuenta que hace 8 años tienen esta casa en la Población Villa Larque de Bulnes, un barrio verde y bonito.

-Primero compramos el sitio. Es largo y angosto. Pusimos primero una mediagua. Y hace ocho años construimos esta casa. Puedo decir orgullosamente que vivo en lo propio- comenta Marta, quien ahora tiene tiempo para sí misma, pero no para de hacer cosas.

Da cuenta de ello el verdor de las salvias y lo turgente de las calas de la entrada de su casa.