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Ignacia Moreno: “No conocía el olor a nuevo”

La gerente general de la Fundación Banco de Ropa hace notar que en un país que consume 32 kilos de ropa al año, miles de personas nunca han tenido una prenda nueva. Y recuerda al hombre que le dijo la frase que titula esta entrevista, La oenegé que dirige articula una solución donde el descarte del retail se convierte en inclusión y dignidad.
Por Ximena Torres Cautivo
Junio 6, 2026

Óscar Wilde definió “la moda como una forma de fealdad tan intolerable que tenemos que cambiarla cada seis meses”. Fue en todo orden de cosas un adelantado. En este caso, pillándole anticipadamente las costuras al actual “fast fashion”. La moda rápida, un modelo de negocio que produce, distribuye y vende ropa a bajos precios de manera masiva, replicando tendencias de alta moda en tiempo récord para fomentar el consumo desechable.

Un positivo efecto colateral de este consumismo absolutamente contaminante —la industria textil es la segunda más tóxica de todas— es que hoy los pobres ya no se visten como pobres. Los niños abandonados no andan con ropa andrajosa de hombres grandes, como a mediados del siglo pasado en Chile; en apariencia, lucen como el resto de los niños. Similares poleras, parkas, zapatillas.

Ignacia Moreno, la gerente general de Banco de Ropa, sabe de lo que hablamos y nos cuenta en “Ojos que sí ven”, el programa que hacemos en Cooperativa, a quién viste y con qué ropa esta fundación que este 2026 cumple 20 años de existencia.

-Básicamente, nosotros recibimos ropa ciento por ciento nueva de las empresas del retail. La procesamos, le quitamos el botón de alarma, las etiquetas con el precio y luego la organizamos en kits personalizados para los beneficiarios finales. En esta explicación inicial yo siempre aclaro que no es ropa con desperfectos o que lleve guardada años en una bodega. Todo lo contrario, a veces son las mismas prendas que se están vendiendo en las tiendas.

-Interesante precisión, porque siempre ha sido un problema de caridad malentendida regalar ropa en mal estado. Lo hemos visto en emergencias. ¿Cómo evitan ser resumidero de lo que sobra?

-Somos la antítesis de eso, porque lo que recibimos está en perfecto estado. No es lo que no se pudo vender, sino que es el resultado de la sobreabundancia del fast fashion. Nosotros le ahorramos al retailer el tema de bodega.

30 MIL PERSONAS CON ROPA NUEVA

Simpática, joven, alegre, Ignacia Moreno es una ingeniera comercial que le ve el lado positivo a las cosas. Considera que donar ropa “es algo que trasciende la materialidad. Llevarle a alguien que lo necesita un kit de prendas es un mensaje de cariño, que refuerza la autoestima y la dignidad de quien lo recibe”.

Banco de Ropa trabaja de manera directa con decenas de fundaciones que ayudan a quienes no tienen la oportunidad de comprarse ropa: adultos mayores en pobreza, personas privadas de libertad, niños en residencias de protección, entre otras poblaciones vulnerables. “La ropa para ellos significa una oportunidad de insertarse socialmente y de ser mirados de una manera distinta”, afirma. También intervienen en casos de emergencias por catástrofes naturales, cuando la gente se queda sin nada.

Rescata además que todas las entregas son con la participación de voluntarios. Generalmente, estudiantes de colegio y de universidades. “Nosotros distribuimos estos paquetes personalizados con el nombre y apellido de cada persona. Aunque inicialmente no la conocemos, preparamos cada pack de acuerdo a su talla, a su circunstancia y tratamos de generar con los voluntarios un momento especial al hacer la entrega”.

La gerente general de Banco de Ropa estuvo en Ojos que sí ven en Radio Cooperativa.

Ignacia se refiere a algo tan sutil como subir el cierre de una parka, ayudarle a alguien a ponerse un suéter. “Son pequeños gestos de empatía y humanidad. Las entregas son una instancia súper especial”.

Banco de Ropa impacta anualmente a unas 30 mil personas en pobreza.

-Pero no se trata de que a la señora Juanita de una residencia equis la vayan a vestir para siempre. ¿O sí? ¿Con qué criterio y regularidad se entregan los packs?

-No, no es así. Entregamos a las instituciones que más lo necesitan y eso varía de acuerdo a las circunstancias. Ocupamos mucho el criterio, pero intentamos llegar a la mayor cantidad posible de personas que lo necesitan.

VERDE: MI COLOR FAVORITO

Los packs que arman los voluntarios de Banco de Ropa contienen seis prendas nuevas y se valorizan en unos 180 mil pesos. La fundación hace ver que ese monto corresponde a un tercio de sueldo mínimo bruto, por lo que es una importante ayuda para las personas beneficiadas.

-Pese a lo frívolo que puede ser el mundo de la moda y a lo esencial que es para cubrir la necesidad básica de abrigo, lo que me toca ver es muy impresionante desde el punto de vista humano. Hay en la entrega de ropa algo muy íntimo y personal. Por eso, nunca me ha pasado que las personas tomen el paquete y se vayan -comenta Ignacia.

“Ay, justo coincide con que el verde es mi color favorito”, le han dicho. Cosas que ella considera muy humanas y que dan pie a conversaciones profundas. “No conocía el olor a nuevo” es un comentario que a Ignacia Moreno la marcó. Se lo dijo un hombre que nunca había tenido nada propio, nada que no hubiera usado otro antes.

También la mueve y la conmueve el valor de la ropa, de la apariencia personal, a la hora de buscar una oportunidad laboral:

-Con el desempleo femenino a una tasa de diez por ciento, no puedo dejar de pensar en cuellos de botella objetivos. Existen mujeres que nunca han trabajado de forma remunerada a las que se les hace un mundo presentarse en una entrevista de trabajo, porque no tienen qué ponerse. No tienen una tenida para eso. Así de simple. Porque no es exagerado decir que nuestros beneficiarios son gente que nunca ha tenido nada nuevo o de su talla.

RUMAS DE DESECHO EN EL DESIERTO

La trivia contaminante indica que la industria textil es la segunda que más residuos tóxicos genera, después de la de los hidrocarburos. Otro dato interesante es que en Chile el consumo de ropa llega a los 32 kilos por persona al año, una tasa altísima. Por eso es tan importante la Ley de Responsabilidad Extendida, la REP, tema que le planteamos a nuestra entrevistada.

-No es mi expertise lo legal. Pero esa legislación encierra un tema de innovación social del que nosotros, como fundación, somos parte, ayudando a los retailers. De lo que se trata es que todo proceso contamina y que el productor o vendedor es responsable de que no quede remanente ni merma dando vueltas por ahí, convirtiéndose en basura.

-Un caso escandaloso como país fue la denuncia de ese vertedero monstruoso de toneladas de ropa de segunda mano cerca de Alto Hospicio, en el desierto de Atacama. ¿Cómo lees tú esa noticia?

-Es lo opuesto a lo que hacemos nosotros. Banco de Ropa recibe los remanentes de los retailers, evita que se conviertan en desecho y que terminen en el desierto o en cualquier parte. Recibir ropa nueva, de calidad y darle una salida solidaria y sustentable es puro sumar valor. Es solucionar y aportar. De alguna manera, dignificamos lo que sobra.

Entregando ropa, la ingeniero comercial Ignacia Moreno siente que se produce un encuentro humano que va mucho más allá de la donación puntual.

Ignacia comenta que un 3 por ciento de lo que reciben no lo pueden donar. “Son cosas con alguna falla menor, algo descosido o rasgado, en fin”.

-A todo aquello que no se puede donar le damos un cauce, un uso alternativo. Así, hemos creado una red de apoyo en diferentes municipalidades de la Región Metropolitana que trabajan con mujeres vulnerables que necesitan aprender un oficio. En este caso, el oficio de la costura. Esas prendas que les donamos son la materia prima para sus talleres e incluso para crear ropa nueva con ese material.

Celebra que, a partir de esa iniciativa, Banco de Ropa está empujando la empleabilidad de mujeres, muchas veces jefas de hogar.

Montañas de ropa usada se acumularon durante meses en las cercanía de Alto Hospicio. El caso fue noticia mundial.

-Volviendo al vertedero de ropa usada en Alto Hospicio que fue noticia mundial, te pregunto: ¿cuál es la postura de Banco de Ropa frente a la ropa usada, donde Chile es el cuarto consumidor a nivel latinoamericano?

-Creo que de todas maneras hay que darle un cauce, un uso. Impedir que se amontone en cualquier parte y se convierta en basura. Por un lado, creo que es súper bueno que la gente joven tenga esta conciencia y aplique criterios de sustentabilidad al comprar ropa usada. También aplaudimos el upcycling, que es lo que hacen las mujeres de los talleres de costura con ese tres por ciento de prendas con alguna falla que nosotros no podemos donar.

-Dentro de la frivolidad de la moda, lo que más espanta son las marcas que utilizan y explotan a niños para la confección de sus productos.

-Lamentablemente en Chile no existe ninguna sanción a marcas donde se sabe que hay involucrada mano de obra infantil. A nivel mundial, sí ha ido creciendo la conciencia. El derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh en 2013 marca un antes y un después en esto. Pero falta muchísimo que hacer. Yo estuve en India en enero pasado y pude ver el uso de mano de obra infantil a un costo que da vergüenza. Duele el corazón ver que ellos fabrican muchos de los productos que después acá sobran. Ahí hay un desajuste humano que cuesta entender —responde Ignacia Moreno.

Y antes de terminar lanza una pregunta para seguir dándole vueltas: “Cómo hay tanto exceso siendo que existen tantas personas que nunca en su vida han podido acceder a nada nuevo”.