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Moisés Jáuregui: De no saber leer a llevar salud dental a personas en calle

A los 13 años, era un niño gitano que no sabía leer ni escribir, con una infancia marcada por la exclusión y el consumo de drogas. Hoy es ingeniero en prevención, magíster en gestión de atención primaria de salud y docente de la Universidad de Valparaíso. Junto a su esposa, cirujano dentista, creó la Fundación Moisés Jáuregui, que lleva atención odontológica gratuita a grupos que tienen dificultades para acceder a ella. Su última parada fue la Hospedería de Hogar de Cristo en Valparaíso.
Por María Teresa Villafrade Foncea
Octubre 8, 2026

“Yo soy el primer gitano magíster en Chile”. Moisés Jáuregui Sevich (42) lo dice con orgullo, pero sin olvidar al niño que fue. “Hasta los 13 años no sabía leer ni escribir. Nunca había ido al colegio”. Hoy, parado frente a una de sus cuatro unidades dentales portátiles, cuesta imaginar aquella infancia. Moisés es ingeniero en prevención, tiene cuatro diplomados, un magíster en gestión de atención primaria de salud, es docente de Salud Pública en la Universidad de Valparaíso y, junto a su esposa, Jenniffer González, cirujano dentista, dirige una clínica y una pequeña fundación que lleva su nombre.

Su historia tiene algo de improbable. Y también de revancha contra las circunstancias.

Moisés creció en una familia gitana que pertenecía, según cuenta, al segmento más vulnerable de esa comunidad: los invasores, que es el nombre que le dan a los que viven en la calle. Conoció las drogas desde muy pequeño -desde los 6 hasta los 13 años- y pasó varias veces por hospederías del Hogar de Cristo en Santiago y Los Andes.

Así estaba Moisés a los 13 años cuando fue acogido por una familia en Casablanca que le ayudó a estudiar por primera vez.

Hasta que una familia de Casablanca le abrió una puerta que cambiaría su vida: le dio un lugar donde quedarse y la posibilidad de estudiar.

Entró al colegio y aceleró los tiempos. Dio exámenes para avanzar de primero a quinto básico y, en apenas seis años, completó estudios que normalmente toman doce.

“Yo hablo de romper ese esquema, a pesar de haber estado en la drogadicción y de haber tenido una vida un poco complicada”, dice. Esa frase resume también el espíritu de su libro Tú puedes. El gitano que rompió el esquema social, donde relata las pequeñas batallas que fue dando para transformar su propia historia.

UN DOLOR DE MUELAS NO PUEDE ESPERAR

Su vocación de servicio comenzó mucho antes de crear la fundación. Hace más de una década, Moisés y su esposa comenzaron a atender a integrantes de la comunidad gitana que no tenían cómo acceder a una atención odontológica.

Todo partió en un campamento.

Moisés nunca cortó lazos con sus orígenes.

“Unos gitanos dijeron: ‘Hoy me duelen unos dientes’. Pero nosotros no podíamos atenderlos”, recuerda.

La solución fue comprar un equipo dental portátil y llevarlo directamente hasta donde estaban las personas. Así comenzaron los operativos de extracciones, limpiezas y restauraciones.

Operativo dental en un campamento gitano.

 

Después llegaron nuevos equipos y voluntarios. Hoy cuentan con cuatro unidades portátiles, dos de ellas donadas por los mormones, cerca de siete odontólogos que colaboran de manera gratuita y permanente: Alfredo Cueto, Muriel Reyes, Gustavo Pérez y Baco Larrondo, entre otros. Y estudiantes de Odontología de la Universidad de Valparaíso que se suman a los operativos: Javiera Diaz (5to año), ⁠Mariagracia Rosales (5to año), ⁠Noelia Rivera (1er año), ⁠Josefa Piña (1er año), Fernanda Mella (5° año) e ⁠Ivanka Meza (1er año), por mencionar algunos.

“Este tema del voluntariado es parte de nuestro ADN desde siempre”, afirma Moisés.

LA UNIÓN DE DOS VOLUNTARIOS

Esta vez, el destino fue la Hospedería de Hogar de Cristo en Valparaíso. El vínculo se produjo gracias a Gonzalo Luna, coordinador de Vinculación con el Medio de la Universidad de Valparaíso y, al mismo tiempo, voluntario de Hogar de Cristo.

“Me dijo: ‘Moisés, tú haces una labor tan buena… yo soy voluntario en la hospedería, no sé si hay alguna posibilidad de que ustedes puedan prestar un servicio’. Y yo le dije: ‘Sí’”.

El operativo debió esperar algunos meses. En abril, a Moisés le descubrieron un tumor de 23 centímetros en el colon y tuvo que ser operado de urgencia. Después vino la recuperación y, finalmente, el sábado 3 de octubre pudo concretarse la jornada.

En la hospedería de Hogar de Cristo en Valparaíso, voluntarios de la fundación Moisés Jáuregui atendieron a 20 pacientes en situación de calle.

Casi 13 personas —entre estudiantes y profesionales— llegaron con los equipos portátiles y atendieron a cerca de 20 participantes de la hospedería.

Fue, además, la primera colaboración de la fundación con Hogar de Cristo. Moisés cree que es posible que sean muchas más si establecen una alianza ambas fundaciones.

La situación dental que encontraron era compleja. Varios participantes tenían restos de dientes alojados en las encías, que podían convertirse en focos infecciosos.

Hubo extracciones, limpiezas y educación en salud bucal.

“Había que hacer la extracción para eliminar los focos infecciosos”, explica Moisés.

Para Daniela Moreno, jefa de la Hospedería de Hogar de Cristo en Valparaíso, la jornada fue mucho más que una atención médica. Fue una manera concreta de acercar salud y dignidad a personas que muchas veces quedan al margen de este tipo de prestaciones.

Los insumos —anestesia, gasas, guantes y mascarillas—, son financiados por Moisés a través de su clínica.

“Una sonrisa saludable es también una oportunidad para recuperar confianza, bienestar y dignidad. Por ello, seguiremos impulsando acciones que acerquen la salud a quienes más lo necesitan”, señala.

UNA BUENA DOSIS DE GENEROSIDAD

Nada de esto sería posible sin una buena dosis de generosidad. La Fundación Moisés Jáuregui es pequeña y se autofinancia.

Los insumos —anestesia, gasas, guantes y mascarillas—, los pasajes de los estudiantes y las colaciones de quienes participan son financiados por Moisés a través de su clínica.

La jornada en la hospedería duró cinco horas, pero el trabajo comenzó mucho antes: preparar los equipos, esterilizar el instrumental y, después de la atención, volver a limpiarlo y dejarlo listo para el próximo operativo.

“Tratamos de hacer lo más que podamos dentro de lo que tenemos”, dice.

Moisés Jáuregui es docente en la Universidad de Valparaíso.

Es una frase sencilla para una historia que habla de mucho más que un operativo dental. Habla de alguien que alguna vez necesitó que una puerta se abriera para él y que hoy dedica buena parte de sus esfuerzos a abrirla para otros.

Porque Moisés sabe que una oportunidad puede cambiar una vida. Él es la prueba.