¿Cómo puede la arquitectura aportar soluciones concretas a la exclusión social? Esa fue la pregunta que guio el trabajo de estudiantes de quinto año de Arquitectura de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), quienes desarrollaron proyectos orientados a crear servicios para personas en situación de calle, en alianza con Hogar de Cristo y bajo la metodología Aprendizaje + Servicio (A+S).
La iniciativa se desarrolló durante el primer semestre de 2026 en el marco del Taller IX, asignatura donde los estudiantes comienzan a trabajar proyectos arquitectónicos complejos y enfrentan desafíos vinculados a usuarios reales.
“En este taller uno le enseña al alumno a generar proyectos. Durante los primeros años se trabaja lo conceptual y espacial, pero a medida que avanzan en la carrera comienzan a desarrollar edificios y proyectos más complejos”, explica el profesor del taller, Helmuth Harbst.

Lo novedoso este año fue precisamente la vinculación con un cliente real: Hogar de Cristo.
“Para los alumnos es fascinante, porque en años anteriores habían desarrollado proyectos, pero sin un cliente real detrás. Aquí trabajaron con una institución que enfrenta diariamente esta realidad”, agrega.
La colaboración comenzó en marzo con un acercamiento entre estudiantes y el Departamento de Arquitectura de Hogar de Cristo, cuyos profesionales participaron en una primera clase explicando el trabajo de la fundación, las necesidades existentes y los desafíos asociados a la situación de calle.
Ese intercambio permitió que los estudiantes desarrollaran propuestas aterrizadas a necesidades concretas. En total se presentaron 12 proyectos, de los cuales Hogar de Cristo seleccionó tres para profundizar su desarrollo.
Para Harbst, uno de los principales aprendizajes estuvo en el cambio de mirada que experimentaron los estudiantes respecto de la pobreza y la exclusión extrema.
“Todos vemos personas en situación de calle todos los días, pero muchas veces solo las vemos pasar. Uno sigue con su vida. Ahora, de alguna manera, incorporaron esa realidad dentro de su conocimiento y entendieron que la arquitectura también puede entregar soluciones para vivir mejor”, señala.

El trabajo permitió conectar el diseño arquitectónico con preguntas sobre dignidad, acceso y bienestar, obligando a los futuros arquitectos a pensar soluciones desde la experiencia concreta de las personas.
La alianza entre la UTEM y Hogar de Cristo no termina aquí. Durante el segundo semestre continuará el trabajo colaborativo, esta vez con foco en proyectos habitacionales de mayor escala.
“Ahora estamos trabajando en un proyecto de vivienda para personas en situación de calle. Ya tenemos programadas visitas para junio y julio para conocer mejor esa realidad y desarrollar propuestas más completas”, adelanta Harbst.
La idea es avanzar hacia un proyecto único y de mayor tamaño, manteniendo la metodología Aprendizaje + Servicio como eje central: aprender desde la experiencia y poner el conocimiento al servicio de quienes enfrentan mayores niveles de exclusión.
Así, la arquitectura deja de ser solo diseño de espacios y se transforma también en una herramienta para construir integración, dignidad y nuevas oportunidades.