Un informe de la Biblioteca del Congreso Nacional, con datos del Instituto Nacional del Deporte, señala que la Región Metropolitana cuenta con más de 4 mil multicanchas públicas.
Un dato positivo.
Pero ¿las están usando los niños, las niñas y los jóvenes de las comunas de la capital? ¿Están quemando energía en ellas o están encerrados en sus casas, solos, jugando digitalmente frente a una pantalla?
Para Óscar Peña, director general de Reyes de la Calle, desgraciadamente, las pantallas tienen a los niños de Chile, sobre todo a los de sectores vulnerables, sedentarios, con sobrepeso, si no obesidad, ensimismados y alejados de lo que a él lo salvó en su infancia: el deporte.
-Cuando yo era niño estaba la tentación de la droga, que ahora también existe, pero no había esta otra droga que son las pantallas y que tienen una fuerza increíble. Yo provengo de un barrio vulnerable, de la población Los Morros, en San Bernardo, y el baloncesto callejero, el basket de exhibición, el streetball, me condujo por el buen camino. A mí y a mis amigos.

Óscar hoy tiene 40 años. Es padre de dos niños. Uno de 7 y otro de 11. Basquetbolistas ambos. Altos, como su padre que mide un metro 93 centímetros.
-Pero, fíjate que en esto no importa tanto la estatura. Todo esto partió en el barrio, en los blocks de mi población. Un amigo pasó a invitarme y yo le dije: “Pero la pelota de basket es muy dura”. Fue como una profecía; me hicieron un pase y me quebré el dedo. Me fui llorando para la casa. Entonces tenía 14 años.
No se desalentó. Volvió a la cancha y le empezó a gustar. “El streetball nace en Estados Unidos, en los barrios negros, marginales y vulnerables. Y está muy ligado a la cultura del hiphop, del rap, del arte callejero. Nosotros con mis amigos, encontramos la inspiración en un mixtape en un VHS”.
-¿Cómo fue eso?
-Nosotros no teníamos los recursos para jugar básquetbol en forma. Entonces íbamos a la calle Bandera a comprar zapatillas usadas, camisetas, jockeys, porque ahí llegaba todo el producto americano. Hacíamos una vaca y nos comprábamos los implementos que nuestros papás no podían costearnos. En esos paseos, descubrimos que en el Eurocentro había una tienda que se llamaba Deporte Elite, que traía ropa de básquetbol nueva y súper cara.
-Inalcanzable.
-Claro, pero en la vitrina pasaban videos de la NBA y nosotros los íbamos a mirar a través del vidrio. Era el año 2000; no había internet y muy pocos tenían cable. El dueño de la tienda nos conocía y un día nos mostró el mixtape con imágenes de streetball. Pensó que nos gustaría. Ahí con mis amigos optamos por prescindir de las zapatillas y comprar la cinta en VHS.
Alucinaron con lo entretenido, lo lúdico, lo vivo, que era el deporte. Lo comunitario y enriquecedor para adolescentes como ellos. “Ahí partió todo. Yo pude perderme. Pero apareció el deporte y me abrió un camino”, dice.
No es trivial que en Chile hoy sí haya multicanchas en las poblaciones. Y que estén en buen estado, disponibles, como hace notar Óscar Peña.
-Nosotros teníamos que montar y desmontar el aro, porque entonces casi todo era baby futbol y fútbol. Lo desatornillábamos y nos lo llevábamos para la casa, para que los chicos que jugaban a la pelota no lo rompieran. Llegábamos del colegio a las 5 de la tarde y no parábamos hasta la noche. La cancha en la que jugábamos está destruida, pero ahora hay por lo menos cuatro en el sector, todas mucho más lindas que la nuestra.
-Eso era en San Bernardo, comuna que se ha vuelto trágicamente célebre por la participación de jóvenes en crímenes gravísimos. ¿Cómo lees estos casos?
-El caso de los cinco jóvenes que arrastraron a otro en un auto robado me quebró. Me sacó lágrimas. ¿Qué destino habrían tenido esos adolescentes si hubieran tenido la oportunidad de ser formados en los valores que entrega el deporte? Todo pasa por formación y acompañamiento.
Óscar dice que él era hijo de una madre soltera que trabajaba 24/7. “Yo pude perderme. Pero tuve una salida formativa, que fue el streetball. Una oportunidad que se me presentó y me abrió muchas puertas: entrar al básquetbol profesional, tener una beca deportiva universitaria, estudiar preparación física. No sé qué habría sido de mí si no hubiera encontrado el camino del deporte”.
-¿No fuiste el único beneficiado?
-El 80 por ciento de los que participamos del grupo Los Reyes de la Calle somos docentes, profesionales, dueños de empresa. Los quince estamos bien. No nos hemos desviado. Por eso me apasiona tanto revivir la iniciativa. Siento que así podemos aportar un granito de arena, activando el espacio público y a la comunidad, a través del streetball, deporte lúdico que los niños de hoy no conocen, porque todo esto pasó hace 25 años.

-Explícanos: ¿qué es Reyes de la Calle?
-Reyes de la Calle es un movimiento urbano de streetball, deporte que se juega en espacios públicos, canchas o calles. Es un incentivo para sacar al niño de la casa, para que conviva sanamente y haga deporte. Para que cuando llegue del colegio en vez de agarrar una pantalla tome el balón y juegue. Mejor aún si lo hace con el papá o la mamá, con los hermanos. Eso es lo que hacíamos nosotros, y harto que nos sirvió.

Estos eran Los Reyes de la Calle, en 2003, cuando Óscar Peña era un joven que encontró en la práctica del basket de exhibición un camino.
A Óscar Peña le interesa la formación, la consultoría en deportes, el desarrollo del básquetbol como deporte, el regreso de Reyes de la Calle con más fuerza y proyección que la que tuvo en los años 2000. Pero sobre todo le interesa su familia. Ahí, porque lo ha vivido y lo vive a diario, también le apasiona la inclusión de las personas con discapacidad del tipo que sea.
-Mi hijo menor, de 7 años, tiene hipoacusia bilateral severa. En simple, significa que es sordo, que escucha el diez por ciento de lo que escuchamos todos. Usa audífono y hoy, gracias a Dios, después de una larga espera fue implantado. Le hicieron un implante coclear y está muy bien.
Dice, con orgullo: “Valentino es un niño altísimo. A sus 7 años, mide más de un metro 50. El mayor, de 11, también lo es y ya está involucrado en el básquet formativo. Juega en un club profesional”
-¿Cuál es el beneficio de practicar streetball para tu hijo que tiene sordera?
-El mismo que para todos: no estar pegado a una pantalla. Aprender una disciplina que abre muchas posibilidades a futuro. Los papás, los apoderados no le toman el peso al deporte en general. Muchos de ellos hoy pueden convertirse en una profesión atractiva y bien remunerada, que abre puertas, que es socialmente útil.
-¿Cómo invitarías a los que nos escuchan a que involucren a sus hijos, a sus nietos, a sus niños en algo como Reyes de la calle?
-Los invitaría a que nos inviten a sus colegios a hacer activaciones. Esto hay que verlo para descubrir lo entretenido que es. Estamos viendo a través de los municipios hacer nuevamente un Open Run como el de 2003 donde elegiríamos a los mejores jugadores de entre 15 y 18 años por comuna para hacer después una gira nacional. Para inculcar el deporte a los jóvenes se necesita semillitas como ésa. La clave de todo es entretención y pertenencia.