Las organizaciones sociales conocen de cerca las necesidades de los barrios donde trabajan. Son sus equipos y voluntarios quienes, muchas veces, detectan primero las dificultades, acompañan a las familias y construyen respuestas junto a las propias comunidades. Por eso, cuando una de estas organizaciones consigue nuevos recursos para sostener su labor, también se fortalece el tejido comunitario.
Ese es el caso de la Fundación Acción Social y Voluntaria, organización con presencia territorial en Maipú y vinculada a la red de Acción Solidaria de Hogar de Cristo, que se adjudicó una Subvención Municipal de la Ilustre Municipalidad de Maipú.
Rosario Abarzúa (47), técnico social, es la gestora de esa fundación desde 2018 junto a sus hijos, con quienes comenzó visitando un campamento en Maipú. Desde entonces, trabajan en los sectores vulnerables no solo de Maipú, sino de otras comunas, como San Bernardo y Pedro Aguirre Cerda.

El financiamiento del municipio le permitirá dar continuidad y fortalecer parte del trabajo comunitario que desarrolla en el territorio, consolidando iniciativas destinadas al acompañamiento de personas y familias, nutrición, orientación social y generación de espacios de desarrollo comunitario.
“A partir de 2021 obtuvimos personalidad jurídica y nuestros ejes de acción son muy variados porque van respondiendo a problemas y necesidades que vamos detectando en nuestros operativos sociales”, explica.
Para combatir el abandono escolar que veían aumentar en la comuna, crearon una escuela de liderazgo juvenil y un comedor social, donde atienden a niños desde los 5 a los 17 años.
“Me preocupé mucho cuando escuché hablar de los niños ‘foco’ en las escuelas, que son niños que se portan mal o que provienen de familias con problemas de narcotráfico. Esos son los niños que más apoyo necesitan y los quisimos atraer con un comedor social, no con una olla común. Acá vienen a realizar talleres y a recibir buena alimentación”.
Asegura que al hablar de la infancia “todos se preocupan, pero nadie se ocupa”, y que por eso decidieron actuar.

“Es increíble la cantidad de niños sin oportunidades que he conocido, con padres que o están presos o ausentes. Para ellos, el tener manteles de colores en la mesa del comedor ya es un cambio significativo. Mi equipo de voluntarias maravilloso se fija hasta en esos detalles”.
Acción Solidaria apoya su quehacer de manera permanente, vinculando a estudiantes universitarios que desean realizar su práctica profesional con esta fundación. Y reconoce con admiración la capacidad de Rosario para movilizar recursos, establecer alianzas y generar respuestas concretas.
“Cuando una organización social logra acceder a recursos y nuevas alianzas, no parte de cero: existe un trabajo previo. Hay vínculos construidos con la comunidad y un conocimiento profundo de las necesidades del territorio. Estos fondos permiten justamente fortalecer ese camino y ampliar las posibilidades de respuesta”, señala Marcela Martínez, coordinadora de Acción Solidaria.

La posibilidad de acceder a fondos públicos, privados o provenientes de alianzas con otras instituciones puede marcar una diferencia para organizaciones que cuentan con experiencia y arraigo territorial, pero que necesitan recursos para sostener y ampliar su labor.
En este sentido, la Subvención Municipal obtenida por Fundación Acción Social y Voluntaria constituye también un reconocimiento al trabajo que las organizaciones comunitarias realizan cotidianamente en Maipú.
“Yo lo veo más como un premio a nuestro trabajo, porque nosotros hemos recorrido 18 de los 21 barrios que tiene la comuna con nuestros operativos sociales”, explica Rosario Abarzúa.
Suena con tener una sede propia. Hasta ahora, deben arrendar espacios en juntas de vecinos para el comedor social y la escuela juvenil de liderazgo.
“Con este fondo vamos a poder contratar a una terapeuta, un psicólogo y una parvularia”, detalla. Pero anhela contar con ese espacio propio.
Rosario dice que ella trabaja desde sus propias heridas, porque se crio en un hogar de menores y fue mamá soltera. “Tenía miedo de que mis hijos se perdieran en estos barrios, pero afortunadamente no fue así”.

Hoy están enfocados en el sector poniente de Maipú. En un barrio muy estigmatizado por la violencia y la delincuencia.
“Hicimos puerta a puerta, de villa en villa, para catastrar a las familias que tenían a su cargo personas con discapacidad, hijos o adultos postrados, porque lógicamente son los que más necesitan ayuda”.
Sus acciones abordan dimensiones esenciales para el bienestar de las comunidades: desde el acceso a alimentación y nutrición hasta la orientación social, el acompañamiento y la creación de espacios donde las personas puedan encontrarse, participar y desarrollar sus capacidades.
Uno de los aspectos que Acción Solidaria busca relevar es precisamente que el financiamiento no significa comenzar un proyecto nuevo, sino entregar mejores condiciones para que un trabajo comunitario existente pueda continuar y crecer.
En los territorios, las organizaciones sociales construyen relaciones de confianza que requieren tiempo. Conocen a las personas, sus historias y las particularidades de cada barrio. Esa cercanía les permite identificar necesidades que no siempre aparecen en las estadísticas y generar respuestas más adecuadas a la realidad cotidiana de las comunidades.

“Las organizaciones sociales tienen mucho que aportar porque están ahí donde ocurren las cosas. Cuando se generan oportunidades de financiamiento y colaboración, ese conocimiento y esa experiencia pueden transformarse en más y mejores respuestas para las personas”, agrega Marcela Martínez.
Desde Acción Solidaria valoran así la adjudicación de este fondo como una muestra de que fortalecer a las organizaciones también es fortalecer a las comunidades.
Porque detrás de cada proyecto hay equipos, voluntarios y vecinos que han construido un trabajo sostenido en el tiempo. Y cuando existen alianzas que permiten respaldarlo, ese esfuerzo puede consolidarse, llegar a más personas y seguir generando nuevas oportunidades de desarrollo en el propio territorio.