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Margarita: Una casa al borde, 10 gatos y ninguna solución

La vivienda está construida sobre una pendiente del sector Matadero de Constitución, a una cuadra del río. Tiene hoyos en el piso, goteras en el techo, carece de baño y su estructura se ha inclinado hacia adelante. Allí viven Margarita, su marido Daniel y más de diez gatos. Durante el temporal, el equipo de Hogar de Cristo estuvo pendiente de ellos y activó una red de apoyo para proteger la casa antes de que vuelva la lluvia.
Por Matías Concha P.
Julio 28, 2026

Si la tierra cede por las lluvias, toda la vivienda de Margarita corre peligro: podría inclinarse aún más y derrumbarse. Camila Silva Villalobos, jefa del Servicio de Apoyo de Hogar de Cristo en la comuna, lo advierte:

—El techo está como que se vuela y la casa está tirada hacia adelante. Hay mucho riesgo en esta vivienda, no sé si resista otro temporal u otra ventolera, y la vida de ambos está en riesgo.

Adentro viven Margarita del Carmen (63), su marido Daniel (70) y más de diez gatos. Algunos duermen en las piezas; otros entran y salen por el terreno. Los más pequeños son de la última camada de una gata callejera.

—Siempre me han gustado los gatos. La gente los bota y estaban sufriendo, así es que los recojo. Son animales que también sufren, lloran y sienten. Igual que uno.

ASÍ ES LA VIDA

Llevan cerca de cuarenta años en ese mismo terreno. Bienes Nacionales se los entregó, entonces vacío, con título de dominio. Margarita y su familia levantaron primero una mediagua. Con los años instalaron agua, luz y alcantarillado. Hoy la casa sigue sin baño y la jubilación apenas alcanza para comer. Reparar el piso o cambiar el techo es, sencillamente, imposible.

—Así es la vida cuando uno está viejo: hay que elegir qué batalla dar. Si comer, comprar los remedios o que coman los gatos. Un día alcanza para una cosa y al otro, para otra. Con la lluvia y los vientos de ahora, en cualquier momento la casa va a ceder y nos vamos a ir cuesta abajo. No tenemos dónde ir. Va a pasar tarde o temprano. Ojalá nos hayamos ido al cielo antes.

Margarita postuló a una solución habitacional. Le respondieron que el terreno no era apto para construir debido a la pendiente. Años más tarde, su hijo volvió a intentarlo y obtuvo la misma respuesta.

Tiene dos hijos. Su hija vive en Constitución y la visita; su hijo está en Talca. Con Daniel, cuenta, la vida se volvió más tranquila desde que él dejó el alcohol.

—Ahora estoy mejor que antes, él dejó el trago y ahora ayuda en la casa. No me gusta eso de andar de víctima.

Antes de jubilar, Margarita trabajó en proyectos del gobierno y también en la municipalidad, realizando labores en la plaza. La diabetes terminó alejándola del trabajo. La enfermedad la acompaña desde los 30 años: su glicemia sube y baja, y la insulina debe permanecer refrigerada.

—Cuando me dan esas subidas de azúcar, me cambia el carácter y me enojo fácil.

OCHO INVIERNOS ASÍ

Cuando comenzó el sistema frontal, el equipo de Hogar de Cristo la incluyó entre sus casos prioritarios. El agua podía entrar desde arriba, correr por la pendiente o aumentar el caudal a pocos metros de la vivienda.

—He pasado ocho inviernos así. Me he resfriado y una vez me dio neumonía. El problema es que acá se cuelan el frío y el agua, el piso tiene hoyos que dan a la pendiente así que hay que caminar con cuidado.

Su caso no es el único. De las 30 personas mayores acompañadas por el Servicio de Apoyo de Hogar de Cristo en Constitución, diez fueron priorizadas debido al estado de sus viviendas, sus problemas de salud o sus dificultades para desplazarse. Durante esos días, el equipo entregó alimentación, bebidas calientes, ropa seca, abrigo y primeros auxilios. También detectó urgencias médicas y gestionó traslados a albergues.

Al trabajo de Camila, jefa del Servicio de Apoyo, y de los dos técnicos sociales se han sumado 10 voluntarios que visitan los casos más críticos, realizan llamadas y organizan colectas para responder a las necesidades más urgentes. Ella cuenta cómo se organizaron durante los días más difíciles:

—Desde que se activó la emergencia estuvimos en contacto constante. Fuimos a verlos y los llamamos diariamente. El temor sigue siendo que se desmorone el cerro o que suba el río.

ANTES DE QUE VUELVA LA LLUVIA

En la visita a Margarita, el equipo llevó una caja de alimentos y activó la coordinación con el área municipal de Riesgo y Catástrofe. La gestión contempla sacos de tierra, nylon y planchas de zinc para reforzar la vivienda.

—Daniel, el marido de Margarita, trabajaba como maestro de reparación y mantención. Él va a poder hacer la instalación del zinc —explica Camila.

Los sacos permitirán contener el avance del agua; el nylon cubrirá los sectores más expuestos; las planchas reemplazarán parte de una techumbre que se mueve con el viento. Ninguno de esos materiales corrige la pendiente ni endereza la casa. Sirven para ganar tiempo y reducir el peligro inmediato.

Margarita ya conocía el Hogar de Cristo. Cuando sus hijos eran pequeños, solía almorzar en un programa cercano y recibió el apoyo de las trabajadoras sociales de la fundación creada por san Alberto Hurtado. Décadas después, el Hogar de Cristo volvió a entrar en su vida. Esta vez, hasta su propia casa, donde vive junto a su marido Daniel y sus nueve gatos.

—Me he sentido apoyada, querida. Para mí, el Hogar de Cristo es una bendición de Dios para la gente que no tiene cómo luchar para salir adelante.