Odila Yáñez, la trabajadora social a cargo de Vivienda Primero en Copiapó, está súper comprometida con su tarea. Tanto, que ahora, cuando traslada al que será su departamento a Guillermo Pérez Pérez (52), ha preparado una cajita de cartón llena de detalles significativos donde, entre imágenes del padre Hurtado y mensajes escritos, está la llave de su nueva casa.
Grabamos el momento y es imposible no sentir un nudo en la garganta, algo que humedece los ojos.
No es un momento trivial.

Un regalo delicado: armar una caja para Guillermo con la llave de su departamento. Todo hecho por Odila Yáñez.
Guillermo es el habitante número 18 de los 9 departamentos que ha arrendado y alhajado el Hogar de Cristo de Atacama en Copiapó, con el financiamiento del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, para contar con Vivienda Primero en la región. El programa social busca sacar de la calle a personas mayores de 50 años con larga experiencia de vida en calle, entregándoles una vivienda, compartida con un compañero de similares características. Así lo explica la subsecretaria regional ministerial de Atacama, la trabajadora social Jessica Gómez. La actual autoridad trabajó en el Hogar de Cristo durante años y tiene una especial sensibilidad por quienes viven sin un techo, a la intemperie, arreglándoselas con lo mínimo.
Ahora nos dice:
-La vida en calle genera condiciones de aislamiento, inseguridad y deterioro de las posibilidades de acceder de manera estable a servicios básicos, salud, empleo, educación y otras oportunidades de desarrollo. Es fundamental mirar a las personas en situación de calle desde sus derechos y capacidades, y no reducirlas a su condición de vulnerabilidad. Son personas con historias, vínculos, capacidades y proyectos de vida.
-En ese sentido, ¿qué representa la puesta en marcha en abril de este año de Vivienda Primero en Copiapó?
-Es un cambio de paradigma. Su principio fundamental es muy claro: la vivienda es el punto de partida, no la recompensa final. Es el piso mínimo de dignidad desde el cual una persona puede comenzar a reconstruir su vida. En Atacama este enfoque adquiere una relevancia especial. Vivir en situación de calle en nuestra región significa enfrentar condiciones territoriales exigentes: amplitud térmica, alta radiación solar, viento y, en algunos sectores, aislamiento geográfico. Cuando una persona no tiene un lugar donde vivir, gran parte de su energía está destinada simplemente a sobrevivir… dónde dormir, cómo protegerse, dónde guardar pertenencias o cómo acceder a agua y servicios básicos. La vivienda entrega seguridad, privacidad, estabilidad. Permite recuperar progresivamente el control sobre la propia vida.
La seremi comenta que, a junio de 2026, la región de Atacama registra 548 personas en situación de calle.
El copiapino Guillermo Pérez era uno de ellos… hasta que tuvo la suerte de ser seleccionado como el habitante número 18 de los 9 departamentos de Vivienda Primero.
NO ESTABA EN MIS PLANES TENER UN HOGAR

Acompañamos a Guillermo a tomar posesión del departamento compartido que le adjudicó el programa Vivienda Primero. Aunque es un hombre contenido, sereno, la emoción fue mucha. Lo acompaña la trabajadora social del Hogar de Cristo Odila Yáñez.
-Soy hijo de madre soltera, de ahí el que me apellide Pérez Pérez. Soy hijo natural, como se decía antes -ironiza Guillermo, quien no aparenta haber vivido unos 14 años en situación de calle. Se ve joven para sus 52. Habla cuidada y reposadamente. No tiene resabios de jerga callejera. Es observador y discreto.
Uno entre 9 hermanos, siempre conoció lo que es vivir con todo tipo de carencias. Su madre era asesora del hogar y trabajaba mucho. Vivían en una conocida población de Copiapó. Él logró terminar cuarto medio. Trabajó en construcción, se casó, tuvo un hijo y vivió con su familia en Calama y Antofagasta.
-Después de 13 años de matrimonio, me separé y eso gatilló en mí una depresión profunda. No me importaba nada. Mi ex se quedó con la casa y con el niño. Yo agoté todos mis ahorros y empecé a ahogar las penas en alcohol. Me movía entre Calama, Antofagasta y Copiapó. Así terminé en la calle. Vivía bajo los puentes, en rucos, en campamentos. Mientras más grande es la ciudad, más dura es la vida en calle. Más malo y salvaje el ambiente.
Su hijo hoy tiene 26 años y cursa cuarto año de odontología en Antofagasta. Hablan un par de veces al mes por teléfono.
Contenido, Guillermo abre finalmente la puerta del departamento en el cuarto piso del Edificio Chañarcillo, en un condominio sorprendentemente lleno de bicicletas.
-Tendrás que tener una. Parece ser el medio de locomoción más usado por aquí -le comentamos.
-Cierto. No es malo. Buena manera de hacer ejercicio.
Guillermo no conoce a quien será su compañero, pero imagina que no tendrán problemas de convivencia. Celebra lo bonito del espacio, la cama nueva y la habitación con baño. Comenta:
-No estaba en mis planes tener un hogar, algo seguro donde vivir, que pueda considerar mío. Imagínese lo que significa esto para mí.

El condominio de edificios donde habitará Guillermo Pérez tras 14 años de vida en situación de calle. Bromeamos con que necesitará una bicicleta, dado lo común que es su uso en este barrio de Copiapó.
RESPONSABLE DE UNA LLAVE
Odila Yáñez, el psicólogo David Amaya y la joven terapeuta ocupacional Nancy San Martín integran el equipo de Vivienda Primero del Hogar de Cristo en Copiapó. Ahora están todos juntos, más Guillermo, fotografiándose para la posteridad en el sofá comprado especialmente por ellos mismos para decorar los 9 departamentos. Ahí nos confidencian sus temores y sus expectativas.
Dice Odila:
-Lo más complejo es la vinculación entre pares. Que las dos personas que habitan los departamentos se relacionen bien y convivan en armonía. Ese es nuestro mayor temor como equipo. Son todos diferentes, piensan distinto y no han convivido bajo un techo con nadie desde hace muchos años. Por eso es tan importante nuestro apoyo psicosocial permanente. Cada uno tiene un plan de trabajo personalizado para trabajar con nosotros sus principales dificultades, pero limar las posibles desavenencias es también parte del apoyo general y personal.
La trabajadora social Odila Yáñez pone dentro del muy largo listado de gratificaciones que significa para ella Vivienda Primero, los lazos que se crean. “Siempre que venimos nos reciben con un vaso de jugo, pan amasado hecho por ellos, mate. Son anfitriones generosos y agradecidos. Llegar a sus domicilios y ver esa actitud, esa planificación, alegra, motiva. Significa mucho”.

De izquierda a derecha, xxx, terapeuta ocupacional; David Amaya, psicólogo; Guillermo Pérez, el habitante 18; y Odila Yáñez, trabajadora social a cargo de implementar el flamante programa Vivienda Primero que opera Hogar de Cristo en la región.
David Amaya, el psicólogo, hace notar la vuelta de tuerca que representa Vivienda Primero. Así lo explica:
-Nuestra cultura es muy castigadora con todos, pero mucho más con las personas en situación de calle. Siempre esperamos que cambien mágicamente, que cumplan metas, que no nos decepcionen, en circunstancias que es el Estado quien debe apoyarlos con lo que requieren para desarrollarse y salir de la situación en que están. Ahí lo clave es entregarles un espacio seguro. Uno aprecia los cambios en detalles que para otros pueden parecer insignificantes, como el recordar que ahora debo andar siempre con una llave en el bolsillo.
BAJO UN TECHO PROTECTOR
La seremi Jessica Gómez es una convencida de que Vivienda Primero “contribuye a romper el circuito de exclusión social. En ciudades como Copiapó, Vallenar o Caldera, las personas en situación de calle pueden encontrarse expuestas a una alta visibilidad y estigmatización. Nuestro desafío es avanzar desde una respuesta centrada exclusivamente en la emergencia hacia una política que permita recuperar autonomía, dignidad y derechos”.
Visitando Copiapó, capital de Atacama, que concentra a más de 300 de las más de 550 personas en situación de calle de la región, gratifica ver que es una ciudad más amable con quienes viven esta realidad. La moda de los desalojos de rucos no se ha impuesto como hemos visto con tanta cobertura mediática en distintas comunas del país. La Plaza de Armas es un lugar donde un nutrido grupo de hombres en situación de calle convive con la ciudadanía. Los carabineros suelen apoyarlos con kits de aseo e higiene con regularidad, como destaca Leandro, un joven que llegó desde La Pintana y se ha avecindado por aquí. Muchos hablan positivamente del apoyo que les presta la Gobernación Regional.
-¿Hay una mayor comprensión en Copiapó de la realidad de las personas que viven en la calle? -le preguntamos a Jessica Gómez.
-Copiapó reúne condiciones que pueden favorecer un proceso de estabilización, protección, reinserción social y laboral de las personas en situación de calle. Esto no significa desconocer las dificultades que existen ni afirmar que la región esté libre de situaciones de discriminación o estigmatización. Al contrario, tenemos el desafío permanente de construir una sociedad más inclusiva y respetuosa de los derechos de todas las personas.
Afirma que la comuna cuenta con una red de dispositivos de apoyo, presencia de servicios públicos, acceso a prestaciones sociales y de salud, conectividad y oportunidades laborales, elementos que pueden ser relevantes para acompañar procesos de recuperación de autonomía. Enumera: Centro Día, Residencia Familiar, Albergue Público, Albergue Protege, Ruta de Carabineros y Ruta Protege. Y en Vallenar, en tanto, funcionan el Albergue Protege y la Ruta Social.

La secretaria regional del ministerio de Desarrollo Social y Familia de Atacama, Jessica Gómez, es una trabajadora social con especial sensibilidad por la realidad de las personas que viven en calle.
Y, aunque cuando visitamos la región, sonaban todas las alertas de Senapred por riesgo de aluviones y desborde de quebradas, la autoridad hace notar que se trata de un clima más clemente. Sostiene:
-Comparativamente con otros territorios del país, nuestras condiciones climáticas pueden resultar menos adversas durante parte del año. Sin embargo, esto no significa que vivir en calle en Atacama sea fácil. Las condiciones ambientales de nuestra región también pueden ser extremadamente exigentes y constituyen un factor que debemos considerar en el diseño de las políticas públicas.
Estos días de inusitadas lluvias en Atacama lo demuestran. ¿Lo positivo? Que Guillermo Pérez Pérez, el beneficiario de Vivienda Primero número 18, hoy dormirá en una cama nueva, bajo frazadas flamantes, bajo un techo protector, con el apoyo permanente de Odila Yáñez y su equipo, la llave de su casa en el bolsillo de su pantalón y la convicción de que dejar la calle es posible.