No tienen turnos fijos ni un calendario de actividades que cumplir. Tampoco saben cuándo recibirán el llamado para salir a terreno. Su compromiso es estar preparados para actuar cuando alguien los necesite. Así funciona el grupo de Voluntarios de Emergencia y Alerta Ñuble del Hogar de Cristo, una modalidad que permite a estudiantes y otras personas colaborar frente a catástrofes naturales o situaciones de emergencia, de acuerdo con su disponibilidad. Una forma distinta de hacer voluntariado, pensada para que las ganas de ayudar puedan convivir con los estudios, el trabajo y la vida cotidiana.

Entre quienes se sumaron a esta iniciativa está Trinidad Bustos Troncoso, una estudiante de Derecho de 21 años, cuya motivación tiene una historia bastante particular. En el velador de Trinidad hay una pequeña figura de san Alberto Hurtado. La joven le reza desde que comenzó a estudiar Derecho y, cuando tiene una prueba importante, su mamá suele ir a la iglesia a encenderle una vela. Es una costumbre familiar que nació varios años atrás, cuando Trinidad estaba en cuarto medio y todavía tenía dudas sobre qué hacer con su vida.
En ese tiempo le pidió al santo jesuita que la ayudara a decidir si debía estudiar Derecho. Recuerda que sintió varias señales que interpretó como una respuesta. Finalmente ingresó a la Universidad de Concepción, sede Chillán, donde hoy cursa la carrera y participa en la Federación de Estudiantes.
Con los años, esa relación con san Alberto Hurtado se mantuvo. Hasta que apareció una oportunidad que, para ella, tenía un significado especial: incorporarse al voluntariado de emergencias del Hogar de Cristo.
—Fuera de que es algo que me ha gustado mucho, y cuando chica también participaba en otro voluntariado, el hecho de que san Alberto esté involucrado en esto para mí es fundamental. De hecho, la carrera que estudio, la estudio por haberle pedido guía a él. En cuarto medio tenía ciertas dudas y le pedí que, si quería guiarme por ese camino, lo hiciera. Sentí varias señales en ese momento.

La historia no terminó ahí. Trinidad cuenta que desde entonces se encomienda al santo jesuita antes de sus desafíos académicos. Por eso, cuando conoció la posibilidad de sumarse al Hogar de Cristo, sintió que aquella relación de tantos años encontraba una nueva expresión. “Sentía que justo en esta oportunidad ya era el momento en que tenía que concretar el devolverle la mano”, recuerda.
Estar disponibles cuando alguien lo necesite
Trinidad forma parte del grupo de Voluntarios de Emergencia y Alerta Ñuble, una iniciativa que reúne a jóvenes, entre ellos estudiantes de la Universidad de Concepción, dispuestos a colaborar frente a catástrofes naturales y otras situaciones de emergencia que afecten a personas o comunidades.
El voluntariado funciona de acuerdo con la disponibilidad de cada participante. Cuando ocurre una emergencia, quienes puedan acudir se organizan para prestar ayuda. Esa flexibilidad resulta especialmente importante para jóvenes que deben compatibilizar sus estudios con otras responsabilidades.
—Estamos capacitados y preparados para que en cualquier momento que exista una emergencia, ya sea una catástrofe natural o una situación particular de alguna persona, estemos disponibles para ir a ayudar. Es una modalidad que no nos amarra con un horario, sino con la disponibilidad que nosotros tengamos, lo que nos permite poder participar más.
El vínculo entre los estudiantes y el Hogar de Cristo comenzó a tomar forma durante agosto, a través de la Federación de Estudiantes. La fundación participó en una feria universitaria donde los interesados pudieron inscribirse y conocer la iniciativa.
Luego vinieron las capacitaciones. Finalmente, el 25 de septiembre, los nuevos voluntarios participaron en una ceremonia en la que recibieron sus pecheras y certificados, dando inicio formal a su compromiso. Por ahora, Trinidad y sus compañeros se encuentran coordinando sus primeras actividades, entre ellas una posible salida de apoyo a personas en situación de calle.
Una ayuda que va más allá de lo material
Trinidad ya había participado en experiencias de voluntariado cuando era niña. Le gustaba ayudar y compartir con otras personas. Esta vez encontró algo que la hizo mirar de otra manera lo que significa estar al servicio de alguien.

Durante las capacitaciones conocieron el trabajo del Hogar de Cristo, su compromiso con la superación de la pobreza y las distintas realidades sociales que enfrentan las personas más vulnerables. También recibieron orientación sobre cómo actuar en una emergencia y cómo acompañar emocionalmente a quienes atraviesan momentos difíciles.
Fue precisamente esa última parte la que más le llamó la atención.
—Yo creo que la forma en la que uno puede acompañar realmente a la persona desde lo humano, más que lo material que uno puede ir a hacer. Porque de emergencia uno se imagina de inmediato ir a repartir algo, ir a reconstruir algo. El sentido más profundo es entregarle calma a las personas, difundir información concreta, no comprometerse más allá de lo que uno puede hacer y darle compañía certera en el momento. Ser cercanos. Eso es lo que más me llamó la atención.
Trinidad sabe que, frente a una catástrofe, hay necesidades urgentes que atender. También comprendió que una persona que acaba de perder su casa, que está asustada o que atraviesa una situación difícil, necesita sentirse escuchada.
En las sesiones abordaron la importancia de entregar información clara, transmitir tranquilidad y reconocer los propios límites. Aprendieron que ayudar también implica ser responsables con lo que se ofrece y evitar generar expectativas que después no puedan cumplirse.
—Sí, hubo dos sesiones de capacitación online y en la certificación también participó una asistente social, que nos hizo una guía más de lo emocional que uno puede estar viviendo en una situación concreta. También aprendimos sobre el Hogar de Cristo, la erradicación de la pobreza y aspectos sociales y demográficos que son importantes para nosotros como jóvenes.
Para Trinidad, esa preparación tiene sentido incluso antes de enfrentar su primera emergencia como voluntaria. Descubrió que a veces ayudar consiste en algo tan sencillo, y a la vez tan difícil, como quedarse junto a alguien que está pasando por un mal momento.
Hay algo que Trinidad tiene claro: su decisión de estudiar Derecho y su compromiso con el voluntariado están unidos por la misma figura que la acompaña desde cuarto medio.
En su relato, san Alberto Hurtado aparece en momentos muy cotidianos. Está en las oraciones antes de las pruebas, en las velas que enciende su mamá y en esa pequeña estatua que conserva junto a su cama.
“Desde que empecé a estudiar le rezo a san Alberto. Tengo en mi velador su pequeña estatua y mi mamá siempre le va a prender velas a la iglesia cuando tengo pruebas. Entonces siempre me encomiendo a él”, cuenta.
Ahora espera su primera actividad junto a sus compañeros. Todavía no sabe qué situaciones les tocará enfrentar ni a quiénes conocerá en el camino. Sí tiene claro cómo le gustaría ayudar: con responsabilidad, cercanía y disposición para acompañar.