Manuel Alfaro (45) mira su historia con la serenidad de quien ha logrado dar vuelta una página difícil. Nacido en Iquique, comenzó a consumir drogas cuando tenía apenas 13 años. Décadas más tarde, la muerte de su madre, en 2018, marcó un punto de inflexión.
Buscando rehabilitarse, se trasladó a Valparaíso e ingresó a un programa de la ONG Remar. Sin embargo, su permanencia allí fue breve. “Solo estuve dos meses. Nos hacían trabajar, aunque estuviéramos enfermos”, recuerda.
Tras dejar ese lugar, volvió a quedar completamente desprotegido y terminó viviendo en la calle. Fue durante una jornada de lluvia torrencial cuando alguien le habló de Hogar de Cristo y le recomendó acercarse a la hospedería.
“Me recibieron y me ofrecieron iniciar un proceso de rehabilitación con Paréntesis”, cuenta. A partir de entonces comenzó un camino de cambios graduales, pero profundos. “Puse mucha atención a lo que me decían y empecé a poner en práctica sus consejos. Por ejemplo, si voy por la calle y veo a alguien consumiendo, me cambio a la vereda del frente”, relata.

En Valparaíso y gracias a la hospedería de Hogar de Cristo, Manuel Alfaro encontró el camino de su recuperación y también el amor.
Aunque el proceso no estuvo exento de recaídas y períodos de ida y vuelta, Manuel permaneció vinculado durante años a la hospedería. En total, calcula que vivió cerca de nueve años en situación de calle.
Uno de los apoyos que más recuerda es el de Daniela Moreno, jefa del programa. “Daniela me decía que no podía hacer daño en el lugar que te está dando la mano. Eso me hizo recapacitar”, señala. Ese aprendizaje se convirtió en un motor para reconstruir su vida. Durante su permanencia en la hospedería terminó la enseñanza media y comenzó a proyectar un futuro distinto.
“Saqué mi cuarto medio y desde que salí de la hospedería trabajo como guardia de seguridad en una universidad”, afirma con orgullo.
Además de la rehabilitación y el acompañamiento social, otro elemento fundamental en su proceso fue el Fútbol Calle, disciplina impulsada como espacio de encuentro, trabajo en equipo e inclusión. Cada vez que se organizaban competencias, Manuel se sumaba al equipo de la hospedería. Habitualmente jugaba como defensa, ocupando las posiciones de 2 o de 4.
“Participaba siempre que podía. Salimos campeones varias veces representando a la hospedería”, recuerda.

Imagen de archivo de jornada de Fútbol Calle con los integrantes de la Hospedería de Valparaíso, con la copa que ganaron. Gentileza: Daniela Moreno.
Por eso, no dudó en decir que sí cuando le ofrecieron participar de la serie de micro documentales de la campaña #Asítequierover!, que busca mostrar el gran y diverso trabajo social que hace la fundación creada por Alberto Hurtado hace 82 años.
“Imagínese, reunirme a conversar nada menos que con el ex futbolista, José Pedro Fuenzalida, más conocido como ´Çhapita´, un gran referente e ídolo nacional, me pareció increíble”.
En una cancha de fútbol, una fría y nublada mañana en el puerto, tuvo lugar ese encuentro que ahora todos pueden ver en este video. “Para mí, ha sido la confirmación de que mi esfuerzo no ha sido en vano”, señala.
Hoy Manuel vive junto a Sonia Chandía, una mujer venezolana a quien conoció precisamente durante su paso por la hospedería. Juntos han construido un hogar y una rutina marcada por el trabajo y la estabilidad.
Actualmente se desempeña como guardia de seguridad en un sistema de turnos exigente: trabaja seis días y descansa uno, alternando jornadas diurnas y nocturnas.

José Pedro “Chapita” Fuenzalida junto a Manuel Alfaro durante la grabación del micro documental que protagonizaron juntos para la campaña de Hogar de Cristo #TeQuieroVer.
Detrás de ese esfuerzo hay también una historia familiar que lo acompaña. Es el mayor de seis hermanos. Su padre vive actualmente en situación de calle en Illapel y su madre, fallecida en 2018, fue quien sostuvo a la familia durante años.
“Mi mamá se mató trabajando para sacar adelante a sus seis hijos”, dice Manuel.
Hoy, después de un largo recorrido marcado por pérdidas, adicciones y exclusión, su historia demuestra que el acompañamiento oportuno y la perseverancia pueden abrir caminos que parecían imposibles. Lo que comenzó una noche de lluvia, cuando alguien le indicó dónde encontrar ayuda, terminó transformándose en una nueva oportunidad de vida.