¿Cuánto cuesta el kilo de guagua?, bromeamos con un tema que no es para la risa, porque está a la base del preocupante descenso de la tasa de fecundidad que vive Chile.
La ingeniera comercial y magíster en Economía Amanda Telias, quien se desempeña como oficial de políticas sociales de UNICEF, en septiembre del año pasado, dio a conocer “La canasta de crianza: su costo económico en Chile”. La investigación fue hecha a pedido del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Gobernaba Gabriel Boric y la encargó Antonia Cósmica Orellana.
¿Qué sentido y utilidad ha tenido el estudio? ¿De qué ha servido estimar que un hijo recién nacido y durante su primer año de vida importa un costo de 735.057 mil pesos mensuales, de los cuales poco más de la mitad corresponde a la estimación monetaria del tiempo dedicado a su cuidado? ¿La nueva administración ha considerado los datos del estudio, bien claves en un país que envejece y donde los nacimientos son escasísimos?
Para hablar de este tema estuvo en el programa Ojos que Sí Ven, que hacemos cada sábado en Cooperativa, la economista de UNICEF Amanda Telias, quien además es mamá de dos niñas y, por lo tanto, supera con ventaja el mezquino 0,99 hijos por mujer que tiene Chile, la tasa global de fecundidad más baja de nuestra historia.

Amanda Telias junto a los conductores de Ojos que Sí Ven de Cooperativa: Jorge Lira y Ximena Torres Cautivo.
La primera pregunta es inevitable: ¿sirve de algo ponerle un precio a la crianza o simplemente confirma lo que madres y padres saben desde siempre, que tener un hijo es caro?
La respuesta de Amanda Telias es que la investigación nació justamente con la intención de transformarse en una herramienta de política pública.
—La ministra Orellana conoció una experiencia similar en Argentina y quiso contar con una referencia de cuánto cuesta criar en Chile. Uno de los objetivos iniciales era que sirviera como insumo para las discusiones sobre pensiones alimenticias. Tener una cifra de referencia ayuda a dimensionar cuánto cuesta efectivamente la crianza de un niño.
Pero ese no ha sido su único destino.
—Hoy existe un ámbito en que este estudio puede ser muy relevante y es el de las familias de acogida. El Estado está impulsando que los niños más pequeños, especialmente entre cero y tres años, puedan vivir con una familia y no en una residencia. Para eso hay apoyos económicos y esta canasta puede servir como referencia para actualizar y mejorar esos aportes.
Es probablemente uno de los usos más concretos de un estudio que, a primera vista, podría parecer una simple curiosidad estadística. Detrás de una cifra hay una decisión de país: cuánto vale cuidar a un niño que ha sido separado de su familia y cuánto está dispuesto el Estado a invertir para que pueda crecer en un hogar.
La canasta de crianza establece que criar a un hijo cuesta en promedio cerca de 595 mil pesos mensuales. De ese total, alrededor de 383 mil pesos corresponden a bienes y servicios como alimentación, vivienda, vestuario, transporte, salud y recreación.
Pero hay otra parte de la cuenta que no aparece en ninguna boleta. Son aproximadamente 211 mil pesos asociados al tiempo que los adultos destinan a cocinar más, limpiar más, acompañar, cuidar, ir a controles médicos o simplemente estar presentes.
—Ese es uno de los aportes más importantes del estudio: visibilizar el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que históricamente ha estado invisibilizado y que recae principalmente en las mujeres.

Un promedio de casi 600 mil pesos mensuales es el costo de criar a un hijo. El cálculo se lo solicitó a UNICEF la ex ministra de la Mujer, Antonia Cósmica Orellana, para guiarse en el cálculo de las pensiones alimenticias. AGENCIA BLACKOUT
Esa distribución desigual del cuidado se vuelve especialmente evidente durante la primera infancia.
El primer año de vida de un niño tiene un costo mensual estimado en 735.057 mil pesos. En esa etapa, prácticamente la mitad del costo corresponde al tiempo de cuidado, porque un recién nacido necesita algo que no se compra en el comercio: presencia.
Sin embargo, la pregunta aparece inevitablemente en un país donde cada vez nacen menos niños.
—Conozco parejas jóvenes que se asustan cuando escuchan estas cifras. Uno les dice que una guagua cuesta 600 mil pesos mensuales y se contienen. Y claro, eso no ayuda mucho a un país con tan baja natalidad.
Amanda Telias plantea que sería un error explicar el fenómeno únicamente por razones económicas.
—La decisión de tener hijos tiene muchos factores detrás: proyectos de vida, oportunidades laborales, condiciones para conciliar trabajo y familia y, por supuesto, los recursos económicos. Cuando se pregunta a las personas que no tienen hijos, el costo de mantenerlos aparece como una razón muy importante, pero no es la única.
Los cambios demográficos también tienen una cara positiva. La fuerte caída del embarazo adolescente muestra que hoy la maternidad y la paternidad son cada vez más una decisión y no una circunstancia impuesta.
Pero esa libertad de decidir también obliga a preguntarse bajo qué condiciones nacen los niños.
—No podemos pensar que cada familia tiene que criar sola y rascarse con sus propias uñas. La crianza puede entenderse como una responsabilidad social y eso implica sistemas de cuidado, educación, salud y apoyos que permitan que todos los niños tengan buenas condiciones de desarrollo.
Esa mirada adquiere especial relevancia en un país donde uno de cada cuatro niños vive en pobreza por ingresos.
La paradoja de la pobreza infantil actual es que muchas veces no se ve. Ya no necesariamente se expresa en la ropa remendada o en los signos exteriores que durante décadas permitían identificarla. Los niños pueden parecer iguales en la superficie, mientras las desigualdades se esconden en el acceso a oportunidades, en la calidad de la vivienda, en el tiempo que los adultos tienen disponible para cuidarlos o en los recursos que existen en sus hogares.
Según explica Telias, la pobreza infantil está sobrerrepresentada en casi todos los países, pero la diferencia está en la respuesta que entrega cada sociedad.
Los hogares con niños tienen mayores necesidades de cuidado y muchas veces una menor capacidad de generar ingresos, especialmente aquellos donde una mujer sostiene sola la crianza.

Amanda Telias es economista y ha orientado su trabajo a temas de pobreza e infancia, entreo otras problemáticas sociales. Hace notar que uno de cada cuatro niños en Chile es pobre.
Por eso la respuesta no se limita únicamente a entregar dinero. Las políticas que han cambiado la vida de la infancia en Chile han sido también aquellas que garantizaron alimentación, educación, vac
unación, controles de salud y protección social.
—Lo más importante es avanzar hacia un piso de protección social para todos los niños y niñas. Que existan ciertas condiciones mínimas garantizadas. Hay familias que pueden entregarlas por sus propios medios, pero cuando eso no ocurre debe existir un apoyo de la sociedad y del Estado.
La gran conclusión del estudio es que ponerle precio a la crianza no busca transformar a los hijos en una ecuación económica.
Al contrario.
Busca recordar que detrás de cada niño hay tiempo, trabajo, recursos y una red de apoyos que una sociedad decide construir o abandonar.
Porque, al final, la pregunta no es solamente cuánto cuesta criar a un hijo.
La pregunta de fondo es cuánto vale para un país su infancia.