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21 de junio: La noche más larga

No mata el frío, sino la indiferencia

Invocar a los jefes de la comunidad en torno a un canelo para hacer varias plegarias: de agradecimiento, súplica y presentación de los productos de la tierra, esa es la idea. Cuando por segundo año, Chile conmemora a los pueblos originarios, la Hospedería de Hombres Álvaro Lavín, en la noche más larga, hace esta rogativa, este llellipun, por los hermanos en situación de calle, mapuche, chilenos, migrantes y de todas las etnias, que vivirán el invierno a la intemperie.

Comunicaciones Hogar de Cristo

Este 21 de junio viviremos la noche más larga del año, el solsticio de invierno, estación que afecta duramente a quienes viven en la calle. Conoce aquí historias de hombres y mujeres que viven a la intemperie. 

Para visibilizar la cara menos conocida de la dura realidad que significa vivir en situación de calle, siendo además parte de una minoría, de un pueblo originario, este año el 21 de junio tiene dos sentidos para el Hogar de Cristo.

El primero, el de siempre: sensibilizar sobre la cara más dura que tiene la pobreza y la exclusión: la vida en calle, en la noche más larga y habitualmente fría con que se inicia el invierno en nuestro hemisferio. Y el segundo: sumarnos a la conmemoración de los pueblos originarios, que determinó el año pasado que los 21 de junio sean feriado legal en Chile.

 Ambos hitos son razón más que suficiente para organizar un llellipun en la Hospedería de Hombres Álvaro Lavín, ubicada en el barrio Yungay de Santiago, para rogar por los hermanos en situación de calle, mapuche, chilenos, migrantes y de todas las etnias, que vivirán el invierno a la intemperie.

La rogativa, que tiene varios sentidos, es organizada con la ayuda de María Hueichaqueo, facilitadora del Programa de Salud Intertercultural y Medicina Mapuche Kintu Rayen, de la comuna de La Pintana y presidenta de la Asociación Indígena Mapuche Taiñ Adkimn, que funciona en la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, donde se  hacen talleres ligados al desarrollo de la lengua, cosmovisión y cultura Mapuche.

Sólo el 6% de las personas en situación de calle, según datos de 2017, se declaraba parte de un pueblo originario, y el 4,9, mapuche, seguido muy por debajo por la etnia aimara, con un 0,4%. Este porcentaje es muy menor al 12,6% de la población total del país que en el Censo del mismo año se reconoce como indígena y donde el pueblo mapuche es, por lejos, el mayoritario.

De las 19.310 personas en situación de calle que habría en Chile, números oficiales del Ministerio de Desarrollo Social de acuerdo al Registro Social de Hogares, correspondientes a marzo de 2022, apenas 500 (2,6%) son declaradamente mapuche.

En la Hospedería de Hombres Álvaro Lavín, en el barrio Yungay de Santiago, siempre es posible encontrar residentes de etnia mapuche, pero son urbanos, en su mayoría. “Suelen ser segunda generación en la capital, hijos de hombres y mujeres que migraron desde el sur”, indica el trabajador social y jefe de la Hospedería, Alex Valenzuela. Su observación remite al libro del poeta David Aniñir Guilitraro, titulado “Mapurbe”, que instala la idea del mapuche urbano y transcultural, un transmapuche.

Pero, avanzando por los programas del Hogar de Cristo hacia el sur, el mapuche en calle tiene rasgos mucho más auténticos, rurales y cercanos al trabajo de la tierra. A partir de la región de O´Higgins, historias y apellidos nos conducen al sur más profundo. A Cañete, Carahue, Puerto Saavedra, Padre las Casas, San Juan de la Cruz, de donde provienen muchos de ellos. Y de mapuches a secas,  transitamos a pehuenches, huichilles y lafquenches.

El ex lonko Martín Martín Eloy Huentecol Queupul (65) nació y vivió en Carahue hasta que lo atropellaron y fue abandonado en un hospital de niños. Hoy vive en la Hospedería de Hombres San Benito del Hogar de Cristo en Rengo, región de O´Higgins, donde ha estado de manera intermitente desde comienzos del 2000, cada vez por periodos más prolongados. Su caso es la cara visible de una realidad que debemos asumir, porque no es el frío el que mata; mata la indiferencia. Conoce a Martín en este link.

 

Porque no es el frío el que mata, mata la indiferencia, involúcrate

 

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