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Del amor en tiempo de pandemia

Jorge y Karen son dos adultos con discapacidad mental que hicieron valer su derecho al amor sin importar los prejuicios. Hace pocos meses decidieron unir sus vidas en una ceremonia que emocionó a todos los participantes del Centro de Acogida Residencial de Estación Central del Hogar de Cristo. Aquí, su historia.

Por Matías Concha P.

Tras conocer el romántico deseo de la pareja, los trabajadores de la residencia comenzaron a planificar la ceremonia. Los contrayentes son participantes del Centro de Acogida Residencial de Estación Central de Hogar de Cristo, que acoge a 35 adultos en situación de pobreza y exclusión social con discapacidad mental.  “Yo me acerqué a él, no estaba nerviosa”, recuerda Karen (49) -entre risas- ante la mirada atenta de Jorge (58), su compañero “oficial” desde el 10 de julio de 2020. “Fue el día más bonito de mi vida”, dice tomada de la mano de Jorge. “Ahora soy una señora… Lo que son las cosas”.

La historia de amor tuvo su inicio el 10 de octubre del año pasado, cuando se toparon por casualidad en la residencia de Hogar de Cristo. “Yo estaba viendo una teleserie”, cuenta “Jorgito”, como le dice su esposa. “Entonces ella me dijo: ‘¿Me puedo sentar contigo a ver la televisión?’”. Y revela, tímidamente: “Usted verá que yo soy bien callado, así que sólo me quedé mirándola”.

Gracias a la colaboración de acogidos, trabajadores y el equipo de Pastoral de Hogar de Cristo, el matrimonio se realizó tal y como se había planificado. La pandemia no impidió que todos los acogidos, trabajadores y voluntarios de la residencia participaran de la ceremonia, sin embargo, los familiares cercanos tuvieron que presenciar el matrimonio desde una trasmisión en vivo que reprodujo la celebración a la distancia. Esto debido a los protocolos de cuidado del COVID-19.

“La unión de ambos significa para muchos un llamado a seguir teniendo espacios de ternura, de amor, porque venimos recién saliendo de un periodo muy complejo, de mucho encierro, de preocupaciones, entonces el amor de Karen y Jorge es como un respiro, un quiebre de todo lo malo de la pandemia”, opina Cristián Moris, jefe de la residencia, que entrega apoyo social para favorecer el ejercicio de los derechos fundamentales de las personas con discapacidad.

Antes de terminar la conversación, Karen declara que Jorge cambió su vida. “Yo pensé que no me quería nadie”, confiesa. “Y, de repente, apareció el amor. Es que él es un hombre que no pelea con nadie, cariñoso, me respeta, no discute con los compañeros, nada. ¿Cómo no voy a quererlo? Por eso yo lo cuido, lo protejo. Si tiene una herida, lo curo”. Entonces Jorge la mira asombrado: “Yo veo en sus ojos mucha tranquilidad, mucha paz, eso tenemos en común”. Antes de finalizar, los dos se toman de la mano y ella concluye: “Ahora sólo nos queda ser felices”.

 

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