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Emplea:

“Hagamos la pega e insertemos laboralmente a los más pobres”

En esta entrevista el ex director de Emplea, Ricardo Délano, estaba preocupado por la pérdida de casi 2 millones de puestos de trabajo en pandemia. Una realidad que “golpea más fuerte a las mujeres jefas de hogar, los jóvenes, los adultos mayores, las personas con discapacidad y los migrantes”, y que sigue siendo acuciante. La intermediación laboral que desarrolla Hogar de Cristo, a través de Emplea, es clave para que los sectores más excluidos logren un puesto de trabajo.

Por Matías Concha P. 

Para el director ejecutivo de Fundación Emplea, el Estado tiene que darle un rol más importante a la intermediación laboral. Como punto de partida, plantea que para salir de la crisis socioeconómica no solo hay que enfocarse en las políticas destinadas a apoyar económicamente a los hogares, sino también en iniciativas generadoras de empleo, orientadas a la reactivación del mercado laboral.

“No todas las personas necesitan una capacitación para acceder al mundo del trabajo. Al contrario, la mayoría necesita una conexión que los oriente con las oportunidades para conseguir trabajo”.

 

Ingeniero comercial de la Universidad de Los Andes, magister en filosofía aplicada, Ricardo Délano (38), quien dirige Emplea desde hace 5 años, una organización de Hogar de Cristo, que nace en 2011 para impulsar la activación de personas excluidas del mercado del trabajo. Para él, la crisis ha golpeado a todos, pero ha sido particularmente dura con las mujeres jefas de hogar, que generaban ingresos en el mercado informal.

“Mientras la participación laboral de los hombres cayó de 74% a 69%, la de ellas lo hizo de 54% a 46%. Esto representa 10 años de retroceso en la participación laboral femenina en Chile”.

El mercado informal, explica Ricardo, se ha visto especialmente afectado en la pandemia. Durante los últimos 12 meses, la tasa de ocupados en este sector se redujo en un 17,3%. “Esto significa que el trabajo informal no ha sido una salida para la pérdida de empleos formales, como en otras situaciones de crisis social y económica”, revela.

La pandemia ha generado la pérdida de casi 2 millones de puestos de trabajo, retrotrayendo a Chile a cifras del año 2010 en términos de desocupación e inactividad. Una crisis que está destruyendo empleos de baja y mediana calificación, mientras los empleos de alta calificación se ven mejor protegidos, ya que pueden transitar con más facilidad hacia el teletrabajo. “Como siempre son los más postergados los que salen más afectados… Hablamos de jefas de hogar, los jóvenes con menos preparación, los adultos mayores, las personas con discapacidad y los migrantes”.

-¿Qué significaría incluirlos al mundo laboral?

-Podría significar activar a más de 300 o 400 mil personas al mundo laboral, algo que impactaría positivamente, inclusive, al crecimiento del PIB nacional. Hablamos de un número enorme de personas que no logran emplearse por cuestiones tan concretas como carecer de redes, un oficio, dientes, visa de trabajo; por no saber escribir un CV, hablar con aplomo o plantarse con seguridad en una entrevista laboral.

-¿Y por qué no se hace?

-El problema es que las políticas para apoyar al empleo se han centrado solo en el sector formal y dejan fuera a los trabajadores informales. Muchas personas que lograban con trabajos precarios escapar de la vulnerabilidad y la exclusión, se han visto arrastrados a la  pobreza.

-¿Qué propones para integrarlos?

­-A partir del 2019 hemos logramos insertar laboralmente a más de 2 mil personas de extrema vulnerabilidad y exclusión. ¿Cómo? A través del programa Empléate que ha tenido tremendos resultados gracias la intermediación laboral, que diagnostica, habilita, orienta, intermedia y acompaña el proceso de búsqueda laboral. Es más que la simple búsqueda de puestos de trabajo: es una puerta de entrada a oportunidades y acceso al aparato de protección social  y a redes de apoyo, como cuidado de niños, educación continua, atención de personas con consumo problemático.

-¿Por qué no lo aplica el Estado?

-Sí lo hace, pero no es suficiente o está mal enfocado. Por ejemplo, la mayor parte de los recursos del Sence se destinan a capacitación en oficio, apenas un 6% es usado en intermediación laboral.

Los estudios internacionales avalan lo que dice Ricardo. Según una encuesta de la OCDE, en Chile solo el 20% de los desocupados consulta servicios de orientación laboral, lo que contrasta con Alemania, donde estas proporciones llegan a 85%. “En pocas palabras, en Chile se destinan muchísimos recursos en capacitar a las personas, pero muy poco en orientarlos a concretar un empleo”, dice el experto laboral.

HAGAMOS LA PEGA

Como bonos, transferencias monetarias y rescates de los propios fondos de pensiones mediante sucesivos rescates del 10% solventan la emergencia, pero no resuelven el problema de desocupación que surge de la destrucción de empleos, Fundación Emplea en conjunto con Espacio Público, presentan un completo diagnóstico de cómo la emergencia sanitaria a causa del COVID-19 ha impactado entre los grupos más vulnerables de nuestra sociedad. Y lo más valioso: propone soluciones en “Hagamos la pega: Propuestas para activar el empleo en las personas más excluidas”.

-¿Qué propuestas puedes adelantar del documento?

-Son muchos las propuestas, pero se centran en mejorar los procesos del programa de intermediación laboral en Chile, que permite aportar soluciones para los grupos más golpeados por la crisis: mujeres, jóvenes, adultos mayores, personas con discapacidad, migrantes. Otra cosa que quiero recalcar es que generamos este documento a partir de la experiencia de Emplea, una fundación que podría responder, con seguridad: ¿Por qué una persona necesitando trabajar, queriendo trabajar, no logra conectar con un   trabajo?”

-¿Cuál sería la respuesta?

-Imagina, si las personas del mundo gerencial, aquellos que viven “arriba de la pirámide”, necesitan toda una industria de head hunting para volver a encontrar pega, con diagnósticos, psicólogos, contactos, experiencia laboral, imagínate tú cuánto más apoyo necesitará una persona que no conoce el mercado, no tiene estudios o vive a la periferia en contextos de pobreza.

-Qué difícil

-Exacto, eso le pasa a los mayores, a las personas con discapacidad, a quienes no conocen el idioma o no calzan con la imagen que se exige. Ellos tienen otros abismos o fantasmas, además del desconocimiento o la falta de preparación, como malos tratos, discriminación, dificultad de desplazamiento, desconocimiento de la industria laboral, entre muchas otras.


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