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De usuario a voluntario de Rostros Nuevos: La historia de éxito de Fabián

Fabián Caviedes, 40 años. Trabaja de martes a domingo como reponedor en un supermercado y colabora además en los almacenes vecinos. Estas actividades, las complementa con su rol de voluntario de la Fundación Rostros Nuevos en su sede de la comuna Conchalí, donde  desempeña labores de jardinería en su día libre.

Por Edgardo Urrutia

Con sus capacidades y un gran sentido solidario, ha jugado dos roles el de aquel que recibe la ayuda solidaria de una fundación y el de que se compromete con su trabajo para ayudar a otros. Beneficiario, primero; voluntario, después.Se define como un amante del trabajo y ese compromiso y amor lo han llevado a convertirse en voluntario de la Fundación, donde hoy ayuda a quienes fueron sus compañeros, transformándose así en reflejo del éxito.

“Trabajar me encanta, me siento activo y normal. Cuando me dieron mi alta, me puse a trabajar gracias a la Fundación Tacal, que me ayudó a encontrar trabajo en el supermercado Unimarc , donde llevó varios años, reponiendo frutas y verduras. Ayudo a pesar la fruta a la gente, así es que me entretengo mucho”, cuenta Fabián.

Si bien, no recuerda cuando llegó a la Fundación, si sabe que lo han tratado con mucho cariño y respeto desde que le abrieron las puertas en la hospedería de hombres de San Bernardo del Hogar de Cristo.

Lograr insertarse en un trabajo donde te sientas valorado, donde tus capacidades sean apreciadas y donde la gente que te rodea te valore, son parte de los muchos éxitos que acumula Fabián.  Fue   meningitis que lo afectó de niño, la que le generó un grado de discapacidad mental. Sin embargo, ha sabido superar esa dificultad y conseguir un espacio donde desarrollarse con total normalidad.

“La meningitis me embarró el cerebro, pero a pesar de eso, me siento normal. Trabajo igual que mis compañeros y eso me hace muy feliz”, dice.

-¿Cómo es la vida en una casa protegida?

-Es normal, aunque yo no hago casi nada dentro de la casa, sólo mi cama. A veces les ayudo a mis otros compañeros a limpiar un poquito. Me siento muy cuidado.  Me gusta estar acá en la Fundación.  Me pongo a jardinear, riego, arreglos las plantas y cosas así. Después de almorzar, me voy a un local pequeño y ayudo a reponer los productos.  O sea, sigo trabajando -cuenta.

Se rié ¿Y las pololas?

Se ríe cuando le preguntamos si pololea. “Tengo algo por ahí. Pero como trabajo tanto, no tengo tiempo para las mujeres.  Ocupo mi tiempo también haciendo deporte, me gusta jugar a la pelota y salir a pasear en bicicleta”.

El Hogar protegido de Rostros Nuevos es para personas con discapacidad mental con necesidad de acompañamiento. En ella viven quienes son capaces de mantener una vida independiente. Fabián reside en una de ellas, protegido por el sistema del Hogar de Cristo, pero con autonomía para trabajar y hacer  sus actividades cotidianas.

Desde enero, se sumó como voluntario a Rostros Nuevos. Ahí llega todos los lunes-su día libre- a colaborar con las actividades, en especial, con el cuidado del jardín.

 

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