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Gloria Benavides:

“Me hizo bien para el alma estar sola en pandemia”

Tiene 72 años y ha guardado estricta cuarentena en compañía de su añosa perra Luna, una pastora alemana, a la que ahora cuida con ahínco, porque debió operarla. Lleva 67 años trabajando profesionalmente, ya que a los 5 grabó su primer disco, y luce tan dulce y juvenil como siempre. En el programa Piensa en Grandes de Cooperativa nos confesó cómo lo logra.

Por Ximena Torres Cautivo

“Lo más importante… en la vida es… sonreírle al mundo con optimismo y fe”, la frase resume mejor que nada la filosofía de vida de la artista Gloria Benavides (72). Verdadero himno para los seguidores del emblemático programa “Japening con Ja”, que fue escrito por Jorge Pedreros, músico, comediante y amigo del alma de Gloria, cuya muerte, en 2013, la devastó.

No ha sido la única muerte que la ha golpeado fuerte. Llega una edad en que las personas entrañables empiezan a partir y esas pérdidas duelen y exigen grandes dosis de optimismo y fe. Andrés Rillón, el ingenuo don Pío, enamorado platónicamente de su tierno personaje, la sita Gertrudis, es otro. Mujer romántica hasta el tuétano, Gloria releva que las pasiones no consumadas, como la del jefe despistado de La Oficina y la secretaria solterona, “que no se dieron ni siquiera un beso”, le fascinan. Por eso, eligió una clásica canción de Engelbert Humperdinck como el tema de su vida: “Release Me”, Libérame, cuya letra es para cortarse las venas, cuando la entrevistamos para el programa “Piensa en Grandes”, este sábado pasado en Cooperativa. Ahí terminó tarareando la canción que su amiga y comadre, también fallecida, la compositora Scottie Scott, escribió para ella, inspirada en su segundo marido, padre de su tercer hijo, Joaquín Molina, el único varón.

Con don Pío, Andrés Rillón, el amor platónico de la Sita Gertrudis

“Por qué no fui yo tu primer amor”, es el título. “Quién no le ha dicho eso a su pareja en algún momento, porque todos cuando se encuentran en la vida ya cargan una maleta afectiva. Quién no ha querido la exclusividad del amor del otro”, se pregunta, ponderando la capacidad de su amiga para poner por escrito los sentimientos humanos y contando lo mucho que la echa de menos. “Ella hizo para mí las canciones más lindas del mundo”.

Esa canción y otros de sus grandes éxitos –“Cómo nos cambia la vida”, “Si cada día sale el sol”, “Las películas tristes me hacen llorar”–, varios de ellos escritos por Scottie Scott, se pueden encontrar en su cuenta de Instagram @gloriabenavides_oficial, en videos hechos desde el living de su casa, pero con un acompañamiento musical muy profesional. Los grabó para no dejar de estar musicalmente activa, cuando hubo que encuarentenarse y empezar a vivir este raro 2020. “Año sin tiempo, sin horas”, como lo define.

El 4 de marzo fue la última función de “Viejas de Mierda”. Al día siguiente, voló a Miami.

Cuenta que el 4 de marzo fue la última función de “Viejas de Mierda” y que el 5 se embarcó rumbo a Miami, ciudad donde vivió durante 15 días cada mes por 29 años. Ahí fue donde La Cuatro Dientes se convirtió en simplemente La Cuatro, porque los gringos no podían comprender a una heroína desdentada de tanta pobreza. “Partí el 5 de marzo de vacaciones. Tengo muchos y muy queridos amigos allá, pero el 12 se supo del primer caso de COVID-19 en Florida y se produjo la estampida de turistas. Por suerte, logré embarcarme de regreso y encerrarme en mi casa”.

Nos sorprende cuando afirma que esa cuarentena estricta para ella fue buena. “Me hizo bien para el alma estar sola, sola, sola. Fue un tiempo muy enriquecedor conmigo misma. Es terrible haberlo tenido a causa de una pandemia tan trágica para tantas persona, pero a mí el encierro me hizo bien”, declara, aunque tan sola no estuvo. La acompañó Luna, su añosa perra pastora alemana, su compañera desde hace más de una década, a la que ahora está dedicada a cuidar.

Con su mejor compañera, Luna, a quien hoy cuida tras una operación de oído. Ambas son inseparables.

Justo antes de contactarla para esta entrevista, Gloria estaba atendiéndola en una pieza especial, atrás de la casa, donde la tiene convaleciendo de una operación a un oído. “Fue hace apenas dos días, así es que requiere de muchos cuidados, de curaciones, de tenerle todo el entorno limpio. Ella me ha dado tanto a mí que tengo que devolverle el cariño. Tanta alegría, compañía, atención. Ella me ve y se pone feliz de verme, como nadie. Ella me entiende. Si me ve triste, se tiende a mis pies y me dice con la mirada no te preocupes, aquí estoy yo. La Luna fue una gran compañía durante el encierro, que acá en Ñuñoa, Ñuñoa Norte, donde vivimos, estuvo siempre en cuarentena, quizás porque es un sector de muchos hogares de ancianos”.

Gloria dice que apenas ha asomado la nariz a la calle. Un día salió a barrer las hojas de un liquidámbar y de un jacarandá que hay en la entrada de su casa, pero en el acto apareció una patrulla de seguridad ciudadana diciéndole: “Éntrese, señora Gloria, que cuatro casas más allá recién hubo un asalto”. Ahora, no me atrevo ni a barrer las hojas”, dice, risueña, con esa placidez que la caracteriza.

“LONCOCHENSE, NO LONCOCHINA”

“Mis hijos dicen que soy piolita. Fácil para vivir”, comenta. Y cree que en ello radica su bienestar de adulta mayor, sin achaques, “bien conservada”, como dice el piropo clásico.

-Tengo la suerte de tener muy buena salud. Yo hasta hace muy poco tiempo no tomaba ni una pastilla, ni un remedio, y mis amigas no lo podían creer. Tú tienes que tener algo…, me decían. Después de los 65, cambió un poco mi estructura física, subí algo de peso, siendo flaca siempre.

-Ese tipo de diálogos están muy presentes en las “Viejas de Mierda”. ¿A qué atribuyes el éxito de la obra?

-A que refleja muy bien todo lo que le pasa a un segmento de mujeres que están en un cuerpo que a lo mejor no están tan bueno, tan joven, pero las cabezas están perfectas, juveniles. El cuerpo tiene una edad que no se puede detener, pero la mente la puedes estimular y cultivar siempre. ¿Cómo? Leyendo, escuchando buena música, queriendo a tus seres queridos, cultivando la felicidad, que se construye de pequeñas cositas. Yo trato de estar bien con el mundo, no me complico, no soy una persona difícil.

En Estados Unidos, pasó de ser La Cuatro Dientes a ser sólo La Cuatro. Aquí con Anthony, su amor.

Es querida y tiene amigos que conserva y cuya amistad cuida, como el productor musical Sady Osorio. “Les confieso que en el encierro subí harto de peso, porque me entretenía cocinando. Tengo un gran amigo, Sady, con el que inventábamos recetas y hacíamos experimentos que compartíamos por teléfono. Métele coliflor, prueba con repollitos, me aconsejaba. Llegué a pesar 59 kilos, lo que es inaudito en mí, que, cuando me casé, pesaba 38 kilos y mi peso más permanente anda por los 44. Ahora estoy más en mi peso y vigilada de cerca por mi hija, que es nutricionista. Ella me tiene hecha listas con los alimentos que sí puedo comer y los que no”.

Tenía 9 años y ya era toda una artista.

A los 5, Gloria grabó su primer disco, a los 11 era artista juvenil, a los 15 se casó con Pat Henry, ídolo de la nueva ola y padre de sus dos hijas, a los 16 ya tenía a Cherie, la mayor y quien le vigila la dieta. Debido a esa precocidad que la hizo dejar su natal Loncoche (“Yo soy loncochense, no loncochina”, como precisa en una talla muy estilo sita Gertrudis), quizás es que hoy celebra el que los jóvenes se tomen la vida con más calma. Que la maternidad se postergue, que hombres y mujeres se realicen estudiando, viajando, trabajando y conociendo otros lugares, antes de armar familia. Sus hijos lo han ido haciendo así, pero son también los que la atan a Chile, en lugar de haber optado por una vida en Florida, el lugar que eligen los gringos para “los años dorados”.

Ella vive su madurez en Ñuñoa cantándole a la Luna y a sus cientos de miles de admiradores que no la olvidan.

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