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Jefa social en Los Ríos: “Somos un medio para devolver la dignidad a quienes lo han pasado mal”

Agosto es el mes de la Solidaridad y el que recuerda la labor del Padre Hurtado con el Hogar de Cristo. En Los Ríos la obra fundada por el Santo chileno cuenta con ocho programas que atienden a “los más pobres entre los pobres”. Requiere más de $30 millones mensuales para funcionar y necesita ayuda. Su directora, habla aquí sobre eso.

Cerca de $30 millones gasta mensualmente el Hogar de Cristo en desarrollar los ocho de programas de ayuda que ha implementado en la región de Los Ríos, monto del que las donaciones alcanzan a cubrir hasta en un 60 ó 70%. Se trata de iniciativas importantísimas para disminuir los números de la pobreza y el abandono, mejorar las condiciones de vida e incentivar -en algunos casos- la búsqueda de oportunidades para trabajar.

Esta institución se ha visto afectada por la falta de confianza de la comunidad en diversas organizaciones, se le cuestiona el destino de los fondos que recibe y, por si fuera poco, los escándalos que han remecido a la Iglesia Católica -a la cual pertenece por ser una obra de la Compañía de Jesús- también han mermado el prestigio que a punta de esfuerzo sembró y cosechó su fundador, el sacerdote -hoy santo- Alberto Hurtado Cruchaga.

Sin embargo, a pesar de este panorama adverso y de los cada vez más escasos recursos, la institución debe seguir atendiendo a los más desvalidos y vulnerables de la sociedad… porque si no lo hace, ¿quién acudiría a socorrerlos? ¿Acaso los que enjuician la labor de esta entidad, próxima a cumplir 74 años de vida? ¿Quizá los que no aportan un solo peso o los que dejaron de hacerlo, víctimas de la desinformación?

Estas y otras muchas preocupaciones son las que consumen el tiempo de la asistente social Claudia Ruiz, quien es la jefa social del Hogar de Cristo en Los Ríos. Contó que la presencia de esta fundación de beneficencia está presente en Valdivia, La Unión y Futrono, y se hace cargo de las necesidades de personas de todas las edades.

DIVERSOS FOCOS
Tres de los ocho programas de que dispone el Hogar de Cristo en la región se enfocan en aquellos que no tienen un techo que los proteja de las inclemencias del tiempo.

¿En qué consisten estos programas?
-Tenemos el acompañamiento psicosocial, el programa Ruta Calle y la iniciativa más conocida de estas tres, que es la hospedería de hombres. El acompañamiento psicosocial, como su nombre lo indica, busca brindar una compañía integral de las personas para poder apoyarlas en el proceso de reinserción y vinculación a las redes de apoyo. Es un programa que tenemos en convenio con el Ministerio de Desarrollo Social, el equipo está compuesto de cinco profesionales y técnicos y atiende a 50 participantes de Valdivia y La Unión. A fines de este año estaríamos finalizando su ejecución, porque su duración es de dos años.

Ruta Calle es el nombre de la segunda iniciativa. Se trata de un dispositivo en convenio también con Desarrollo Social y tiene capacidad para atender a 30 personas a lo largo del itinerario. Se desarrolla en Valdivia y hasta la fecha hemos atendido a 178 personas, en su mayoría hombres. Se ejecuta del 28 de mayo hasta el 23 de noviembre, en horario de 7 a 12.30 horas y de 19 a 00 horas.

Y tenemos la hospedería para hombres, igualmente en Valdivia, que dispone de una capacidad para atender a 45 personas, aunque normalmente la cantidad oscila entre 40 a 42 personas, a pesar de que existe un albergue municipal con 40 cupos. De acuerdo a nuestro modelo técnico, les damos un período para pernoctar aquí de 10 a 15 días. Aunque la idea es que sea una solución temporal, en la práctica tenemos “patroncitos” que están siendo atendidos por varios años.

El Hogar dispone también de opciones de ayuda a adultos mayores. ¿Cuántos programas se orientan a este grupo etario?
-Tenemos tres programas: la residencia San José, la atención domiciliaria y el Centro de Encuentro para Adultos Mayores (Ceam).

En la residencia, que cuenta con autorización del Servicio de Salud, atendemos a nueve mujeres y 21 hombres, casi todos ellos completamente dependientes y postrados. Está ubicado en avenida René Schneider 229, al fondo de nuestras dependencias. Son personas que mayoritariamente carecen de vínculos familiares y no reciben visitas. Para ellos trabajan 22 personas, un técnico paramédico y tres asistentes por turno, que es de 12 horas. Junto a ellos, está la manipuladora de alimentos, auxiliar de aseo, un terapeuta ocupacional, una enfermera y la jefa del programa.

La atención domiciliaria se efectúa también en Valdivia y es un programa que da prestaciones a los adultos mayores en su domicilio. Tiene como finalidad acercar a estas personas a las redes, acompañarlas, motivarlas a que asistan a sus controles médicos y vincularlas a la comunidad. Atiende a 30 personas, con las que hacemos un plan de trabajo y en la medida de que vamos cumpliendo objetivos y vemos avances, nos retiramos, dejándolas en manos de otros actores sociales y buscamos otros adultos mayores para atenderlos.

El Ceam funciona en Futrono y tiene una capacidad para 30 personas, hombres y mujeres. Allí, son atendidos por una asistente social, una técnico social y una manipuladora de alimentos. Es un centro diurno al que las personas llegan en la mañana, desayunan, almuerzan, se recrean, desarrollan su espiritualidad y a eso de las 16 horas regresan a sus casas. Los beneficiarios son personas que viven solas y carecen de apoyo familiar.

Fuera de las personas que viven en la calle y los adultos mayores, ustedes también buscan satisfacer las necesidades de los niños.
-Así es, a través del Jardín Infantil y Sala Cuna Parquecito de Amigos, y se encuentra junto al Ceam, en Futrono. En este séptimo programa, atendemos a 52 niños preescolares, 20 en la sala cuna y 32 en el nivel medio. Allí trabajan 10 personas: educadoras y asistentes de párvulos y auxiliar de aseo.

Y como si esto fuera poco, el Hogar ofrece un empujoncito a quienes, por diversos motivos, tuvieron un traspié en la vida y quieren levantar la vista de nuevo.
-Eso lo hacemos en el octavo y último programa que tenemos en la región, que es el de orientación sociolaboral, a través de la Fundación Emplea. Atendemos a 30 personas en Valdivia y La Unión que han tenido un consumo problemático de drogas y que ahora están en un proceso de reinserción laboral. Los orientamos, los acompañamos con las redes de apoyo y generamos los espacios de capacitación para que cuenten con mayores herramientas para insertarse en el mundo del trabajo y en la sociedad.

DIFICULTADES
¿Es más difícil abordar la pobreza y las carencias de nuestros días en comparación al panorama que conoció el padre Hurtado en la década de los años 40?

-Efectivamente, porque hace 50, 60 ó 70 años quizá bastaba con dar pan, techo y abrigo. Hoy, nos encontramos todos los días con el desafío de poder brindar una atención que sea cada vez de mejor calidad, debido a que el daño que presentan las personas de hoy es más grande que el de antes. Quizá no se ve la miseria de esos tiempos, pero las complejidades de esta época hacen que atender las necesidades urgentes de los más vulnerables sea más difícil.

Además, el entorno ha cambiado y el Hogar de Cristo ya no es la única institución que sale a la calle a pedir donaciones; ahora, hay más organizaciones y cada una tiene una causa en particular.

Fuera de eso, se ha ido generando un clima de mucha desconfianza respecto del uso de los recursos que recibimos, lo que está dentro de un ambiente de escepticismo general. Entonces, basta, por ejemplo, que se arme una discusión en las redes sociales y comienzan a surgir voces que cuestionan el dinero del vuelto, y esto se declara como una verdad. Y eso no es así, porque esos dineros sí nos llegan.

A eso, habría que sumar la crisis de la Iglesia, a la que estamos fuertemente vinculados por ser una fundación de la Compañía de Jesús.

MISIÓN
En un contexto adverso y que posiblemente pueda tornarse aún más complejo, ¿cuál es la misión del Hogar de Cristo en nuestra región, más allá de los lineamientos en el plano nacional?

-El Hogar de Cristo es un medio para poder acercarnos a nuestros hermanos que viven bajo el mismo cielo y que lo han pasado mal toda su vida y que aún permanecen en esa situación, para poderles brindar una ayuda. No somos el único medio, porque también hay otras organizaciones,pero lo importante aquí son las personas, quienes siempre están en el centro de cada una de las decisiones que tomamos, de cada espacio de solidaridad que podamos generar.

Por eso y también porque buscamos devolver la dignidad a estas personas y la creencia de que son capaces de salir adelante, es que el Hogar de Cristo es un medio para poder concretar estos anhelos. Y no sólo queremos que nos hagan aportes en dinero, los que nos permiten continuar la obra del padre Hurtado, sino también queremos el compromiso de la gente para mejorar la calidad de vida de estos hermanos.

Por Pablo Quintana Villanueva, diario Austral de Los Ríos.

Fotos: Juvenal Alun G./ Diario Austral de Los Ríos.

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