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La donación de Juan Meza-Lopehandía:

"Correr a Cristo"

Adscribe al movimiento neocatecumenal, que se origina en la iglesia primitiva y el contacto con los pobres. Por eso, aunque expuso en el Bellas Artes sus fotos sobre las cofradías cuasimodistas, donde más sintió que se lucían sus obras fue en contacto con presos, pobladores, personas marginales. En esa misma línea, ahora que prepara su partida, el historiador y artista donó al Hogar de Cristo esas imágenes y otras del Carnaval de Oruro. Aquí nos habla de ese trabajo artístico, de política y de lo que significa llegar a viejo.

Por Ximena Torres Cautivo

4 Febrero 2024 a las 16:05

-¿Cuál de tus siete hijos vive hoy contigo, Juan Meza-Lehandía? ¿El que es monje franciscano?

–No, el que es monje budista. Aunque en realidad se dice instructor de crecimiento personal desde el budismo tibetano.

El ex historiador, luego fotógrafo, hoy hombre dedicado a preparar bien su muerte física, Juan Meza-Lopehandía (82) dice que es millonario en hijos. “No hay mayor riqueza en la vida. Tengo siete defensores cada uno dotado de su flecha para luchar por mí”, dice, al son de los ventiladores que no aplacan el calor literalmente infernal en la mansarda de su casa en La Reina. Está recién separado de su tercera esposa y tiene preparada “una once japonesa” para esta conversación.

En ella abunda sobre el tema de sus vástagos:

–Yo me he preocupado mucho de ser padre de mis hijos. Fui un intelectual, un académico un historiador, lo hice bien y lo dejé: luego fui artista, fotógrafo, y lo hice bien. Pero lo que he tratado y trato de hacer bien a diario es ser papá.

El cuarto de ellos es el abogado y político de Convergencia Social Matías Meza-Lopehandía, primer jefe de gabinete de Gabriel Boric, que debió renunciar a causa del error en la lista de indultados del presidente.

–Desde muy chiquitito, tuvo interés en la política. Yo lo llevé a la gran manifestación por el No y luego lo dejé volar. Él fue siempre de izquierda. Yo no tanto, pero voté por Boric en el convencimiento de que hay que mejorar la situación de los más pobres. Yo conozco mucha gente que salió de abajo y que hoy está arriba, muy arriba. He visto y reconozco los avances en materia de pobreza en Chile, pero nadie vive de comparar tiempos históricos. Estamos mejor que hace 40 años, pero mucha gente no recibe los beneficios del sistema. Los pobres se sienten absolutamente marginados.

Eso explica el estallido social atronador, afirma.

–¿Cómo crees que lo está haciendo Boric?

–Lo ha hecho… como joven. O sea, ha cometido muchos errores, pero tiene una genuina manera de reconocerlos. Lo poco que ha aprendido, ha sido de esos errores. Recordemos que si hoy Gabriel Boric nos gobierna es por la intransigencia de políticos más viejos.

Con Matías, su hijo que se quedó sin pega por esas equivocaciones, dice que tienen una relación muy linda, pero sin política. Aunque, en ese aspecto, no rehúye definirse. Lo hace así: “Yo era neoliberal cuando nadie lo era en Chile. Hoy creo que el Estado y la sociedad deben aliarse para dar a los pobres cierta seguridad básica. Ahora soy un liberal de izquierda. Me identifico con Agustín Squella y con Vlado Mirosevic”.

Juan Meza-Lopehandía es hijo del académico y Premio Nacional de Historia 1980, Juan Meza Villalobos. Tiene sólo una hermana. Y cuenta que cuando su padre supo que quería dejar de ser historiador para convertirse en fotógrafo, la relación se fracturó.

–Mi papá veía en mí la perpetuación de su figura como historiador; era el único varón de la familia y compartíamos profesión. Que yo dejara la historia fue para él como la muerte. “Si tú la dejas, no quiero tener nada que ver contigo”, me dijo. Y mi mujer de entonces me recomendó que instaurara una nueva estirpe y usara el apellido de mi mamá: Lopenhandía junto al de él, Meza. Así lo hice.

Juan Meza-Lopehandía creó una instalación sobre los cuasimodistas, cuando Milán Ivelic le dijo que no quería ver las fotos simplemente colgadas “como moscas” en el Bellas Artes en 200o Así creo una instalación y publicó un libro.

–¿Te reconciliaste con tu padre?

–Yo entendía que él, que provenía de una clase media campesina, tuviera miedo de que yo me desbarrancara como artista. Para él, la idea de un varón recto era ni borracho, ni homosexual ni comunista, condiciones que asociaba a los artistas. A los 5 años de trabajo como fotógrafo, cuando vio que yo hacía arte en serio, nos reconciliamos. Tuvimos un reencuentro precioso. Y me quedé como Juan Meza-Lopehandía, porque el apellido se puede cambiar legalmente solo una vez en la vida.

JERÓNIMO

A Juan lo echaron de la Universidad de Chile en 1981. Dice que era un hombre de derecha que muy tempranamente empezó a impugnar a Pinochet. Algo raro, que caía mal.

Se dedicó a la fotografía con éxito. Fue cofundador de la Sala de Arte Arturo Edwards, donde estuvo a cargo 14 años. Le gusta la foto porque siendo arte permite dar cuenta de la realidad. Y, en paralelo, encontró el sentido de la vida en la religión.

Por eso, ahora conversamos. Porque, a través del ex capellán del Hogar de Cristo, Pablo Walker, artista como él, Juan ofreció en donación más de veinte fotos medianas y tres grandes de su serie “Cuasimodo: Correr a Cristo”, que fue expuesta en el Museo de Bellas Artes en el año 2000. Eran las fotografías y una instalación de objetos alusivos a esta tradición religiosa que se inició en la zona central en los años de la Independencia. Eran parte de su transformación espiritual que ahora regala a los más pobres.

–Encontré el sentido de la vida en la religión. Hasta entonces yo era un poquito agnóstico. Veía la razón de la existencia desde un punto de vista racional. No era ateo, porque el ateo está en pelea con Dios ni pagano porque el pagano no lo conoce ni le interesa.

A él le interesó la expresión de la religiosidad popular, “quizás la manifestación más digna de la piedad”, y tomó, con su arte y en la vida, el camino neocatecumenal, que se origina en la iglesia primitiva y el contacto con los pobres. Eso explica que su mayor satisfacción como artista sea el éxito de sus exposiciones itinerantes en lugares como la Cárcel Colina I o en una población en Bajos de Mena, donde los asistentes eran personas comunes y corrientes que agradecían lo que les ofrecía “este caballero”. O eran también “los desalojados de la sociedad, los presos”. Afirma que con ellos tuvo las mejores conversaciones sobre el arte y la vida. “La pasé de miedo”.

–Una vez presté la colección completa de “Cuasimodo” a una escuela y se robaron todas las fotos. Fue tan gratificante; no se llevaron plata ni objetos. Yo me vanaglorio de eso: se robaron mis fotos.

Juan Meza Lopenhandía, el historiador, se remonta al origen de los cuasimodistas, Lo hace para explicar el motivo de esa serie. Durante la Patria Nueva, hubo muchos bandoleros que asaltaban a los curas para robarles los copones de oro, donde llevaban las hostias el primer domingo después de la Pascua de Resurrección a enfermos y postrados. “De ahí nace esta costumbre, que se instala desde el río Limarí hasta Rancagua. Hay gente que mira la piedad popular con un cierto desprecio. Yo no; me encanta la cultura de la gente corriente”.

Por eso ahora decidió regalar parte de la serie “Cuasimodo: Correr a Cristo”, enmarcada sencillamente para llevarla por los programas del Hogar de Cristo a los más pobres entre los pobres. Dice que a ésta edad, la suya, 82 años, es cuando hay que empezar a deshacerse de los bienes y distribuirlos.

–Yo tengo la presión y la glicemia de un muchacho de diez años, pero he padecido lo mío. Hace unos años tuve un cáncer, pero remitió.

–Cáncer a qué, dónde.

–Donde les da a los hombres rabiosos.

–De próstata.

–¡Justo! –responde y se lanza a desarrollar su idea de la vejez, de la última etapa existencial: ­­–Así como se alarga la vida, nos vamos a llenar de viejos enfermos. La gente vive tan mal la vida que se enferma y cuando va al médico le dan una píldora que aplaca los síntomas, pero no cura. Hay que prepararse para bien morir antes que aferrarse a una mala vida.

 

Juan Meza-Lopehandía se fascinó con los cuasimodistas y decidió fotografiarlos, tal como se encantó con todas las expresiones de la religiosidad popular. La devoción que más le gusta y conmueve.

Él se curó del cáncer y hace un par de años fue al Hospital Salvador a ofrecerse como conejillo de Indias. Dice que lo aceptaron en el grupo GERO, el Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo, que estudia el envejecimiento.

Con menos intensidad, pero con la misma pasión de antes, hoy hace fotos con el teléfono celular. “La gente ya no necesita un equipo caro. Lo que importa es la mirada para expresar la realidad que está fuera de uno”.

Generoso y libre, nos ayuda a cargar las fotos de los cuasimodistas en que puso tanto cariño y energía durante varios años. Y nos agrega de yapa unas gigantografías impresas en plástico con imágenes del Carnaval de Oruro, otra manifestación de religiosidad popular que se desarrolla en Bolivia. Subiendo y bajando fotos, nos sigue hablando de sus hijos: la artista que trabaja en la Ópera de Viena; la escultora radicada en Australia; el abogado amigo de Boric; el menor que aún vive con su mamá; los dos monjes, el franciscano y el budista. Y menciona que uno de ellos se llama simplemente Jerónimo.

–¿Por qué?

–Porque Jerónimo significa la ley de Dios es perfecta.

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