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Luis Tavara, desde Guayaquil: “Ni en películas de terror se ha visto lo que aquí”

Con 14 años viviendo en la ciudad ecuatoriana que se ha convertido en el lugar de mayor contagio y muerte de Ecuador, habla de los cadáveres botados en la calle, del a-mí-qué-me-importa de mucha gente individualista, de los errores políticos, de sus amigos muertos, de sus esperanzas cuando todo esto pase y de una llamativa conexión con Chile, Alberto Plaza y una canción que es casi un himno: “Yo te canto”.

Por Ximena Torres Cautivo

Como se acabaron los féretros de madera, se están entregando ataúdes de cartón corrugado para meter los cadáveres. Esa es la noticia más reciente del horror que se vive en Guayaquil, la segunda ciudad de Ecuador después de Quito, donde el brote de coronavirus ha matado a cerca de 200 personas, contagiado a más de 4 mil y salpicado de féretros e incluso de cuerpos insepultos las calles.

Un ataúd tirado en el barrio donde vive Luis Tavara. “Luego supimos que estaba vacío”, dice.

El peruano Luis Tavara (66), delegado social de la Provincia Ecuatoriana de la Compañía de Jesús, vive desde hace 14 años en Guayaquil y 18 en Ecuador. Fue director social del Hogar de Cristo en la ciudad, aunque hay que aclarar que esta obra de los jesuitas de Ecuador no tiene relación con el Hogar de Cristo fundado en Chile por Alberto Hurtado hace 76 años. Sí se ocupa de temas similares: la inclusión de los sectores más vulnerables, principalmente en áreas como vivienda, desarrollo comunitario, protección especial a víctimas de violencia de género, entre otros. Luis no es sacerdote, pero tiene formación jesuita. Desde ahí es que les compartió a varios delegados sociales de la Compañía de Jesús en Latinoamérica su mirada sobre lo que está sucediendo en su ciudad. Les escribió:

“Ni en películas de terror nos hubiéramos imaginado que tengamos personas que salen a buscar ayuda a los hospitales, no la encuentran, se desvanecen en la calle por la fiebre o por los ahogos, se mueren ahí mismo como pajaritos y sus cadáveres se quedan en las pistas o veredas sin que los recojan por largas horas. Otros con más suerte, pertenecientes al menos del veinte por ciento de ecuatorianos que cuentan con seguro social, pueden morir conectados a un respirador como lo hizo ayer mi amigo Luis Luna, de 28 años, colaborador de la Pastoral de la Arquidiócesis de Guayaquil. Él tenía sobrepeso y dificultades de respiración antes que lo cogiera el coronavirus. Mi párroco, que además es capellán militar, me contaba anoche que sólo entre lunes y martes de la semana pasado los camiones de la brigada de infantería N° 5 del Guayas recogieron 180 cadáveres en casas y calles”.

Luis precisa que la pandemia se localiza principalmente en la provincia de Guayas, cuya capital es Guayaquil, y que en el resto del país la situación está bien controlada.

-¿A qué atribuyes el desborde sanitario en Guayas?

-El problema es esta ciudad o, mejor dicho, muchos de quienes vivimos en ella, pues con nuestro temperamento tropical y no muy dado a las virtudes cívicas, no hicimos caso y pasaron muchos días sin que acatásemos las disposiciones para combatirla. Vivo en un barrio popular y veo todos los días a vecinas hablando entre ellas sin protección, a grupos riéndose en las esquinas o a equipos improvisando un partidito de fútbol en la calle. Todos ellos muy alertas, eso sí, a salir corriendo ante el primer vehículo policial o militar que aparezca pues todo aquello está prohibido y debemos estar en nuestras casas. También es verdad de que hay barrios donde esto no sucede, pero no forman parte de los grandes sectores marginales a los que me estoy refiriendo.

Luis trabaja para la Provincia de la Compañía de Jesús en Guayaquil.

-¿Crees que las muertes son responsabilidad de la inconsciencia de las personas más que de las autoridades?

-Las muertes son la consecuencia de un conjunto de variables: el decaimiento progresivo de los servicios de salud en Ecuador, las exigencias criminales del FMI que obligaron al gobierno a reducir al mínimo la inversión en dichos servicios, pero también de la culposa lentitud y, en algunos casos, incapacidad de algunas autoridades que ya habían sido alertadas en diciembre del año pasado por la OMS de que el COVID 19 podría ocasionar situaciones terribles. Todo eso ha encontrado un caldo de cultivo en el relajamiento de los principios y valores de un importante sector de la ciudadanía. Pero aun siendo este rasgo cultural un problema crucial, es necesario señalar que el sistema de Salud Pública comenzó a ser desmontado desde tiempos del anterior gobierno, cuando en aras de la meritocracia mucha gente con estudios recientes pero sin experiencia, desplazó a quienes trabajaban en los equipos de control de epidemias, desbaratando estrategias que daban buenos resultados. El puntillazo lo dio el actual gobierno al acordar con el FMI la reducción del presupuesto de salud de  4.163 millones en el 2018 a ¡1.400 en el 2019! Como botón de muestra, en noviembre del año pasado el gobierno despidió a 400 médicos y especialistas cubanos, que hoy podrían estar haciendo un aporte significativo en el combate a la pandemia.

-Llama la atención que además de estar colapsados los servicios de salud, estén también superadas las morgues y funerarias. ¿Cómo explicas eso?

-Insisto en que hay que distinguir la situación de Guayaquil de la del resto del país. En la mayoría de provincias del Ecuador, la situación se encuentra bastante controlada. En esta ciudad el colapso de los servicios esenciales se produjo al inicio de la pandemia, lo cual revela el grado de respuesta que estos servicios estaban en capacidad de dar ante la emergencia. Pero no sólo están colapsados estos servicios, sino también la venta al público de medicamentos e insumos básicos como el paracetamol, las mascarillas o los balones de oxígeno, que no se encuentran por ningún lado, así como el expendio de algunos alimentos básicos como el pan.

Luis relata que los ciudadanos no salen de sus viviendas, “salvo un porcentaje de indisciplinados más alto de lo aceptable”, porque hay un toque de queda que rige desde las dos de la tarde hasta las cinco de la madrugada para reducir el ritmo de contagios. “Los servicios exequiales y la autoridad sanitaria, impotentes al inicio para recolectar a tiempo decenas y decenas de cuerpos, recibieron el refuerzo de los militares, la policía y agentes de tránsito. El problema, una vez retirados los cadáveres de las calles, ha sido almacenarlos antes de que sean sepultados”.

Positivo, ve el colapso sanitario por la pandemia como “un aprendizaje que nos acerca a lo real”.

También cuenta que el viernes quiso comprar pan para tener el fin de semana, pero sólo le vendieron la mitad de lo que necesitaba. Por eso, se pregunta: “Si el colapso se ha producido al principio de la emergencia, ¿cuál será el comportamiento de estos servicios cuando entremos en la fase de transmisión sostenida del virus? Las escenas de indisciplina y a-mí-qué-me-importa que lamentablemente subsisten en la ciudad me recuerdan otras que hemos visto en España cuando miles de madrileños dejaban la ciudad en sus coches hacia segundas residencias a pesar de la disposición expresa del gobierno de quedarse en casa, o aquellos videos de la policía peruana deteniendo a grupos enteros en las calles durante el toque de queda, o los de la Polizei en Berlín disolviendo fiestas cuando había la prohibición de celebrar reuniones. Es posible entonces que el problema no sólo esté en una cultura local específica, sino en la globalización del individualismo que todos los días propone como ejemplo de éxito a quienes cumplieron sus objetivos y satisficieron sus deseos sin importar los medios utilizados aunque el precio haya sido la pareja, los amigos, la familia o la comunidad”.

ALBERTO PLAZA Y LUIS

-¿Qué responsabilidad tiene el gobierno de Lenin Moreno en este mal manejo de la pandemia? ¿Rafael Correa lo habría hecho mejor?

Hace pocos días había un cadáver tirado en la intersección de dos avenidas importantes, la Perimetral Norte y la Casuarina, a dos cuadras de mi casa. Ayer los vecinos de mi barrio subieron un video reclamando a las autoridades que recogieran un cadáver que llevaba días reportado al 911 y comenzaba a descomponerse en una casa. ¿Conoces algún país donde eso suceda mientras cuenta con buena vialidad y suficientes medios de transporte? Presumo fuertes debilidades en la cadena de mando del gobierno y me temo que muchas buenas autoridades deben sentirse maniatadas por los complejos procedimientos burocráticos, las presiones políticas y la falta de recursos. No estoy seguro de que Correa lo hubiera hecho mejor. La segunda parte de su gobierno redujo al mínimo la presencia del Estado en Salud, Educación, Vivienda y la corrupción contribuyó a frustrar el crecimiento del país.

-¿Qué es lo que más te ha conmovido dentro de esta horrible situación que está viviendo la ciudad?  

-Para ser sincero, no la vivo como algo horrible, sino como un aprendizaje que me acerca más a lo real. Hemos cambiado el Camino reemplazándolo por modelos que dejan vacío al corazón humano. Relativizamos la Verdad y proclamamos que es imposible llegar a ella porque cada uno tiene la suya propia. Confundimos, finalmente, la Vida, con las apariencias de la vida. Pero hoy, mientras se revela ante nuestros ojos el mundo que no queríamos ver y la estupidez de nuestro endiosamiento al montar una civilización que estos días nos destruye, somos también testigos asombrados de la manifestación de nuestra esencia profunda. Aquello que el neoliberalismo no ha podido destruir y se manifiesta en tantas acciones de servicio, compromiso y entrega, que nos señalan al amor como la única posibilidad de reconstruir el mundo.

Con estudios de teología y una especialización en comunicación y desarrollo, Luis Tavara estudió en Santiago, en la Universidad Católica de Chile, pero tiene otro nexo más curioso con nuestro país: Alberto Plaza, el popular cantautor y polémico contradictor de las posturas de la izquierda chilena, popularizó en todo el continente una canción que es enteramente compuesta por Luis, sin pedirle siquiera permiso.

“Yo te canto”, se llama, y no nos cabe duda de que les suena, quizás la hayan oído en voz de Cecilia Echeñique o interpretada por el músico jesuita Cristóbal Fones. Los católicos practicantes la tienen como himno y es habitual que se toque en la misa. Escrita por Luis Tavara en 1980 e interpretada por el grupo Elicura, que nació al alero del Canto Nuevo y del que formaba parte junto a otros cinco seminaristas jesuitas chilenos y peruanos, ganó incluso el Festival “Una Canción para Jesús” ese año.

Escúchala y vela en este video, interpretada por Cristóbal Faunes, entre otros músicos, en la serie Jesuitas Acústico.

https://youtu.be/bd_P65rdmls

Hoy uno de los versos del tema, que se hizo popular cuando, en 1985, Plaza lo incluyó en su cassette “Que cante la vida”, resulta esperanzador en el contexto de los horribles sucesos que se están viviendo –o muriendo– en Guayaquil ahora mismo.

“Quiero expresar que te quiero
Y que es bien de adentro todo lo que siento
Quiero decir que la muerte no termina con los sentimientos
Que pese a todo cantamos aunque algunos callen, se rían o no entiendan”.

 

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