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Mahia Saracostti:

“El foco debe ser que la escuela no abandone a ningún niño y no al revés”

La falta de clases presenciales a raíz de la pandemia, ha develado las grandes desigualdades que existen en el universo estudiantil y la enorme brecha digital que afecta a los que viven en zonas rurales y en sectores vulnerables. Para que la desescolarización no aumente, la docente Mahia Saracostti, da luces sobre qué debe hacerse para hacer de esta crisis una oportunidad.

Por María Teresa Villafrade

Todo indica que la desescolarización aumentará post pandemia y que la actual cifra de 186.723 niños, niñas y jóvenes, entre los 5 y 21 años, que están excluidos del sistema escolar crecerá en un número aún no preciso, pero desastroso. Para evitarlo, el Ministerio de Educación creó una mesa de expertos en la que participa Mahia Saracostii, directora de la Cátedra Unesco Niñez y Juventud, Educación y Sociedad, y profesora titular de Trabajo Social en la Universidad de Valparaíso.

“Lo primero es cambiar el lenguaje y dejar de hablar de estudiantes en riesgo de abandono o deserción escolar, porque cualquiera de esos dos elementos, lo que hace es poner el foco en el individuo y queda el mensaje de que después de pasar por una serie de exclusiones socioeducativas, la persona toma la decisión de salir de la escuela. El foco debe estar puesto en la escuela y en que ésta no abandone a ningún estudiante”, dice, enfática.

Eso significa un cambio de paradigma importante en el que se dejan de lado estigmatizaciones que no contribuyen a solucionar el problema. “Para mí, el sistema de alerta temprana es problemático, porque identifica a un niño pobre, vulnerable, y esos son datos con los que el niño vive, pero la escuela debe hacer todo lo que pueda para retenerlo y que no sea excluido de la educación. Si ponemos la atención en retenerlos a todos, voy a evitar las estigmatizaciones por un lado y, por otro, me obliga a fortalecer fuertemente el vínculo de los alumnos con su escuela y a poner el foco en ésta como una comunidad de pertenencia”, agrega.

Explica que una de las variables clásicas que se señalan como causa del abandono escolar es la inasistencia y/o ausentismo crónico y, según eso, en estricto rigor todos los niños y jóvenes estudiantes chilenos estarían con ese factor de riesgo, porque ninguno está asistiendo presencialmente a clases a raíz de la pandemia. “Como sistema tenemos el desafío de promover el compromiso estudiantil, es un concepto que yo uso mucho. No significa que todos los niños de manera estandarizada estudien sino que mantengan activo el interés por querer aprender y estar conectado y vinculado a tu escuela, al contexto escolar”.

¿Cómo se logra el compromiso estudiantil? La docente explica que a través de tres importantes factores de contexto relacionales:

-El profesor: Es una figura clave, importantísima, en la medida que logre mostrar preocupación por sus estudiantes e interés en mantenerlos vinculados, estableciendo una relación profunda más allá del aula y entendiendo el contexto de vida de sus alumnos.

-Los pares: “Si les preguntas a todos los niños que hoy están confinados qué es lo más extrañan del colegio te dirán que sus compañeros. El vínculo con tus pares es un factor de protección que te hace querer mantenerte en la escuela. Por eso es tan importante trabajarlo para evitar situaciones de violencia o de bullying escolar”.

-Las familias: Implica vincular a todos los modelos de familias que existen e invitarlas a ser un factor de protección de la trayectoria educativa. “Hemos tenido muchas historias de tensiones entre las familias y las escuelas. Hay un concepto que se llama  atribuciones cruzadas de culpa y ocurre cuando el alumno tiene problemas de conducta o académicos. Las escuelas y las familias se culpan entre sí. Yo creo que este momento tan doloroso para el país, de confinamiento y distanciamiento físico, trae una oportunidad de reconocernos y posibilitar no sólo procesos de habilidades académicas sino emocionales, donde la familia y la escuela no tienen otra alternativa que actuar como aliados, teniendo como eje central el desarrollo integral de los estudiantes. Tenemos una gran oportunidad de avanzar en potenciar ese vínculo”, señala.

PREDICTOR DE COMPROMISO

En 2018, Mahia Saracostti probó un modelo predictivo para Chile en escuelas municipales de las regiones de O´Higgins y la Araucanía que demostró que cuando se potencian los factores de contexto relacionales mencionados, se incrementa el compromiso estudiantil. “Lo hice al alero de unas investigaciones financiadas por Fondef y se publicó en revistas nacionales e internacionales. Algo de esto existía en otros países, pero no en Chile. Lo primero que hice fue construir instrumentos chilenos para evaluar y medir factores contextuales relacionales y compromiso escolar. Después fui viendo en el tiempo cómo se iban moldeando. Lo que resultó fue que a factores contextuales relacionales altos (vínculo profesor-alumno, entre pares y familia-escuela) se logra un mayor compromiso por aprender y a eso lo llamamos compromiso escolar”.

En el primero, hay un componente afectivo en que los niños dicen que la escuela es importante para ellos, que disfrutan el aprendizaje, que sienten que ellos son importantes para su escuela. A grandes rasgos, se nota en conductas visibles: parecen estar contentos, siguen las normas, participan en clases y fuera del contexto escolar.

“Luego, tienes el compromiso de carácter más cognitivo que dice relación con que el niño no solo memoriza los contenidos, sino que hace una inversión sicológica más profunda, por ejemplo, relacionando distintas asignaturas, o con su vida cotidiana, son temas un poco más complejos de aprender”, agrega.

El modelo se aplicó y al cabo de un año se notó un aumento en el compromiso escolar. “Esto porque es posible detectar a los que van desvinculándose y desmotivándose de sus propios procesos de aprendizaje y al realizarse una intervención oportuna, disminuyen los factores de riesgo de exclusión”.

Los instrumentos creados por ella en Chile fueron validados desde el punto de vista sicométrico, y están disponibles en una plataforma que permite en línea responder y entregar informes por estudiante, por curso y por escuela. “Registra el momento en que sacaste esa foto pero puedes hacerle seguimiento y observar cómo van cambiando las variables en el tiempo a nivel de estudiante, de curso y de escuela. Lo pusimos a disposición del Ministerio de Educación para que cualquier escuela que quiera usarlo, lo haga”.

Su intención ahora es avanzar a un sistema integrado de evaluación, monitoreo y promoción del compromiso escolar con la intención de retener a todos los alumnos. “Hay un cambio importante de paradigma. Por supuesto que existen factores económicos y estructurales, pero así todo te encuentras con que hay niños que son resilientes, hay algo que lo hizo ser resiliente y ese algo está relacionado con estos vínculos sólidos que te dicen no dejes tu escuela, que tú eres importante para ella”.

NO AL ESTIGMA

Para Mahia Saracostti, el estallido social primero y la pandemia ahora, desnudaron carencias y desigualdades muy profundas. “Hablar de un niño con factores de riesgo es estigmatizarlo, no son factores que dependen de él ni de su familia. Una determinada condición socioeconómica o estructura familiar es un dato que tienes que conocer, pero no es la causa de fondo, es un proceso de exclusión que viene arrastrándose hace mucho tiempo”.

La responsabilidad, más que de la escuela, es, a su juicio, de un sistema que ha forzado la exclusión y ella no se limita al colegio sino a variables estructurales de la forma en que hemos evolucionado como país. “Seguro que existen comunidades educativas tremendamente resilientes como escuela, y que logran retenerlos a todos, el tema es que lo que debemos hacer es instalar una escuela diferente. Más que enfatizar en los riesgos de abandono,  debemos enfatizar en retenerlos a todos. La primera tarea en esta crisis tremenda es fortalecer esos vínculos y no sólo entregar contenidos y llenar a los niños de guías o actividades online, porque además quedó al descubierto la enorme brecha digital que existe. Ese es otro dato que no es responsabilidad del estudiante sino del estado que no ve la conectividad como necesidad básica de todos los chilenos”.

Afirma que los principios que tienen las escuelas de reingreso Súmate, deberían ser universales para todos los colegios. “Esta pandemia tal vez nos está dando la oportunidad de cambiar el paradigma cuando los niños vuelvan a las escuelas. Las salas de clase, para mantener el distanciamiento social no deben ser de 30 o 40 niños, lo que llevará a implementar turnos. Si tienes menos niños por sala,  con jornadas más cortas, esto va a ayudar también a profundizar los vínculos, el principio de una educación más personalizada que tiene Súmate. Igual si están menos en el aula van a estar más en sus casas, ese es otro desafío porque requiere modificar la estructura laboral. Esto nos está llamando a un cambio muy profundo. Hay que mirar fuera de la caja, ver lo que hacen otras escuelas como la de reingreso y llevarlo a todas las demás escuelas”.

La experta se pregunta que tal como el desarrollo del estado de bienestar moderno surgió después de la Segunda Guerra Mundial, “por qué no tratamos de cambiar la forma en que hacemos las cosas después de la pandemia? Con profesores con más tiempo para llamar a sus alumnos y menos tiempo dedicado a tareas administrativas; con más tiempo para el bienestar sicoemocional y menos tiempo para el aprendizaje cognitivo. No tenemos que inventar nada. Esto ya lo hace Nueva Zelandia hace una década”, concluye.

 

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