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El Chef de los Pobres

Nelson Alvarado y el Comedor Esperanza

Cuando se vino de su natal Chiloé a estudiar gastronomía a Santiago, vivió los primeros cinco días en calle. Ahí se gestó su lazo con las personas que viven a la intemperie y se inició un voluntariado que hoy lo tiene gastando a diario de su bolsillo para alimentar a unas 30 personas de alta vulnerabilidad en Ancud. ¿Por qué lo hace? “No hay acogida más humana y desinteresada que la de los de la calle”, afirma.

Por Ximena Torres Cautivo

55 mil pesos cuesta hacer entre 20 y 30 almuerzos para personas en situación de calle cada día. Eso es lo que gasta de su bolsillo Nelson Alvarado (43), chef de profesión y empresario gastronómico, dueño de un pequeño local de comida rápida, “El buen sabor”, de la calle Pudeto, en pleno centro de Ancud.

¿Por qué lo hace? ¿De qué se trata esta inversión social en apariencia tan poco rentable? ¿Qué lo mueve para cada día, de lunes a domingo, para dar vida al Comedor Esperanza?

Sus comensales no son precisamente agradecidos. Muchas veces reclaman pese a la gratuidad del plato de comida, que incluye ensalada y postre. “Sch, allá en la Hospedería de Castro te ponen la tremenda pata de pollo en la mesa; acá hay choritos, puras concha de mierda”, alega un hombre grande y con hálito alcohólico, mientras se sienta a la mesa y se come el menú completo. A Nelson, la crítica no le incomoda.

Su voluntariado, que asumió en solitario hace años, se encarna hoy en el Comedor Esperanza, que funciona desde hace casi tres años en la sede del Hogar de Cristo, en la calle Lord Cochrane de Ancud. Puntualmente, cada día, a media mañana, llegan Nelson y/o su amiga Pilar López, quien es manipuladora de alimentos y también participa de esta actividad voluntariamente, a preparar los almuerzos en la amplia cocina de la casa. El lugar es sencillo, amplio y luminoso, además de calentito. Hogar de Cristo ofrece las instalaciones, ollas, utensilios y vajilla, además del gasto el agua y electricidad. Del, resto se ocupa Nelson. Y partir de las doce y hasta las dos de la tarde, ya hay comensales dando cuenta del menú, como César Llempi o el “Adonis”, como llama Fanny, la técnico social del Hogar de Cristo, a uno de los hombres en situación de calle que acuden a almorzar regularmente.

-Antes esto se conocía como el Comedor Fraterno, el que durante un tiempo dejó de funcionar por falta de financiamiento. Ahora se llama Comedor Esperanza. Es una iniciativa de Nelson, financiada por él y que recibe aportes de la comunidad, a la que él convoca a través de una radio muy popular acá en Ancud, la radio Energía, con la que mantiene una buena relación. Este comedor siempre ha sido gestionado por voluntarios. Nelson también prepara los almuerzos que Carabineros les lleva a unos quince adultos mayores postrados o imposibilitados de cocinarse. Algunos son de nuestro Programa de Atención Domiciliaria (PADAM), y otros, no.

Las cuarentenas, propias de la pandemia, fueron para Nelson el impulso que lo hizo perseverar con su empeño de prestar ayuda a las personas en situación de calle. “El COVID aumentó la presencia de gente en la calle, que no tenían ninguna posibilidad de conseguir comida, porque todos los demás estaban encerrados en sus casas, protegidos. Ellos, en cambio, estaban afuera, sin ninguna asistencia. Era mucha, mucha gente. Eso me llevó a pedir permiso a carabineros para salir a repartir en mi camioneta almuerzos por distintos puntos de Ancud, donde yo sé que se instalan varios de ellos. ¿Por qué hago esto? Porque hace 18 años, cuando me fui a estudiar a Santiago gastronomía a Inacap, durante los primeros 5 días viví en la calle. Sé lo que es eso. Entonces no tenía plata, así es que eso hice hasta que conseguí trabajo de lavaplatos en un restorán y pude pagarme una pieza. En esos cinco días, descubrí que no hay acogida más humana y desinteresada que la de los de la calle”.

-¿Qué quieres decir exactamente?

-Eso, que no hay abrazo más cálido, cariño más genuino que el de ellos. Uno aprende mucho de los que no tienen nada. Ellos no tienen prejuicios, te aceptan y tratan de ayudarte con lo nada que tienen, sin ningún interés. Ellos son el pilar que yo tuve en un momento complejo de mi vida.

Nelson volvió titulado de chef desde Santiago –profesión que no ejerce, según precisa, pese a su exitoso emprendimiento gastronómico– y entró a hacer un reemplazo en el Comedor Fraterno que funcionaba en el Hogar de Cristo, donde siguió profundizando su relación con las personas de calle de Ancud. “Hay abuelos, hombres muy mayores, a los que conozco desde siempre, les tengo mucho cariño”. Por eso, cuando el Comedor cerró, habilitó una suerte de albergue en su casa. “Adapté los espacios y acogí a varios y acomodé el comedor para dar almuerzos”.

-¿Cómo fue eso? ¿Cómo resultó la convivencia?

-Hay que poner límites. Yo sé hacerlo. Cada uno de ellos tiene una tremenda mochila llena de dolores que arrastra y es importante oírlos, conversar con ellos, conocerlos. Es clave escucharlos y darles confianza. Yo les dejé claro que mi casa era mi casa y que los estaba invitando. Me respondieron súper bien. ¿Me creerás que uno de ellos dejó la calle, logró estudiar y hoy es abogado? Hay mucha gente que al verme y toparnos por la ciudad, me abraza por lo que hice por ellos; son gente que vivió en calle. Otros, en cambio, se han perdido. En Castro, hay muchos metidos en la droga. Pero hay varios otros que han podido salir de la calle, lo que demuestra que es posible.

Otros hacen de la calle su vida. Y convierten las Rutas y los apoyos de organizaciones de voluntariado y otras en parte de su rutina de supervivencia. “Son los que se aguachan y te dejan cada día una anécdota. Regodeones y alegadores, muchos de ellos, con difícil salida. Al final, el que más gana con el contacto con ellos es uno, porque descubres que hay que amar al resto tal cual es. Sin condiciones ni imposiciones. El cariño humano debe ser desinteresado”, sostiene Nelson Alvarado, que hoy ha dispuesto de entrada una sopa de espárragos y de plato fuerte lentejas con carne de cerdo ahumada”.

Reconfortante en un día de temporal desatado.

Si te importan las personas en situación de calle y los adultos mayores en abandono, involúcrate.

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