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Paulo Egenau:

“Necesitamos insumos para los grupos más vulnerables”

El director social nacional del Hogar de Cristo hace un llamado urgente las autoridades para apoyar con insumos de seguridad sanitaria a sus trabajadores y participantes de programas. “La atención que brindamos no dista mucho de un recinto de salud tradicional”, dice y pide que se les integre a la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (Cenabast) para estos suministros vitales.

Por María Luisa Galán

 

Los adultos mayores, personas con discapacidad y en situación de calle, son hoy la población de mayor riesgo de contagio por Covid-19. Es un grupo de hombres y mujeres con enfermedades preexistentes. Como se ha visto en otros países, en las residencias de adultos mayores basta que uno se contagie para que el resto también se vea afectado. Efecto dominó que el Hogar de Cristo busca prevenir y por eso levanta la voz para que las autoridades apoyen con insumos médicos de seguridad para sus trabajadores y acogidos. En concreto, aspiran a que la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (Cenabast) los incluya como proveedores de servicios sanitarios. Conversamos con su director social nacional, el psicólogo Paulo Egenau.

-¿Cómo está viviendo esta crisis el Hogar de Cristo?

-Para todos ha sido difícil. Pero hoy nuestro foco está en el grupo más vulnerable y de riesgo de contagio, que es parte importante de la población que atendemos: adultos mayores, hombres y mujeres con discapacidad mental y personas en situación de calle. Estos son casi 4.500 personas en 144 programas en el país y que son atendidas por 1.500 trabajadores. Dada su condición de vulnerabilidad, muchos tienen enfermedades de base, preexistentes, o  distintos niveles de dependencia. Lo que solicitamos a las autoridades es que nuestros programas, y los de otras organizaciones que hacen lo mismo que nosotros, seamos considerados como lugares críticos para el cuidado de la salud de las personas. Desde el punto de vista del riesgo, no hay una diferencia significativa de fallecer por Covid-19 en una residencia de adulto mayor o de personas en calle con un servicio de salud a nivel público. Llamamos a que nuestros acogidos y trabajadores sean vistos como población prioritaria para la distribución de los recursos para hacer una buena gestión en esos programas, que son los que pueden tener las peores consecuencias si hay algún contagio.

-¿Cómo se aborda el Covid-19 en las personas en situación de calle?

Como Hogar de Cristo estamos haciendo los máximos esfuerzos para contar con los elementos necesarios para el cuidado y protección de las personas en situación de calle que asisten a nuestras hospederías. Nuestras hospederías son heterogéneas, hay adultos mayores que han vivido muchos años en la calle y población joven. Hoy, por recomendaciones del Ministerio y organismos internacionales, optamos por no mezclar a las poblaciones de riesgo y hemos tenido que implementar espacios de cuarentena. Un dato no menor, muchas de las mujeres y hombres que recibimos tienen enfermedades preexistentes y un deterioro orgánico producto de sus años en calle, no sólo físico, sino a nivel de salud mental y consumo de alcohol y drogas. Lo que estamos haciendo es convencerlos que se queden en un lugar y que no deambulen. Estamos generando acuerdos con aquellos que están dispuestos a quedarse en las hospederías y los que han optado por no quedarse, haciendo los esfuerzos para seguir acompañándolos en calle. Por lo tanto, nuestro escenario actual es que las hospederías ya no están siendo lugares sólo para dormir, sino que hay brindarles almuerzo, once y actividades recreativas para evitar el estrés de no poder salir a la calle. Y, para todo esto, estamos sin los insumos suficientes y necesarios para nuestros trabajadores y usuarios.

-¿Los trabajadores del Hogar de Cristo, hoy, cuentan con insumos básicos para atender a la población vulnerable que mencionas?

-Precisamente lo que solicitamos al gobierno y a las autoridades es que garantice la distribución de insumos de seguridad de calidad y en cantidad para poder cumplir con los estándares que estipulan los protocolos. Actualmente tenemos, poco, de distinta calidad. Cuando compramos, el mercado nacional e internacional no daba abasto. Por eso pedimos que el Hogar de Cristo y otras fundaciones que acogen a personas vulnerables sean vistas como organizaciones prioritarias para la distribución de insumos por parte del Estado, porque tenemos que garantizar la salud y seguridad de nuestros trabajadores.

-¿Cuánto es lo que requieren?

-Como lo mencioné, actualmente estamos atendiendo a 4.500 personas en 144 programas residenciales a nivel país, con 1.500 trabajadores atendiendo a una población en pobreza extrema, muy vulnerable al Covid-19, por lo tanto requerimos al día 8 mil mascarillas, 4.500 pares de guantes diarios, 800 litros de alcohol gel al mes. Y si llegaran a ver casos positivos, va a ser necesario generar espacios de aislamiento dentro de los recintos, lo que va a demandar trajes de aislamiento, mascarillas especializadas. Y esos insumos no los tenemos en calidad ni en cantidad suficientes para cumplir lo que pide el protocolo.

-¿Han hecho órdenes de compra?

Lo primero que hicimos fue solicitar al mercado, pero ya no contaba con suficiente stock y ni siquiera para entregas en un plazo de un mes. Tratamos de comprar también en el extranjero, sin éxito. Estamos en una situación crítica. Si un trabajador debiera usar cinco mascarillas al día, está usando sólo una durante su jornada. Y tampoco son las mascarillas acreditadas y eficientes para la prevención. Por eso, el llamado a las autoridades para obtener estos insumos a través de la Cenabast.

-Han solicitado, entonces, apoyo al gobierno.

-Lo hicimos formalmente el viernes pasado, al Ministerio de Salud y otras instancias, y esperamos tener respuesta luego. Como lo mencioné, lo requerimos con urgencia.  Ahora estamos trabajando con el Ministerio de Desarrollo Social que implementó un comité asesor de Covid-19 para personas en situación de calle, en donde participan organizaciones de la sociedad civil, alcaldes, el sector privado, un oficial de las Fuerzas Armadas y profesionales del Ministerio de Salud. Ahí se han ido tomando medidas y recomendaciones como el de adelantar el plan de invierno al 15 de abril, un mes antes de lo que se hace habitualmente. Esto implica una serie de modificaciones en hospedaje, atención de salud, coordinación y con una mirada especial de Covid-19. Si antes los albergues era medianamente masivos, hoy tienen que ser más reducidos, no más de 20 personas y con la capacidad de segregar a los adultos mayores de los jóvenes. Y así una serie de otras medidas que nos permitan ir  avanzando en un país que está en shock.

-¿Cómo están trabajando las instituciones en conjunto con el gobierno?

-Nadie en el mundo lo está haciendo bien. Están todos en modo de ensayo y error. En Chile reconocemos los esfuerzos que hacemos todos, incluyendo al Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Por eso hemos solicitado al Gobierno, formalmente, a través de distintas autoridades, ministerios, de la mesa social que sesiona por segunda vez, que se constituya una mesa nacional para la protección de población pobre y vulnerable. Lo que pedimos es participen todos, a nivel regional, comunal, provincial para  adelantarnos y prevenir la llegada del virus a una de las residencias. Lo ideal es que ese grupo de trabajo esté conformado por los ministerios de Salud, Desarrollo Social, Servicios, Municipalidades, Fuerzas Armadas, incluso, que puedan llevar insumos y alimentos a personas en calle. Lo importante es comenzar a mirar hacia futuro y no sólo saber qué está pasando. Por ejemplo, ¿qué pasaría si en una residencia de adulto mayor un porcentaje importante de trabajadores tiene que estar en cuarentena? ¿Qué pasa si tienen que estar en aislamiento? ¿Quién se hace cargo de gestionar una residencia con 60 u 80 adultos mayores con distintos niveles de dependencia? Algunos postrados o que necesitan asistencia diaria. Todo es contacto físico. ¿Cómo nos coordinamos? Nosotros no tenemos personal ilimitado. Se requiere una coordinación no sólo nacional sino también local.

-El Hogar de Cristo también cuenta con programas ambulatorios para adultos mayores.

-Así es. Acogemos a 1.700 adultos mayores en situación de pobreza extrema a través de los Programa de Apoyo Domiciliario (PADAM). El 40% de ellos vive solo y por lo tanto el apoyo en alimentación, medicamentos, implica que nuestros trabajadores los acompañen al hospital, a la farmacia, al pago de su pensión. Aquí es importante que nos coordinemos todos, porque en algún minuto nosotros no podremos, porque nuestros trabajadores están en cuarentena o contagiados, y necesitamos que alguien tome esa posta. No podemos dejar a nuestros adultos mayores botados. No es sólo llamarlos por celular, es asistirlos en sus lugares de residencia. Es un escenario que esperamos que no llegue a límites dramáticos, por eso es necesario que todas las organizaciones nos organicemos antes de llegar a esa situación.

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