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Richard Barra:

“Volver a estudiar es un sueño hecho realidad”

Este hombre en situación de calle se ha convertido en una inspiración para las decenas de participantes de la Hospedería de Hogar de Cristo en la ciudad de Chillán, tras rendir, en julio de 2022, la prueba de acceso a la educación superior y ser admitido en el Instituto Profesional AIEP.

Por Matías Concha P. 

Richard Barra (57) asegura que, tras su ingreso a la cárcel, hace 30 años, se inició un declive en su vida. Hasta ese día, él era un estudiante cualquiera de auditoria en la Universidad de Valparaíso, pero las malas juntas lo llevaron a cometer diversos delitos con el objetivo de conseguir droga. “Lo perdí todo, pasé de las salas de clases a Colina 1, imagina el cambio. Además, está el tema de la droga y la escuela de la delincuencia, que en la cárcel corre y se aprende rapidito”, dice.

Más de tres décadas después, en Chillán, Richard es un hombre nuevo que no tiene problemas con la ley. “Y eso no es poca cosa, la vida fácil atrae, amigo, las lucas rápidas, la vida rápida. Hoy me avergüenzo, pero durante años fui un estafador, malversé cheques, mira qué feo. El tema es que uno no puede estafarse a uno mismo, y eso me termino aburriendo, porque en realidad no había construido nada en mi vida”

-¿Extrañas algo de esa vida?

-Ahora que veo a mis amigos como zombis, tirados en la calle, me reflejo en ellos y me entristece, qué penca pueda ser la vida cuando a uno no le dan segundas oportunidades.

Debido al primer retiro de las AFP, en 2020, Richard recayó en las drogas, luego de años de estar sobrio. “Me hizo pésimo, porque me gasté todo en pasta base, alcohol, cocaína, todo lo malo de la sociedad. Al final, terminé en un albergue en San Carlos, sin nada más que lo puesto”.

-¿Cómo saliste de eso?

-¿Salir? Sigo lidiando con la calle, pero en esa época fue peor.

Luego de retirar el segundo retiro, Richard decidió mantenerse abstemio: compró una camioneta para iniciar un negocio de delivery, pero el joven que contrató para manejar el auto también fumaba pasta base y terminó recayendo junto a él en el vicio y volvió a perderlo todo.

EL INICIO

Richard nació en las laderas del cerro San Cristóbal, en 1965, su madre era una humilde modista que mantenía la casa. El padre era alcohólico y se perdía cada cierto tiempo. A pesar de todo, Richard sacó adelante la enseñanza media e ingresó a la Universidad de Valparaíso. “Era el orgullo de la familia”, recuerda.

-¿Qué te llevó a la droga?

-Si lo pienso, el consumo problemático siempre estuvo naturalizado en mi vida, con amigos, con mi padre. Es que al consumir uno se olvida del mundo, de las frustraciones, es como inhibir la realidad, que en mi caso es dormir debajo de un puente, delinquir, ser una vergüenza para la familia, mentir, pasar frio en la noche.

Después de su última recaída, en 2021, Richard empezaría un periplo por diferentes albergues, plazas y bajo puentes, en Ñuble. Hasta que un día, aquella vida nómada, llegaría a su fin gracias a voluntarios del Hogar de Cristo.  “Fue justo en un momento de inflexión que llegaron para darme una segunda oportunidad. Creo que no estaría vivo si no me hubieran buscado o quién sabe en qué andaría, en la calle pasa eso y las tienes de dos sopas: o terminas muerto o en la cárcel”.

Luego de instalarse en el Hogar de Cristo, Richard inició un plan de rehabilitación que lo mantiene sobrio desde hace más de un año. Su principal motivación es “no defraudar a Dios, tampoco a mí mismo y a mis hijos, que han vuelto a hablarme desde que estoy sobrio. Por eso necesito salir adelante y no volver a recaer”

LA FÓRMULA DE LA VIDA

Los sueños están para cumplirlos, por mucho esfuerzo y tiempo que se tenga que invertir en alcanzarlos. Pregúntenle a Richard, que, a sus 57 años, decidió comenzar a estudiar nuevamente, para dar la prueba de acceso a la educación superior. “Me di cuenta que no hay edad para acabar las cosas, y si quiero salir adelante, necesito terminar lo que dejé fuera por culpa de la droga y la delincuencia”.

Cuando comentó está iniciativa en la Hospedería, un voluntario de Hogar de Cristo, Cristián Reyes (29), que estudia pedagogía en la Universidad del Biobío, decidió ayudarlo: “Nos reuníamos a estudiar una vez a la semana, pero como Richard tiene talento para las matemáticas, solo necesitó refrescar sus conocimientos y aprender nuevas fórmulas, procesos y métodos matemáticos; el resto, él lo tenía de sobra”.

-¿Qué significó para ti esta experiencia?

-Fuimos más allá de las matemáticas, al final, nos vinculamos como personas y como seres humanos. Yo no llegué a hacerle clases pensando que era una “persona que estuvo en la calle”, al contrario, él era para mí un estudiante como cualquier otro.

El esfuerzo rindió frutos y Richard iniciará, en marzo de 2023, los estudios técnicos en administración de empresas, en el Instituto Profesional AIEP.

“¿Quién dice que los milagros no existen? Hace menos de un año estaba muy mal, sin dirección, pero, con esfuerzo y el apoyo de otras personas, voy a sacar adelante mis estudios y ser alguien de bien en la vida”, concluye Richard, orgulloso.

 

 


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