—Tienes un partido difícil —le dice Marcelo Salas.
—Lo estoy jugando. Estoy en los descuentos —responde Sergio Marín.
Los dos se ríen.

Sergio Marín junto a Marcelo Salas, el Matador, en las graderías del Estadio Germpan Becker.
La conversación ocurre en el Estadio Germán Becker de Temuco, un recinto que el Matador conoce bien, aunque esta vez el fútbol pasa a segundo plano. Frente a él está Sergio, quien durante los últimos tres años vivió en situación de calle. Pasó por Santiago, Rancagua y Temuco, enfrentó problemas de consumo de alcohol y pasta base, y se distanció de su familia. Fueron años difíciles, en los que llegó a sentir que salir adelante por sus propios medios era imposible.
Hoy está en tratamiento, volvió a trabajar y quiere arrendar una casa. Su sueño es recibir a su familia esta Navidad. Antes de que ambos comiencen a conversar, la voz de Pedro Carcuro presenta la historia con una reflexión: “En la cancha nunca verás a un jugador solo. En la vida, en cambio, hay personas que enfrentan sus partidos más difíciles sin que nadie las vea”.
“A lo mejor eso es lo que me faltó a mí, haber sido más constante. Mira, yo estaba en Temuco perdido en la droga, un veneno para la juventud y para todos. Y si hoy me pregunto por qué caí tan duro, fue después de la muerte de mi mamá. Ella era la única que creía en mí”, confidencia Sergio, buscando la raíz de su etapa de adicto.
Con el tiempo, Sergio volvió a encontrar personas que creyeron en él. En la Casa de Acogida de la Municipalidad de Temuco conoció el Programa Calle del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, ejecutado en convenio con el Hogar de Cristo. Allí comenzó a recibir acompañamiento profesional y posteriormente ingresó al Centro Terapéutico de la fundación. Desde entonces, ha logrado dejar atrás el consumo de alcohol y pasta base, continúa su tratamiento y ha retomado un oficio que conoce bien: la desabolladura y pintura de automóviles.

Ninguno de estos hombres es un ejemplo de extraversión y verborrea, pero tanto Marcelo Salas como Sergio Marín conversaron con profundidad sobre sus experiencias de vida.
“El mundo tiene muchas vueltas. Un día estás bien y al otro en el hoyo. El tema es que solo uno no puede, y con la ayuda del Hogar de Cristo estoy saliendo para adelante”.
Salas, uno de los máximos goleadores de la historia del fútbol chileno, comparte esa mirada. Después de tantos años de carrera, tiene claro que sus goles también fueron fruto del trabajo de sus compañeros.
Sergio también está intentando cambiar el rumbo de su historia. Sabe que todavía tiene dificultades por delante y que su recuperación exige trabajo diario. “Me levanto todos los días y me digo: ‘Este será un buen día'”.