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Sala cuna y jardín infantil de Tierra Amarilla:

Autismo, tronaduras y un enorme socavón

Según el alcalde, Cristóbal Zúñiga, la comuna registra una alarmante tasa de niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), lo que se ha visto reflejado en el establecimiento “Patroncitos del Valle”, que dirige la educadora Carolina Zárate. “Antes, en dos o tres generaciones, veías un caso, ahora en un solo nivel tengo cuatro niños con TEA”, dice. Sobre las causas, ella especula aquí.

Por María Teresa Villafrade

Los 55 niños que asisten a la sala cuna y jardín infantil “Patroncitos del Valle” de Hogar de Cristo en Tierra Amarilla se han acostumbrado a las tres tronaduras que mañana, tarde y noche se escuchan cada día, pese a que el establecimiento está ubicado en el centro de la ciudad, en medio de la Villa Ojanco.

Son parte de las faenas mineras que se desarrollan en los cerros de esta pequeña comuna de 13 mil habitantes y que acaba de elegir al alcalde más joven del país: Cristóbal Zúñiga (26). Hace poco estuvo allí de visita el presidente Boric, quien intentó calmar a la población por la súbita aparición de un enorme socavón que se atribuye, por supuesto, a la actividad minera subterránea.

La directora del jardín infantil, la educadora Carolina Zárate (33), cuenta: “Según me explicaba un apoderado que es minero, en cada cerro hay excavaciones profundas, incluso en ciertos lugares los mineros se topan con otras minas. Al principio, cuando comenzaron las tronaduras bien fuertes, de tres grados, los bebés se despertaban. Tuvimos que añadir estos eventos al plan de emergencia y tomar acciones también”.

Carolina Zárate, directora del jardín infantil “Patroncitos del Valle” en Tierra Amarilla.

Asegura que el tema de la contaminación aquí es potente, porque además de las tronaduras y del enorme agujero, hay mucha polución. “El ruido se siente acompañado de un temblor y esto ocurre en la mañana, al mediodía y en la noche. Ya deberíamos estar acostumbrados, pero es complejo y visualmente muy feo”.

Pero hay otros factores que le preocupan y la desvelan. Lo primero tiene que ver con que antes de la pandemia tenía la capacidad completa, buena asistencia y hasta listas de espera en todos los niveles.

“Nuestra capacidad es de 66 niños, pero hoy tengo una matrícula de 55. Si bien la asistencia es buena, igual la sala que es de 32 niños, hoy tuvo a 22. Tengo 10 niños que se van rotando. Vienen una semana, después la otra semana no, pero vuelven otros que no vinieron esta semana, y así. Conversando en mesas de infancia con otras colegas, me comentan que de cien niños, están asistiendo cuarenta”, dice preocupada, revelando un fenómeno que es nacional.

Además, post pandemia llegaron muchos niños que están ahora en programas ambulatorios de Mejor Niñez (ex Sename) debido a que sufrieron vulneración en sus derechos. “Tenemos que estar muy pendientes de ellos y encima de sus familias. Si no vienen al jardín, hay que avisar al tiro al programa donde esté para que le hagan la visita, y al Centro de Salud Familiar (Cesfam) también”, explica.

-¿A qué atribuyes la existencia de cupos vacantes hoy en tu jardín?

-El problema de la baja asistencia que tenemos partió cuando retornamos al sistema híbrido, las familias se dieron cuenta que tenían redes de apoyo para dejar sus niños en la casa y no encontraron esencial enviarlos al jardín como antes. Les resulta además más cómodo no estar sujetas a las normas de un establecimiento, donde igual se les pide que asistan a reuniones, a talleres y mantener los controles de niño al día, porque al final tenemos que resguardar sus derechos, en especial los de salud. Tampoco tienen que ir a dejarlos y a buscarlos. Les resulta más cómodo y no se dan cuenta de cuán importante es la educación inicial para nivelar la cancha de las oportunidades a futuro .

AUMENTO DE CASOS DE TEA

El establecimiento tiene una sala cuna heterogénea (desde 3 meses a 1 año, pero se amplió para aquellos que superan el año y todavía no caminan); una sala cuna mayor para niños de 1 a 2 años, y un nivel medio diverso también (de 2 a 4 años).

“Lamentablemente hemos notado un rezago en el aprendizaje de muchos niños a raíz de la pandemia; en especial, del nivel medio que se inscribieron en sala cuna y después ya no volvieron más hasta ahora”, explica.

Sin embargo, lo más alarmante está relacionado con estudios que se han hecho en la comuna en donde hay un alto número de niños que tienen diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA).

“Antes, en dos o tres generaciones, tenía solo un niño con ese diagnóstico, hoy tengo en un solo nivel de 32 niños a cuatro con el diagnóstico y a tres más potenciales. Nos estamos coordinando y trabajando en red para esos futuros diagnósticos porque los exámenes son caros y acá no hay forma de tener esas herramientas. No hay neurólogo, por ejemplo. Desde el Cesfam la interconsulta se demora como seis meses”..

Ella les explica a las familias y a su equipo que pese a tener un diplomado en estimulación temprana, ella no es educadora diferencial. “Hemos tenido que buscar redes de apoyo, porque el tratamiento es súper caro. Yo sé que en nuestra Escuela de Formación vienen más adelante talleres y cápsulas de capacitación en esta materia, pero necesitamos mucho más. Junji dice que están siempre disponibles para ayudar, pero, al final del día, tampoco es mucho lo que nos aporta”.

Cuenta que al menos este año, el municipio de Tierra Amarilla habilitó una sala de estimulación a la que le están sacando el máximo provecho.

“Gracias a que hicimos derivaciones oportunas, todos nuestros niños están siendo tratados allí. La terapeuta ocupacional y la fonoaudióloga nos vienen a capacitar y a las mamás también, porque de la mano viene todo el tema de la selectividad alimentaria de los niños autistas, que no están comiendo en el jardín, porque están con jornada reducida. Ojalá que esta sala de estimulación se prolongue y no se les terminen las lucas al municipio”.

-¿Qué causas podrían explicar este aumento de casos?

-Hemos tenido varias reuniones con el equipo y algunas mujeres jóvenes están asustadas con este fenómeno, una me decía que no iba a tener hijos. Es un tema delicado, complejo, caro, difícil de asumir para las familias, viven como una especie de duelo. El alcalde nos comentó su preocupación y dijo que esta es una de las comunas con mayor número de diagnóstico.

Carolina Zárate no sabe a ciencia cierta, pero afirma que muchos lo atribuyen a la contaminación. “El otro día, el matrón del Cesfam me decía que las mamás hoy se hacen ecografías muchas veces, cuatro, cinco, porque quieren ver a cada rato al bebé. Él me explicaba que las ecografías son también un tipo de radiación que puede afectar. Otro factor que vimos es que la generación que tiene entre cuatro y cinco años, nació post aluvión, donde llegó prácticamente mucho relave a la ciudad, pesticidas que se usan en la uva, yo diría que puede ser una mezcla de todos estos factores”.

Además, también ha notado un rezago importante en el lenguaje de los niños, el que atribuye al uso prolongado de las mascarillas y a que en sus casas no les hablaban lo suficiente. “Les enseñamos a los padres –algunos son adolescentes, otras son mamás criando solas o abuelas–, que es importante que les hablen de cosas simples. Ellos creían que nosotras usábamos otras estrategias para estimular el lenguaje y no. Hay que simplemente recalcar en palabras actividades cotidianas: Ahora vamos a almorzar porque es importante que te alimentes, por ejemplo. Así de simple”.

“MI HIJO SOLO COME SUSHI Y PAPAS FRITAS”

La falta de hábitos y de rutinas saludables también está perjudicando el normal desarrollo de los párvulos, advierte la educadora.

“Hay mamás que vienen asustadas a contarme que sus hijos se despiertan a mitad de la noche como si estuvieran poseídos, a las dos, tres de la mañana. Y les pido que me cuenten su rutina: a las 11 de la noche el niño se durmió con la televisión encendida, o con las mamás dando pecho con el celular prendido y hasta tarde. Antes los niños que llegaban a sala cuna adquirían sus rutinas y egresaban del nivel medio con esas mismas rutinas. En cambio, al estar en sus casas se nota el rezago en lenguaje, en rutinas, en alimentación. Una mamá me decía que su hijo solo come sushi o papas fritas. No es para nada sano”.

Dice que insistentemente les pide a los progenitores que no repliquen en sus hijos lo que ellos vivieron en la infancia. “No es aconsejable que los dejen a cargo de familiares o vecinas, porque no son estimulados como debieran. Hay mamás que dicen que no importa, tía, si yo dejé los pañales muy grande, pero dejar el pañal a cierta edad tiene que ver con temas emocionales. Hay quienes me dicen oblíguelo a comer, yo lo siento y lo obligo a comer. Eso genera traumas en los niños, cuando sea adulto va a ser una persona ansiosa que cuando tenga pena se va a comer un kilo de helado. Ojalá se den cuenta que hay cosas que pasan en la infancia y que son para toda la vida. En un jardín obtienen un desarrollo integral”.

-¿Cuáles son tus necesidades más urgentes en este momento?

-Son dos: una es la capacitación a todo el equipo, porque es bien estable, la más nueva tiene ya cuatro años trabajando con nosotros. Es un buen equipo que apaña en todas. Y lo segundo es mejorar nuestra infraestructura: tenemos a 32 niños en una sala, son muchos para el nivel. Considera además que esta sala se consideró para niños de 2 años que ya no usaban pañales y que hacía cosas por sí solos y hoy no. Hay 18 niños que usan pañales y en ese nivel no tenemos mudador. Tenemos que adaptarnos, porque el jardín se pensó para un estándar que hoy no tenemos. Me encantaría un salón más. Yo divido esa sala de 32 años en tres grupos: uno en el sector del huerto, con lombricera, compostera, ellos se entretienen mucho. Luego otro grupo está dentro de la sala y el tercer grupo en el hall. Me falta una sala multiuso grande.

Ya no hay protestas ni banderas negras por el socavón en Tierra Amarilla, pero el enorme forado sigue ahí. “Un minero nos vino a explicar y nos mostró el mapa donde hacen excavaciones, quedé tranquila porque no hay ninguna en la zona donde está el jardín infantil”, afirma.

Con una década trabajando en el Hogar de Cristo, Carolina Zárate, casada y madre de dos hijos de 10 y 5 años, afirma desolada que tarde o temprano dejará la comuna: “Nos compramos un terreno en Copiapó, a la salida yendo hacia Caldera y apenas pueda, nos iremos para allá. Acá mucho futuro no hay”.

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