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Gordofobia:

“Mi hijo, a los 4 años, me pidió que no lo fuera a buscar más al colegio”

Así contó la emprendedora Nina Etcheverría su testimonio sobre la gordofobia en el programa Hora de Conversar de Hogar de Cristo. Ella junto a la doctora Carolina Herrera y la psicóloga y directora de operación social de la fundación, Solange Veloso, participaron en esta relevante conversación dando cuenta de una realidad que padecen miles de chilenos hoy.

Por María Teresa Villafrade

Durante el reciente programa Hora de Conversar dedicado al tema de la gordofobia y sus consecuencias en el bullying y la exclusión, se escucharon frases como: “Antes de sentarme debo mirar si la silla no se va a romper”, “un colega me dijo que no hablaba con gordas y no quiso entregarme el turno”, “de niña me decían que era linda, pero lástima que fuera gordita”, “mi hijo, a los 4 años, me pidió que no lo fuera a buscar más al colegio”.

Lamentablemente en Chile, el 69% de la población sufre de obesidad y hay muchos factores que han influido en esta pandemia oculta, que ha repercutido en el fenómeno no menos grave conocido como gordofobia.

¿Qué es y cómo solucionar este problema?

Para contar sus propias experiencias de vida, participaron en esta conversación la doctora Carolina Herrera y la emprendedora Nina Etcheverría, quienes estuvieron acompañadas por la psicóloga y directora de operación social de Hogar de Cristo, Solange Veloso, en el espacio conducido por Ximena Torres Cautivo, subgerente de contenidos de la fundación.

BOMBARDEO INMORAL DE COMIDA RÁPIDA

La conocida doctora Carolina Herrera, rostro habitual en matinales y programas de televisión, cuenta cómo llegó a pesar 120 kilos después de tres embarazos:

“Fue un camino largo de décadas. Pasé de pesar 65 kilos a 120 en un plazo de diez años y un poco más, que fue la época en que tuve a mis tres hijos. A mí nadie me hizo notar que eso estuviera mal hasta el día en que de forma brutal, en un día de turno en la UCI, un colega que me tenía que entregar el turno de manera presencial, me dijo yo no hablo con gordas. Fue la primera vez que me enfrenté a la gordofobia”.

La sensación de ser discriminada por su apariencia vino nada menos que de un experto en salud, un colega suyo, algo totalmente sorpresivo e insólito.

Carolina Herrera reconoce que tenemos un serio problema hoy, porque Chile ostenta el triste récord de contar con los niños más obesos en primero básico del continente.

“¿De quién depende la alimentación de los chilenos hoy? De las mujeres entre 15 y 35 años que están en edad fértil y a cargo de la alimentación de su casa. El tipo de alimentación tiene que ver con el bombardeo inmoral y descarnado de la industria de la comida rápida, en el que tanto las grasas, los hidratos de carbono, la proteína animal se constituye como un premio, como un alivio. Tu vida el fin de semana es para disfrutar una gran hamburguesa con harta mayonesa, la publicidad es absolutamente absurda, con volúmenes que exceden cualquier proporción natural y lógica de alimentación, por lo tanto, este es un problema  de la sociedad”, agrega.

Para ella, el que la misma sociedad que te incita a comer para ser feliz sea la que después te castiga por tener sobrepeso,  es un contrasentido que debe denunciarse.

Para bajar de peso, ella se puso un balón gástrico. Bajó 50 kilos pero los volvió a subir. “Después no me querían hacer la cirugía bariátrica porque no era confiable. Tuve que hacer un gran esfuerzo psicológico emocional y de compromiso para que me hicieran ese bypass gástrico. En los últimos cinco años ha habido un cambio cultural en mi casa hacia el vegetarianismo, mis hijos son veganos. Yo no compro carne en mi casa”, agregó.

Considera, eso sí, que nadie tiene nadie derecho a involucrase en tu metro cuadrado. “Ayer, una adorable kinesióloga me dijo que a ella su colega kinesiólogo le tocaba el rollito de la espalda y le decía aquí te falta tonificación, eso es una agresión terrible, nadie tiene el derecho de opinar del cuerpo ajeno”.

10 AÑOS EN LISTA DE ESPERA

La emprendedora y carpintera Nina Etcheverría admitió en Hora de Conversar que no se dio cuenta cómo llegó a los 140 kilos, el más alto peso que ha tenido en toda su vida:

“La verdad para mí, el tema es súper complicado todavía. No puedo decir que esto ya pasó, que somos todos iguales, eso es mentira, a mí me  afecta mucho en el día a día. Por ejemplo, el otro día estuve en una reunión en una exposición y yo tuve que mirar la silla primero antes de sentarme, porque no sabes si la silla se va a abrir de patas y te vas a caer delante de toda la gente. Entonces, preferí estar parada toda la exposición, me pasan esas cosas”, contó.

De niña, le decían “tan linda que eres, qué pena que seas gordita”. Esos comentarios recibidos en su infancia la marcaron:

“Quedé marcada con eso, después me puse a crecer y empecé a adelgazar, era una Barbie, pero siempre con el miedo a subir de peso. Después de mi primer embarazo, ahí ya me disparé porque estuve todo el tiempo en cama. No podía hacer ejercicio, no podía caminar y subí 60 kilos”, agregó.

Nina Etcheverría es Socia Bacana de Fondo Esperanza.

Relata que una vez que había nacido su hijo, ella salía a comprar y le preguntaban para cuándo era el parto. Dice que lleva 10 años esperando una cirugía bariátrica que la salud pública no le quiere dar y que ella no puede costear.

“Yo me atiendo en un consultorio público. Llevo alrededor de 10 años en una lista de espera en un hospital para una cirugía bariátrica. Hace una década pesaba 100 y ahora ya voy en 140 kilos. Ahora salió el bono PAD (pago asociado a diagnóstico), como una gran ayuda para las personas con obesidad. Ese bono cuesta alrededor de tres millones de pesos, yo no los tengo”, reclama.

Dice que le dan pastillas para todo: para dormir, para despertar, para la ansiedad, para hacer pipí, para no hacer pipí, para la depresión: “Tengo hipertensión, hipotiroidismo, tengo altos los triglicéridos, como se llama, dislipidemia, por lo que tomo también medicamentos para ello. Si me pongo a sumar todo lo que me dan en medicamentos, al estado le sale más económico operarme que tenerme en constante tratamiento”, resume.

El mayor dolor que ha sentido fue cuando su hijo cuando tenía cuatro años le pidió que no lo fuera a buscar más al colegio.

“Ellos sufren, pero no porque la mamá sea gorda, sufren por la depresión que tiene la mamá por ser gorda. Yo no salgo a la calle, no voy a reuniones de apoderados, mi marido está encargado de eso y tiene que correr entre los tres colegios. A veces toca las reuniones los mismos días pero yo no voy, yo no voy porque no sé qué ponerme. Estoy una semana antes pensando en qué me voy a poner, me cuesta mucho ir a actividades sociales”, admite.

Nina, sin embargo, tiene mucha personalidad y es capaz de animar un Estadio Nacional completo. Se ríe de sí misma, es comediante innata. Pero para hacerlo, tiene que mentalizarse un mes completo.

MIRADA INTEGRAL

Para la psicóloga y directora de operación social de Hogar de Cristo, Solange Veloso, hay que mirar de manera integral el problema.

“Es importante analizar esta problemática de manera integral, porque es difícil verlo solo desde un punto de vista como el de salud o social. Hay distintos factores que están presentes, por ejemplo, las familias con mayor estrés debido a la precariedad económica. Hoy en día la situación es cada vez más crítica. Las condiciones de salud mental que no se mencionan  habitualmente y que afecta la calidad de vida de las personas. Los escasos factores sociales protectores, como mayor soledad también para enfrentar estas situación o sea nosotros vivimos una vida bastante más sola entre comillas”.

Señala que la FAO, que es la organización de las naciones unidas para la agricultura que se preocupa por alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional, ha señalado que la incertidumbre que se genera por no tener el acceso garantizado a los alimentos es una fuente de ansiedad y estrés.

“Hay que poner foco en el presupuesto de salud mental. Lo que dice Nina, por ejemplo, es que hay que mirar la frecuencia en los centros de salud primaria respecto a las atenciones de psicología y de psiquiatría, que son muy distanciadas: una vez al mes, con suerte. Eso impide hacer un proceso de reflexión, de contención. Deben generarse espacios de auto cuidado, una cultura de esparcimiento en los distintos territorios, reforzar la seguridad para que las madres puedan salir a correr y que sus hijos puedan usar canchas debidamente iluminadas. En síntesis, hay que considerar la obesidad como un problema social con un impacto en la salud física y que afecta de manera importante en la poblaciones en situación de pobreza y con foco en mujeres, niños y niñas principalmente”, concluye.

REVISA AQUÍ EL PROGRAMA COMPLETO HORA DE CONVERSAR.

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