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Johnny Figueroa Marín:

El hombre de las 1.800 canciones

Los temas más populares de ídolos como José José, Camilo Sesto, Juan Gabriel, Pedro Fernández y muchos más, están en el amplio y exacto repertorio que Johnny Figueroa tiene para echar mano e interpretar arriba de la micro, en las ferias libres y, por supuesto, en su hogar actual: la Hospedería Mixta de Valparaíso. Como el amor le ha sido esquivo, se consuela con boleros, rancheras y baladas.

Por María Teresa Villafrade

“Solo tú
Solo tú que conoces mi forma de sentir
Mi forma de reír
Y hasta mi forma de llorar
Solo tú sabes a dónde voy
Solo tú sabes muy bien quién soy”

Mientras Johnny Figueroa (51) entona muy emocionado la canción de Pedro Fernández, “Mi forma de sentir”, todos los que lo escuchan cantar en la Hospedería Mixta de Hogar de Cristo en Valparaíso, lo acompañan en el coro.

Johnny es como un karaoke humano, que no requiere de pistas ni parafernalia.

Su audiencia la integran hombres y mujeres en situación de calle, que pese a la difícil historia de vida que han llevado, sienten, desean y buscan el amor en las canciones del ídolo mexicano, compositor de innumerables rancheras que rompen el corazón.

Johnny aprovecha cada ocasión que se produce, ya sea evento, charla o celebración de cumpleaños, para ofrecer entretener a la audiencia cantando. Le encanta. A eso se dedica desde que tiene uso de razón, aunque en su infancia salió temprano a trabajar vendiendo pescados con su padre como jefe.

“Nací un 17 de agosto en el barrio El Almendral de Valparaíso. Mi papá murió cuando yo tenía 5 años y fue porque se intoxicó con alcohol al creer que yo había muerto. Yo recuerdo que me dolían las manos de tanto cargar el pescado, un día salí y alguien me secuestró, todavía me acuerdo de la caja de madera en que me encerraron. Logré escapar pero cuando lo hice, mi papá ya había muerto”, cuenta en un relato como de película.

Su mamá se casó de nuevo, pero el padrastro le infringió maltrato sicológico. “Nunca me quiso. Yo empecé a cantar en las micros, en los restaurantes, porque siempre quise ayudar en la casa. Igual, me arrancaba cada vez que podía. En una ocasión caí preso por vagancia y mi mamá fue a verme a la Cárcel de Menores en Playa Ancha. Le dijeron que yo robaba pero no era verdad”, agrega.

Su gran dolor llegó a los 19 años. Dice que llevaba un año y medio presentándose como artista en el casino show La Greca y minutos antes de subir al escenario le avisaron que su madre había muerto.

“Quería que ella me viera triunfar y no lo logré. Tenía que seguir con el show pero en mitad de la canción me quebré y me puse a llorar. Después de eso, me lancé al trago”, confiesa con tristeza. Nunca olvidó las palabras que ella le dijo meses antes de morir: “Ella era espiritista, no bruja, y me dijo que yo siempre iba a sufrir”.

“TENGO EL CORAZÓN DURO”

Desde entonces, no solo ha vivido del canto. Ha sido temporero, jornalero en la construcción, empaquetador en packing de palta, limón y kiwi, ayudante de cocina. Lo que salga ya que recién hace un mes dejó de beber.

“En la hospedería me están ayudando, me metieron al programa de Paréntesis para seguir tratamiento de rehabilitación. Toqué piso cuando me asaltaron y me pegaron hace poco. Yo quiero cambiar. Lo he logrado antes, estuve un año completo sin beber”, dice.

Soltero, sin hijos, no tiene lazos familiares. “Tengo hermanas, pero si ellas me quisieran me buscarían”, sentencia.

-¿Y cuántas veces te has enamorado?

-Soy frío, no me enamoro, tengo el corazón duro. El amor más lindo que sentí fue cuando tenía veinte años y ella, dieciséis. Nunca me dijo si quedó embarazada. Me encantan los niños, ojalá hubiera tenido hijos.

Increíble paradoja de un hombre que atesora en un pendrive 1.800 canciones de amor, entre baladas, boleros y rancheras de sus artistas favoritos.

“Canto a Camilo Sesto, José José, Sergio Fachelli, Juan Gabriel, tengo un repertorio enorme. No niego que me gustaría conocer a una mujer buena, tener una familia. Pero no me ha resultado. Vine al mundo a sufrir, pero las canciones me alegran el alma. Me han atropellado tres veces y también traté de matarme cuando murió mi mamá”, dice este hombre que no quiere sentir más frío por dentro y por fuera, que es como describe su vida en situación de calle.

Se despide contando que le ofrecieron grabar en un estudio. Le deseamos toda la suerte del mundo. A lo lejos se oye la canción de Pedro Fernández: “Solo tú sabes a dónde voy. Solo tú sabes muy bien quién soy”.

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