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Nelson Figueroa:

“En la periferia es donde más se aprende”

Todos los residentes de la Josse Van der Rest son personas mayores que vivieron gran parte de su vida en situación de calle. En los márgenes, aislados, prácticamente afuera de todo. Excluidos. Hoy se encuentran bien cuidados y bien tratados por el equipo del cual es parte el sicólogo Nelson Figueroa. El profesional reconoce que con quienes viven o han vivido casi al margen es con quienes más ha aprendido.

Por María Teresa Villafrade

29 Noviembre 2023 a las 11:18

En la Casa de Acogida Josse Van der Rest, viven 45 adultos mayores que pasaron gran parte de vida en situación de calle. El sicólogo Nelson Figueroa (40) conoce la historia de cada uno, sus dolores y sus dolencias tanto físicas como mentales.

“La dura vida que han llevado les pasa la cuenta. El 90 por ciento usa medicamentos para potenciar el ánimo y algunos tienen problemas en el área cognitiva, en la memoria e, incluso, demencia”. Así lo explica el profesional que desde 2021 trabaja en la residencia ubicada al lado de la casa matriz de Hogar de Cristo, en la comuna de Estación Central.

El sicólogo Nelson Figueroa entró en 2021 a trabajar en la casa de acogida Josse Van der Rest.

Sin embargo, todos son conscientes de que no existe un mejor lugar para ellos ya que no tienen familia ni otras redes de apoyo.

“Ninguno quiere volver a la calle”, afirma y agrega: “Ellos saben que la calle está muy mala y se dan cuenta cuando van a cobrar su pensión, por acá cerca los cogotean para robarles sus pocos pesos”.

Nos cuenta del “Completo”, todo un personaje que merodea en el sector. Es famoso porque se dedica a agredir a cuanta persona se le atraviesa en el camino.

“Yo me le enfrenté, le paré los carros y nunca más ha vuelto a molestar ni tirarle mala onda a los viejos. Los amenazaba, incluso quemó a un guardia. Su mujer lo ha apuñalado y lo ha enviado a la posta. Cuando él anda con pasta base en el cuerpo, el Completo es tremendo”.

En cambio, en la casa de acogida siempre tienen visitas de colegios y voluntarios además del taller Expreso que les permite trabajar la madera y vender sus productos.

EN LA PERIFERIA ES DONDE MÁS HE APRENDIDO

Con 15 años de experiencia profesional, Nelson Figueroa se tituló en la Universidad de las Américas y se especializó en formación laboral. Recién egresado se puso a vender departamentos hasta que se abrió un cupo en Coanil ubicado en La Legua. Allí estuvo cuatro años dedicado al área educacional. Incluso le pidieron crear un organismo técnico de capacitación (OTEC), en un plazo de tres meses, pero el sueldo no era bueno y se fue.

Su ingreso al Hogar de Cristo se produjo en 2013, cuando fue contratado para la Escuela Padre Hurtado de Renca, donde trabajó durante cuatro años. Después pasó a la Escuela San Francisco de La Pintana, allí estuvo tres.

“Trabajé siete años con adolescentes, codo a codo con la psicopedagoga y con el programa de integración escolar, PIES. Siempre muy enamorado de la pega que es lo que pasa cuando uno ingresa al Hogar de Cristo. En La Pintana teníamos que ir a buscar a los chicos a sus casas para que fueran a la escuela. Yo entraba a la población El Castillo sin problemas. Siempre he estado trabajando en lugares periféricos; es donde más he aprendido”, relata.

Una vez que se cerró la escuela San Francisco, se abrió la oportunidad de entrar a la ex hospedería Josse Van der Rest, hoy convertida en casa de acogida transitoria para adultos mayores. Su labor es de coordinador de salud.

“Después de tanto tiempo trabajando con jóvenes, ingresé a este mundo nuevo de las personas mayores y me di cuenta que son espacios muy similares, pero acá todo es más lento. La problemática los pilla más cansados. Hoy sufren deterioro post pandemia. A algunos se les ha ofrecido ingresar a Vivienda con Apoyo, pero no quieren irse. Solo uno ha aceptado, Jorge Zapata, que está física y cognitivamente muy bien, pero sigue vinculado con nosotros porque es el jefe del taller Expreso. Les paga a los viejos y ellos lo consideran su jefe”, agrega, contento.

En el taller Expreso, los adultos mayores se reúnen a trabajar la madera para así, vender sus productos.

La muerte de Claudio Leiva, el ex jefe del programa que murió a causa del COVID en pleno inicio de la pandemia, los golpeó a todos muchísimo.

“A todos nos dio COVID y llevamos la enfermedad a la casa, yo contagié a mi guagua de seis meses. Todos nos llevamos el COVID para la casa pese a que estábamos siempre vestidos como astronautas en la Josse de lunes a lunes. Teníamos de repente la sala de aislamiento con tres, con cinco personas”, recuerda. Y añade: “Este año no hemos tenido ningún fallecido”.

Como coordinador de salud tiene en la palma de la mano un catastro completo con una evaluación integral de todos los participantes: desde cuánto calzan, cuánto pesan y qué patologías tienen. “Ese trabajo lo hemos hecho con las enfermeras practicantes”.

-¿Te has vuelto experto en salud para personas mayores?

-Entiendo bastante. Cada vez que alguien se enferma, voy con él a la posta. He tenido juntas médicas con los doctores de urgencia para evaluar qué medicamentos darle, hemos diagnosticado en conjunto.

-¿Y la sicología en qué la aplicas?

-En evaluaciones, todos los miércoles evaluamos tres a cuatro casos a la semana. Hay que verlos desde todas las áreas: ocupacional, kinesiológica, social y el área de salud mental. Tengo alumnos en práctica de último año de sicología todos los años y un voluntario que hace los informes. Reviso y contrasto con la realidad. Me ha dado buenos resultados. Yo no hago terapia sino que derivo a las redes, hago diagnóstico y derivo.

“ME VEN COMO UN HIJO MAYOR”

-¿Cómo los ves en cuanto a salud mental?

-Acá todos tienen facultades para tomar decisiones y si quieren irse pueden hacerlo cuando quieran. Mi rol de sicólogo es más de escucha pasiva, pero con una activa comunicación. Soy muy cercano con ellos, les escucho sus problemas y trato de solucionarlos en la medida posible. He logrado que estén más tranquilos, así tal cual los ves ahora.

Aclara que todavía no salen solos ni todos los días, porque ellos mismo lo solicitan. Saben que la calle está muy mala. Esta es su casa y es un lugar muy acogedor que cubre todas las necesidades que tienen.

“Un desafío que tenemos es organizar al equipo cada vez que tienen que ir a cobrar sus pensiones, porque solos no van. Los cogotean aquí en la esquina, a la pasada. A mí me ven como un hijo mayor, me invitan a almorzar, no puedo decirles que no porque se enojan. Son viejos a la antigua, tienen sus códigos”, dice.

Hace poco, fue con cinco adultos mayores a ver fútbol parapanamericano al estadio Bicentenario de La Florida.

Nelson Figueroa (atrás con lentes oscuros) y un monitor técnico, acompañaron a los adultos mayores de la Josse a ver un partido de fútbol de los parapanamericanos.

“Estaban felices. Ellos necesitan salir, y estas salidas son muy terapéuticas, tratamos de conversar harto. La visita que hicimos al estadio les sirvió para ver los cambios que tiene la ciudad. Hace tiempo que no iban a ese sector de Santiago”, explica Nelson.

Para él la clave es ser creíble.

-¿Qué te han enseñado ellos?

-Son súper necesitados, creo que aquí hay mucho cariño. A nivel general son mañosos pero si hablas en privado con cada uno, te dirán que no hay otro lugar en el mundo donde quisieran estar. Le ofreces irse y no quieren. Hay una llama siempre prendida. Son viejos pandémicos, la pandemia los dejó muy golpeados. Trato siempre de que ellos resignifiquen la casa. Este es su hogar, en las familias siempre hay roces pero aquí están en familia. Ellos saben que la calle está mala.

El gran dolor que tiene este año Nelson es la partida de Carlos Hohman:

“Carlos decidió irse, lo perdimos, volvió a la calle. Es un caballero diabético, acá era otra persona, con muchos amigos. Desde Peumo, lo apoyaba full una red de amigos. Hace poco lo vi en la esquina vendiendo, pero ya no tiene su teléfono. Me dolió porque trabajé mucho con él, es como si se me fuera un pariente”, reconoce.

José Fernando López es uno de los 45 adultos mayores que Nelson Figueroa atiende en la residencia.

Aun así, recalca que todos tienen libertad para tomar ese tipo de decisiones. “Estamos en una etapa de querernos. Yo estoy feliz aquí, lo paso bien. Me gustaría contar con más recursos. El trabajo los dignifica, quieren trabajar pero la salud no les acompaña. No nos podemos dar el lujo de frustrarnos”, concluye.

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