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Francisca Elgueta, profesora Súmate:

“No puede ser que dejar de enseñar sea considerado un premio”

La profesora del colegio Betania de la Fundación Súmate, es una de las ocho finalistas para el Global Teacher Prize Chile 2022. Su pasión por educar es tan grande que para ella no es ningún premio dejar la sala de clases y asumir otros cargos. Aquí habla sobre la gran crisis educativa que la pandemia aceleró.

Por María Teresa Villafrade

Por tercer año consecutivo, Global Teacher Prize Chile entregará el famoso reconocimiento a nivel internacional considerado como el “Nobel de la Enseñanza”, que busca relevar la labor educativa y su impacto en la comunidad.

El viernes 7 de octubre, desde Elige Educar se dieron a conocer los ocho docentes finalistas en la edición 2022 entre alrededor de 2.500 nominados. Una de ellas es Francisca Elgueta (33), profesora de la escuela de reingreso Betania de la Fundación Súmate, ubicada en la comuna de La Granja con modalidad diurna 2 años en 1.

Con una década de experiencia laboral y tres años trabajando en la institución, logró ser finalista en la categoría General del Global Teacher Prize 2022, gracias a su proyecto dedicado a crear ciudadanos integrales a través de la explotación de diversas temáticas dentro de la sala de clases.

“Estoy muy feliz y orgullosa, nunca pensé que sería finalista, es demasiado emocionante”, dice la profesora de Historia titulada en la Universidad Católica, quien en un comienzo estudió la licenciatura pensando en dedicarse a la investigación y la academia.

Sin embargo, una invitación de la Pastoral Universitaria para ir a dar clases a adultos en La Chimba, Antofagasta, la marcó tan profundamente que se decidió a obtener la Pedagogía y dedicarse a enseñar.

“Para mí, esa experiencia fue un golpe de realidad tremendo porque fui privilegiada de estudiar en buenos colegios y si bien la universidad te abre al mundo, seamos honestos, a ella no llegan las personas más marginadas de la sociedad”, dice reconociendo que siendo tan joven y tener que enfrentarse a adultos de 50, 60 años, le sirvió para darse cuenta de todas las limitaciones que provoca no tener una buena educación.

“Puede que en lo concreto se traduzca en no tener acceso a buenos trabajos, pero sobre todo me di cuenta de la dignidad que entrega la educación y, al mismo tiempo, la indignidad que significa no tenerla, de no poder opinar, de no sentirse parte y así, muchas otras cosas”, agrega.

Luego de trabajar en la red de colegios SIP (Sociedad de Instrucción Primaria) por cinco años, donde buscó acercarse a contextos de alta vulnerabilidad, comenzó a ejercer su profesión en la Red Ignaciana, donde fue coordinadora de innovación escolar en la “Fundación Loyola”, al que fue invitada a capacitar a profesores y equipos directivos en ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos).

Al mismo tiempo, asumió un rol de consultoría en el Mineduc, en el que desempeñó sus funciones en la elaboración de un nuevo currículum para EPJA (Educación de Personas Jóvenes y Adultas).

“Me invitaron a participar como consultora pero estuve más bien en la parte inicial, en la que me interesó especialmente romper con una estructura tan rígida para entender el currículum. Con el equipo que trabajé levantamos la información para crear un currículum que entregara la flexibilidad necesaria para que la educación responda a las distintas necesidades y valore las distintas trayectorias, que deje de ser algo que viene desde arriba y se impone en las comunidades”, explica.

EL AÑO MÁS DIFÍCIL DE TODA SU CARRERA

Su llegada a la Fundación Súmate se produjo, al igual que con La Chimba, con un suceso muy peculiar. Un buen día, en la Fundación Loyola le pidieron animar un concurso de orquestas que se realizó con bombos y platillos en el Cerro San Cristóbal. Asistían alumnos de toda la red ignaciana.

“De repente, suben al escenario unos chiquillos que eran de Súmate que rompieron con todo lo que estaba pasando, los vi tan empoderados, tocando música popular, con sus ropas, y todos los demás chicos se quedaron extasiados, mirándolos con admiración. En ese momento dije yo necesito ir a enseñar allá”, cuenta sobre su llegada al colegio San Francisco primero y, tras su cierre, al colegio Betania de La Granja.

Para Francisca Elgueta, entrar a trabajar en Súmate significó llegar a un lugar donde prevalece el cariño y el respeto por el otro. “Se practica una cultura en la que todos, con nuestras diferencias, apuntamos a la misma meta y es lograr que los más excluidos terminen su enseñanza completa”, señala.

Actualmente, es profesora de Lenguaje para los alumnos de primero y segundo medio, con estudiantes que tienen entre 15 y 20 años de edad. “Hice un proyecto muy entretenido con ellos, creo que he logrado motivarlos con cosas que me apasionan pero este lejos ha sido el año más difícil de toda mi carrera”, admite.

-¿Por qué razón?

-Yo creo que la pandemia adelantó una crisis que se venía anunciando hace muchos años. Yo amo mi profesión y he trabajado en comunas como La Pintana, Renca, San Bernardo, Estación Central, en espacios de mucha vulnerabilidad, en salas de clases con 45 estudiantes, pero nada se compara con lo que ha sido este 2022. Hay días que regreso llorando a la casa porque siento que no me está resultando, que no estoy dando en el clavo. Yo creo que todavía no tenemos la distancia necesaria para evaluar el daño que produjo la pandemia.

Chile fue uno de los países latinoamericanos que más días tuvo las escuelas cerradas, de acuerdo al último informe de la Unesco. En total 53 semanas.

“Sumar dos años de pandemia creó la tormenta perfecta. Yo veo a los profes de mi colegio y me saco el sombrero ante cada uno de ellos, todos se sacan la mugre tratando de reinventarse para dar mejores clases y que los alumnos enganchen”, reconoce.

Ella cree que es importante hacer un mea culpa social. “Somos una sociedad que no valora el espacio docente, ese es el problema de fondo. En una sociedad tan individualista, la escuela no tiene cabida. Los profes seguimos sin tener la valoración que merecemos”.

Francisca Elgueta, profesora del colegio Betania, es una de las ocho finalistas del Global Teacher Prize Chile 2022.

Tan brutal es esta realidad que Francisca Elgueta da un ejemplo concreto: “Cada vez que se habla de la falta de profesores, de la crisis docente, se tiende a culpar a los profesores, pero veamos las múltiples causas de esto. Esta debe ser la única profesión en que se asocia el éxito, la promoción, el ascenso con dejar de dar clases. Es como si le dijéramos a un cirujano que es tan bueno que va a dejar de operar. No puede ser que te digan que el día que lo hagas tan bien, vas a poder salir de la sala de clases. No puede ser que dejar de enseñar sea considerado como un premio para un profesor”.


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