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Patricia Uribe, profesora colegio Nuevo Futuro:

Promotora de las aulas colaborativas

La educadora diferencial, Patricia Uribe, del colegio que Súmate tiene en la región del Biobío, es una convencida de que es el trabajo en equipo el que hace la gran diferencia en la educación. “Algo que indiqué en mi nominación al Global Teacher Prize es que el premio no debería recaer en una sola persona, porque eso te pone en una categoría por sobre tus pares”, sostiene.

Por María Teresa Villafrade

En marzo de 2016, la educadora diferencial Patricia Uribe (38), madre de un hijo de 7 años, entró a trabajar al colegio Nuevo Futuro de la Fundación Súmate, que entonces estaba ubicado en Lota. Desde el año pasado funciona en Concepción. Su labor, además de ser profesora del segundo nivel medio (tercero y cuarto medio), es de Coordinadora del Área de Inclusión.

“Mi función como coordinadora es ver temas más administrativos, que se hagan los procesos en las plataformas, que se cumplan ciertas fechas, algunos decretos que van saliendo, salvaguardar algunas evaluaciones o procesos más administrativos como la validación de estudios. Se me mezclan hartas tareas”, explica.

Para ella trabajar en la Fundación ha sido muy interesante “porque aquí realmente el foco está puesto en los estudiantes. A menudo esto se desvirtúa en otras partes y terminan más preocupados de los profesionales, de los profesores que de los alumnos, se mira la realidad de los adultos más que de los jóvenes”, explica.

“En Nuevo Futuro todo gira en torno a los estudiantes y gracias a eso hemos desarrollado muchas prácticas dentro del aula. No hay que pensar que una sola metodología es la más adecuada”, agrega.

Es una convencida de que el trabajo en equipo es “la” fórmula para entregar una mejor educación.

“Algo que relevé en mi nominación para el Global Teacher Prize es que no debería premiarse a un profesor porque te ubica en una categoría por sobre tus pares y yo creo que el trabajo que realizamos aquí  es siempre en equipo, donde todos aportamos. Sería muy bonito que se premiara a los equipos y siento que, más que una nominación para mí, es para todo el equipo de trabajo. Nosotros a veces estamos 3 a 4 profesionales en un aula haciendo clases y ninguno es más que otro, todos aportan desde sus especialidades”, dice.

Cuenta que en 2018, el colegio inició la implementación del modelo pedagógico “Aula Cooperativa” y en 2019, el establecimiento ganó un Fondo de Financiamiento Colunga para comprar todos los materiales que se necesitaban para desarrollar este modelo.

Patricia Uribe junto a docentes del ámbito científico tecnológico de la escuela Nuevo Futuro de Concepción.

“Siendo los mismos profesionales, cada año se logran engranar cosas totalmente diferentes, salen siempre clases nuevas, nuevos desafíos. Las aulas cooperativas favorecen que exista diversidad de metodologías dentro del aula, de manera que cuando esto ocurre, cada estudiante logra destacarse en algo porque tiene más posibilidades”, enfatiza Patricia Uribe.

El aprendizaje ocurre de acuerdo a las necesidades educativas de los estudiantes, quienes pueden profundizar de acuerdo a sus habilidades para obtener conocimiento. La mayoría de las clases están orientadas a sus intereses.

“Por obligación hay que trabajar colaborativamente y hay que triangular esas clases, a veces se desarrolla un tema o se trabaja en un proyecto, de alguna u otra forma la clase que se hace es muy diferente a la del año anterior aunque sean los mismos programas, nunca una clase es igual a otra. Más ahora que nos vinimos a Concepción, estamos conociendo el territorio”, aclara.

Recientemente cuenta que fue con todos sus alumnos a la caleta Chome para hacer una recolección de alimentos sustentables gracias a que el chef que trabaja en la escuela está vinculado a una red gastronómica autosustentable. “Siempre existe motivación para que esta activación se pueda realizar porque sabemos que es una experiencia significativa para los chiquillos”.

Entre los logros que destaca de Nuevo Futuro es su capacidad para materializar proyectos innovadores.

“El 2018 postulamos a una Incubadora con un equipo de trabajo de la escuela y la directora. Así nos adjudicamos un Food Truck para un taller de gastronomía en la escuela. En ese momento no teníamos aún talleres de oficio. Luego, el 2019 y 2020 postulamos al Fondo de Respuesta Comunitaria también con otro grupo de profesoras  y por eso yo digo que el mérito no es mío. También hemos recibido mucho apoyo de los profesionales de la Fundación Súmate”.

“HAY QUE COLOCAR EL PECHO A LAS BALAS”

Patricia Uribe recalca que el más grave problema que está viendo ahora en la enseñanza es la salud mental de los adolescentes. “Por más que nos esforzamos por darles herramientas y hacer de la escuela un lugar muy grato para ellos, no existen tratamientos para atenderlos que estén a la altura de lo que necesitan. Por ejemplo, si van a un Cesfam y los atiende un sicólogo, a poco andar se va el profesional y se descontinúa el proceso”.

Para ella la principal satisfacción es ver a los estudiantes finalizar su enseñanza media y armar sus proyectos de vida. “Como trabajo con chiquillos con discapacidad intelectual y otros con necesidades educativas más transitorias, a veces el camino ha sido difícil, su participación, su adherencia. Algunas alumnas han sido madres adolescentes en la mitad del camino, por eso es clave ser flexibles en la etapa escolar y ajustar a su trayectoria no solo la parte educativa sino también a su trayectoria de vida”.

-¿Cómo ha sido el proceso de inclusión en Nuevo Futuro?

-Ayer tuve que abordar una situación compleja en el aula por la misma discapacidad, porque todos los días aprendemos a seguir vinculándolos. Mientras más personas con discapacidad logren terminar sus estudios, más experiencia vamos a tener. Cada uno es un mundo diferente. Hay historias detrás, hitos que vivieron muy marcados a veces por la discapacidad y otras, por la vulnerabilidad en que viven.

-¿Cómo logras que terminen su enseñanza completa?

-Colocando el pecho a las balas, tiene que haber alguien que resguarde sus derechos y esa es la bandera de lucha de las educadoras diferenciales, jugársela por un estudiante para hacer comprender cómo él o ella ve, cómo piensa, porque no siempre la discapacidad es visible a simple vista. A veces, el hecho de que no logren finalizar una actividad tiene que ver en cómo abordan sus iras, sus frustraciones.

Ayer un chiquillo se equivocó en una forma de resolver un conflicto, entonces tuvo un estallido emocional porque no tuvo las herramientas para abordar esa situación y creo que todavía no logra ves qué es lo que hizo. No todos entienden desde el habla sino desde lo visual, de la gráfica, de la práctica, de algo vivencial, tangible, para entender. Empatizar no es una habilidad frecuente, algunos tienen que desarrollarla.

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